martes, 18 de mayo de 2010

Recetario del rebusque II





GLOSARIO
El diccionario de la Real Academia Española define “rebusque”, en su segunda acepción, como una ”solución ocasional e ingeniosa con que se resuelve una dificultad”. Este americanismo, (porque el término no podía provenir de otra parte sino de este tercer mundo latinoamericano donde cunden las carencias y los afanes), también significa la acción y efecto de “rebuscársela”, es decir, no dejarse uno morir de hambre permaneciendo con los brazos cruzados. En general, los colombianos somos rebuscadores. Claro está que hay algunas excepciones. Mi padre me contaba que en Medellín había un tipo tan perezoso, que con tal de no hacer nada se acostó en un ataúd para dejarse morir de hambre, y pidió que lo llevaran a enterrar. Cuando avanzaba el cortejo fúnebre hacia el cementerio, una dama se compadeció del hombre y le ofreció regalarle una ración semanal de maíz para su alimento, a fin de que desistiera de su absurdo empeño. El hombre le preguntó: - ¿y lo da pilao? - ¡Claro que no! - respondió la buena señora. - entonces que continúe el sepelio – replicó el sujeto. Pero en general, insisto, los colombianos somos industriosos e ingeniosos para no dejarnos morir de hambre. He aquí una galería de verdaderos gastrónomos del rebusque:
¥ El que desayuna café sin leche con galletas polvorosas y repite la dosis dos veces al día.
¥ La que almuerza arroz con tomate y tajadas maduras en un molde de plástico.
¥ El que caza palomas en la Plaza de Lourdes y se las come fritas.
¥ El que hace brochetas de sapo de pantano como las Trillizas de Belleville.
¥ La que da de comer a sus hijos sopa de papel periódico debajo del puente de la vía circunvalar.
¥ Los que comen tortas de barro con sal al estilo haitiano y las pasan con agua de panela.
¡Reir por no llorar!
Y es que teniendo con que, cualquiera es un gourmet. ¡Así no es gracia! Pero cocinar a partir de la nada es otra cosa. Por eso en estos tiempos de escasez cobra nuevamente vigencia la “modesta proposición” que hiciera Jonathan Swift en 1.729 cuando campeaba la hambruna, “para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público”. Tal proposición gastronómica era la siguiente: “… un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout”.
No llegaré a tales extremos pues soy padre de tres adolescentes (ya muy correosos y algo ácidos como el taita), y además he terminado por encariñarme con ellos. Pero los vecinos, por ejemplo, son otra cosa. La idea no es mía pues ya la había prefigurado el escritor francés Topor en su “Cocina caníbal”, luego espero que no me vengan después con infundios acerca de que estoy promoviendo la antropofagia en este blog. Por si acaso, aclaro a los que pretendían tomarse muy en serio mis palabras, que se trata de una sátira. En Colombia, creo yo, por lo menos en el papel, está proscrito el asesinato así sea por motivos tan humanitarios como mitigar el hambre con las asaduras del prójimo. ¡Ojo con eso! Así las cosas, parafraseando a Swift, tengo para mí que un vecino, sobre todo si es chichipato y gorrón, puede servir para preparar un buen caldo si se aprovechan los congruos ingredientes que mencionamos anteriormente, a saber: un poco de harina, los ajos enraizados, la cebolla perfumada, el apio mustio y unas pulgaradas de sal.
Si el estómago del lector de a pie logra superar esta inocente sátira, en la próxima entrega continuaremos, un poco más en serio, con el glosario del recetario del rebusque.

créditos de la foto: www.morguefile.com

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