miércoles, 30 de junio de 2010

Recetario del rebusque III



Sobrevivir al vertiginoso ritmo de los “blogueros” no es cualquier cosa. Se desgastan los dedos contra el teclado, y la pantalla del ordenador nos arrebata el espíritu. Y eso da mucha “gurbia”. Por eso es preciso continuar con el recetario del rebusque que habíamos iniciado hace algunas semanas, para transcribir el glosario (dinámico) que nos ayudará a entender mejor las recetas que este humilde peatón compartirá con sus seguidores de a pie. Ahí va, pues.

GLOSARIO

cacharro: recipiente culinario que cuando le falta la sopa (dicha del pobre), se convierte en un triste cascarón de lata inerte.
caspete: una chaza, pero dentro de la cárcel (ver chaza)
corrientazo: (ver “electroshock”) Almuerzo barato (entre $2.500 y $4.000), es decir, al único que puede acceder el ciudadano de pata al suelo cuando come en restaurantes populares. Tiene alto contenido de harinas, grasas, etc, y consta de: sopa, seco y jugo. La sopa generalmente es de fideos y la bandeja viene con carne (“garra”), arroz, papas “chalequeadas”, pasta, garbanzos y una ensalada de remolacha que mancha con azul de metileno todo lo que toca. Se puede cambiar la sopa por huevo, la ensalada por tajadas maduras (de plátano) y el jugo por gaseosa en vaso pequeño. Si pide el corrientazo sin sopa, le vale lo mismo, no insista en una rebaja. Si pide únicamente la sopa, le vale la mitad, pero no lo dejan ocupar una mesa, es para llevar. Si jode mucho por la comida, lo sacan a escobazos. Si es hincha de Millonarios, siempre le darán sopa y seco.
chalequeada: papa a medio pelar, cocinada con guiso de cebolla y tomate (deliciosa, no hay que negarlo). Chalequeada también es la esculcada que le pegan a uno al bajarse del bus, es decir, cuando nos percatamos con desconsuelo que nos han robado la billetera y el celular.
chaza: cajón adaptado para la venta ambulante de dulces, cigarrillos, fósforos, golosinas, gaseosas, empanadas, etc, que cuenta con unas patas desplegables (en forma tijera) que permiten descargarlo en el piso. También sirven como chazas los cochecitos de bebé, primorosamente adaptados para tal efecto. Algunas chazas llegan a ser tan sofisticadas que permiten la venta de bebidas calientes, minutos a celular, lotería, pedazos de salchichón, en fin…
chichipato: sujeto de pata al suelo que cuando tiene para el pasaje del bus, no tiene para el almuerzo, y viceversa. Si opta por lo último le toca, además de “patoniar”, conformarse con un corrientazo.
ejecutivo: un corrientazo con ínfulas. En el almuerzo ejecutivo se puede cambiar, sin escándalo, la sopa por fruta y la pasta por ensalada. La porción de carne es un poquito más grande. Vale como $1.000 más que el electroshock.
electroshock: Es el mismo corrientazo; nada más que mi cuñado, Celso Román, que es bilingüe y más letrado, lo llama “electroshock”. ¡Ah, caramba! (ver corrientazo)
filo: Hambre
garra: pedazo de carne dura de cuadrúpedo desconocido. Dícese también de la mujer fea y vieja que no se cuece en tres aguas.
gurbia: Un filo ni el macho. (ver filo)
jartazón: Una “tragantina” excesiva. Generalmente va acompañada de una buena tomatina, no de tomate, sino de tomar harto trago. (ver tragantina)
jurgo, un: ¿ Un jurgo?, pues más de tres puchos. (ver pucho)
líchigo: expendio comercial de barrio (estrato 3 para abajo), donde la marchanta vende frutas y verduras al detal. Dícese también del hombre tacaño.
marchanta: Dama comerciante generosa de carnes y delantal florido que expende frutas y verduras en la galería, en la plaza de mercado o en un líchigo. No es conveniente sacarle la piedra a la marchanta pidiéndole rebajas escandalosas o protestando por el precio, a riesgo de que la dama en cuestión le recuerde a uno la progenitora.
patoniar: echar pata, caminar
pitadora: olla a presión que sirve para cocinar y ablandar la garra. Utilísima en los estofados e imprescindible para cocinar los fríjoles antioqueños Cuando uno anda vaciado (sin plata), se dice que está en la pitadora.
pocotón, un: un pocotón es algo así como dos jurgos. (ver jurgo)
pucho: Medida de cantidad que significa lo que cabe en una mano. (p.e. un pucho de alverjas, un pucho de marihuana… No, eso es otra cosa)
pulgarada: Lo que las señoras “bien” llaman una pizca. Los huesos de marrano saben mejor con limón y una pulgarada de sal.
quinientos de… Medida de cantidad, bastante subjetiva, que significa lo que se le dé la regalada gana a la marchanta darle a uno por quinientos pesos. (p.e. dame quinientos de cilantro, madre)
totumada: Medida de capacidad que significa lo que cabe en una totuma. Generalmente se utiliza para medir una cantidad de líquido. Berenice, una muchacha que conocí ahora años, se bañaba desnuda a totumadas en una alberca de San Antonio de Tena. ¡Ay, Dios!, que recuerdos…
tragantina: Una comilona que ni para que te cuento. Pantagruélica dirán los más cultos.
En la próxima entrega del Recetario del Rebusque empezaremos con las humildes recetas del peatón.

Tomata o tomatina: "Jam session" de tipo alcohólico, ora con cerveza, ora con aguardiente y siempre con música, ora tango, ora rancheras, ora carrilera. Lo de jam session se dice por la improvización musical de los espontáneos envalentonados por la juma.

(Créditos foto: Venta ambulante de comida frente al Teatro Nacional, casco antíguo de Ciudad de Panamá. Foto de H. Darío Hómez A.)

martes, 29 de junio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes VI




El peatón cuenta que.....


La avenida Caracas es la arteria por donde fluyen los glóbulos rojos de Bogotá. Aquí llamamos transmilenio a estos buses colorados que transportan gran parte de las células vivas de la ciudad, y cuando hay mucha suerte, se puede viajar sentado. Afuera huye la luz, y el frío se apodera de la tarde. Desde mi silla zurda veo como se aleja el mundo. Pasa Santa Fe con su endémica lascivia, pasa Teusaquillo entre elegantes casas venidas a menos como sus dueños vergonzantes, pasa Chapinero con sus compra-ventas noctámbulas, pasa, en fin, la ciudad imperturbable. Y frente a mí está ella: secretaria, digitadora (ya no hay mecanógrafas, menos aún estenógrafas), auxiliar contable de la academia “Paciolo”, supongo, por su elegancia algo formal para su belleza juvenil. Sus manos impecables sostienen un paraguas florido como su perfume de mujer espléndida. Sin darse cuenta, la muchacha comienza a cantar una balada cursi, y se le escapa el alma por un instante. Afuera se encienden las estrellas con las primeras luces de la ciudad; y sentado frente a ella hay alguien que desde lejos contempla su vida.

lunes, 28 de junio de 2010

Ruta 260 hacia una estrella


Mi entrañable pariente y amigo Rodrigo Peláez afirma que quien no ha sido cursi en la vida es porque nunca ha amado. Y le asiste toda la razón. A estas alturas del partido se me ha dado el privilegio de hacer lo que se me da la gana, (en el sentido responsable que indicara Carlos Monsiváis), de modo que no me habría perdonado nunca dejar de cometer la siguiente cursilería, escrita en octavilla a partir de la tabla de ruta de un bus urbano al cual subió hace poco este peatón, y que refleja asimismo la candorosa esperanza con la que los ciudadanos de pata al suelo bautizan sus barrios marginales.


Para la Nena.
Eres mi ESTRELLA del alba
y el Lucero del atardecer;
más hermosa, a mi parecer,
que el vago astro venusino.
Imposible hallar Tesoro
por un padre más amado,
que ni en el cielo azulado
de Boyacá peregrino.


(Foto: "Guagua" en el casco viejo de la ciudad de Panamá. Foto de H. Darío Gómez)

jueves, 24 de junio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes V



El Peatón cuenta que….

Como si no hubiera cosas importantes que hacer, a veces me da por leer los avisos clasificados de “El Tiempo”. Si bien no es un ejercicio mental provechoso, al menos me actualiza en cuanto a la especulación inmobiliaria se refiere. Me hace sentir importante, algo así como un “broker” de “real estate” (¡Ah, caramba!), aunque mi análisis se limite al mercado inmobiliario del ciudadano de a pie. O sea, al precio del refugio que a duras penas puede conseguir con su escaso presupuesto y a título precario, un humilde peatón.

Hay de todo: 

En los Alcázares, por ejemplo, se arrienda una habitación a persona sola y triste; 

en Chapinero alquilan un cuarto a dama seria y honorable que trabaje, ojala fea; 

arriendan en Palermo sur un apartamentito con entrada independiente a pareja sin animales: piojos, pulgas, amibas y tenias no cuentan (al fin y al cabo el pobre también tiene derecho a criar sus animalitos); 

hay cupos en Teusaquillo para estudiantes diurnos sin hábitos nocturnos, preferiblemente sin sueños; 

dama responsable (de tres hijos seguramente) comparte habitación, todo incluido, con extranjero en Santafé, recibe dólares y euros; 

también se arrienda una pieza con baño en la Candelaria a pareja sin niños, está proscrita la alegría y prohibida la risa; mas yo me pregunto: ¿habrá algún motivo para reír?

Créditos foto: mi carpeta www.flickr.com

lunes, 21 de junio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes IV


El Peatón cuenta que...
En Bogotá es insufrible el tránsito. Es tan poca la movilidad, que los conductores pueden hacer compras en la vía pública mientras padecen los trancones. Así es como en los cruces más congestionados de la ciudad los malabaristas del rebusque, los marginados por la avaricia del sistema se niegan a morir de hambre. Entonces venden libros de ediciones piratas, accesorios para celular, frutas de temporada, juguetes de todos los tamaños, fajas para la silueta, acrobacias de saltimbanqui, en fin, algo de dicha al detal. En el semáforo de la avenida séptima con Pepe Sierra una muchacha de cabellos infinitos, ojos luminosos y sonrisa de luna, vende dulces. Es tal su belleza, que los conductores sucumben a su canto de sirena de tierra firme, y comienzan a girar como satélites al rededor del semáforo, hasta que de tanto ir y venir comprando dulces, acaban con su dinero y pierden el rumbo para siempre. Sólo algunos conductores se salvan. Generalmente van acompañados por sus esposas, cuyas miradas glaciales neutralizan el hechizo de la muchacha.
Las autoridades no han encontrado explicación a tal portento. Pero al fin y al cabo no tienen afán, pues consideran que la movilidad de Bogotá no tiene cura.
Créditos foto: www.morguefile.com

martes, 15 de junio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes III




El Peatón cuenta que...


A riesgo de ser denunciado como apologista del timo por algún ciudadano decente, debo confesar que simpatizo con los timadores. Y conste en el acta que lo digo en mi condición de víctima del ilícito. Evidentemente no me refiero a los banqueros o a ciertos políticos, pues tales especimenes pertenecen a las grandes ligas del timo según lo denunció Edgar Allan Poe hace más de un rato. Hago referencia a los estafadores al detal, a los “chichipatos”, si se quiere, -para utilizar un adjetivo más coloquial-, quienes solo cuentan con su creatividad como insumo para desempeñar el oficio.
Ahora bien, ni siquiera estoy seguro de que el sujeto del cual les hablaré a continuación sea realmente un timador. Lo digo porque el verdadero estafador aprovecha el ánimo de lucro fácil de su víctima, que actúa como un catalizador para perfeccionar el delito. Los ejemplos cunden dolorosamente en Colombia, de modo que no vale la pena hurgar heridas sin restañar.

En mi caso el sujeto en cuestión apeló a mi ego, amén de mi solidaridad parroquiana. Pasaba yo por la Clínica de la Fundación Santa Fe en el norte de la ciudad, cuando fui abordado por un hombre joven vestido con sudadera, cachucha deportiva, lentes oscuros y tenis de marca, que me recitó el siguiente libreto: 
- Doctor, que gusto me da verlo de nuevo, hace días que no va por el club a jugar golf. 

Aquí es donde el tipo invocó mi ego como dije anteriormente, pues, ni soy doctor, ni le jalo al golf, ni pertenezco a ningún club, a no ser el de hipertensos de la EPS. Sin embargo me halagó mucho que el hombre me confundiera con un cacao, porque eso sí: soy pobre pero de buena familia, como decía mi abuela con vergonzante candor. De manera que notifiqué al personaje sobre su error, pero él lejos de rendirse, me dijo que actualmente era caddie en un club de golf, y que seguramente me conocía de otro club, tal vez uno de tenis, donde también había sido recogebolas. Le insistí en que el único deporte que practico es el baloncesto, disciplina que se juega modestamente en los parques de barrio compartiendo la cancha en común y pro indiviso con los aficionados al micro fútbol. Pero otra virtud del “líchigo” es la persistencia; así que el hombre me ofreció disculpas por la confusión, y allí mismo soltó su carga de profundidad trayendo a colación la solidaridad deportiva con el fin de pedirme un aporte, en metálico, para ayudarlo a pagar la cuenta del hospital.

Como no era la primera vez que el tipo asaltaba mi buena fe de samaritano con tan peregrino relato, lo enteré de la situación, y le dije que no estaba dispuesto a caer nuevamente en su vil treta; pero que lejos de denunciarlo en público para su escarmiento, lo dejaría en paz como gesto de simpatía por su interpretación teatral. Le sugerí, eso sí, que escogiera mejor a sus víctimas, y que no se llamara a engaño con todos los prospectos que visten de paño y corbata, porque como andan las cosas por los lados de Usaquén, la mayoría de ellos pertenece a la escolta de personajotes de la política o del jet set criollo. Por su bien lo previne para que no se le ocurriera molestar a sujetos peluqueados al rapé, con gafas oscuras, corbata rosada, anillo con rubí y esclava de oro en la mano izquierda. Los demás somos trabajadores “líchigos” obligados a lucir traje de dos piezas, a manera de overol para el trajín de la oficina.

martes, 8 de junio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes II



El Peatón cuenta que….


Corderito era el vendedor de dulces del barrio, y además tenía el don de la ubicuidad. Cuando nos reuníamos en el parque de Santa Paula, era frecuente que algunos amigos de la cuadra coincidieran en decir que habían visto a Corderito, el mismo día y a la misma hora, en diferentes sitios de la ciudad. También tenía Corderito el don de la inmortalidad, pues tres generaciones de muchachas y muchachos del barrio fuimos testigos de sus periplos por nuestras calles, con su rostro sempiterno y su venerable cajón de golosinas. Ni una cana más, ni un dulce menos. Ni una arruga más, ni un chicle menos, a través de los años.

Tenía Corderito la ruinosa estrategia comercial de no cobrar por su mercancía, aunque era poca cosa: algunos confites, siempre los mismos, barritas rayadas de menta que no se conseguían en ninguna tienda y unas cajitas de chicles "charms" constituían toda su variedad.  

– Cuanto le debo, Corderito, - le preguntaba el comprador que tomaba un caramelo del cajón, y Corderito negaba con la cabeza al tiempo que respondía sonriendo: - no es nada, se lo regalo. – 

Entonces el cliente insistía en pagar (porque nadie en el barrio, lo habrán intuido ya, quería aprovecharse de su retardo mental), pero él se negaba con tozudez a recibir el precio. Sin embargo a Corderito nunca se le quebró el negocio, y siguió rezumando bondad por los poros durante muchos años hasta que, sin darnos cuenta, desapareció. 


Se me ocurre que su ángel de la guarda, con mejor visión comercial y cansado de financiar las pérdidas inveteradas del negocio de Corderito, le dio por permitirle el acceso al otro toldo, donde la gente no come golosinas o al menos no lo hace sin pagar.

Créditos foto: www.morguefile.com

viernes, 4 de junio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes I



El Peatón cuenta que….

Estando una vez en El Yopal por razones de trabajo, un funcionario del Hospital me invitó a conocer el Parque Natural La Iguana ubicado a orillas del río Cravo Sur. Unos metros antes de la entrada encontramos un aviso donde se leía:

“SE PROHIBE VOTAR BASURA EN ESTE LUGAR. MULTA DE $300.000 CONVERTIBLE EN ARRESTO. Alcaldía Municipal”

Mi acompañante me hizo notar lo que a su juicio era un lamentable error de ortografía, pues no se escribe “votar” sino “botar”, tratándose de la basura, y me dijo que era preciso corregir el aviso para no sentir vergüenza ajena. Yo le contesté que a mí, en cambio, me parecía una valiente (aunque involuntaria y algo drástica, si se quiere) medida del Alcalde para conminar a la ciudadanía a ejercer su derecho democrático al voto por candidatos probos y limpios en lugar de hacerlo por la misma basura de siempre. Y todo aquel que vote mal, pues que “chupe” por bobo. Finalmente ambos estuvimos de acuerdo.

jueves, 3 de junio de 2010

Nuevos criterios para la pérdida de capacidad laboral en Colombia



Por estos días en que se está realizando el seminario internacional, “Funcionamiento humano, pérdida de la capacidad laboral y discapacidad”, evento que se desarrolla en el marco de las gestiones tendientes a la actualización del Manual único de Calificación de Invalidez por parte del Ministerio de la Protección Social, se me ocurre que el momento es propicio para adecuar el citado Manual a la triste realidad Colombiana que, según veo, se prolongará por ocho años más.
Sucede que tenemos la tasa de desempleo más grande de América Latina (cercana al 14% según las cuestionables cifras oficiales, y que se acerca al 22% en algunas ciudades del país), pero el Gobierno insiste en que la informalidad, es decir el “rebusque”, es equivalente al pleno empleo. Lo anterior quiere decir, ni más ni menos, que el rebusque está oficializado como empleo formal; y teniendo en cuenta que la modalidad más común del rebusque en Colombia es la mendicidad, ya sea en las calles o en los buses urbanos, propongo invertir los criterios de calificación de la pérdida de capacidad laboral (entiéndase rebusque) como explicaré más adelante, dejando los abstrusos detalles técnico-científicos a los médicos del trabajo. Esta idea, como la mayoría de mis inútiles divagaciones, se me ocurrió mientras viajaba como pasajero en un bus, cuando se subió un hombre en muletas al que le faltaba la pierna izquierda y el antebrazo derecho. El sujeto en cuestión no tuvo que abrir la boca para convocar la solidaridad de algunos pasajeros que le entregaron a su paso monedas de quinientos pesos e incluso un billete de mil, pues su aptitud física para la mendicidad (o sea para el rebusque formal) resultaba óptima y evidente. Yo le deslicé con vergüenza una moneda de doscientos pesos que no mereció, como era de esperarse, agradecimiento de ninguna naturaleza. Pero en un trayecto de setenta cuadras pueden abordar el bus hasta cuatro rebuscadores diferentes según la disposición del conductor hacia el fomento del rebusque formal, de modo que unas calles más adelante se subió un hombre joven al que ninguno de los pasajeros quiso escucharle el discurso (probablemente cierto) de víctima del conflicto, al ver sus buenas potencialidades físicas, mentales y sociales para desempeñar un trabajo remunerado, pero sin capacidad laboral para el rebusque (entiéndase la mendicidad). El pobre hombre se bajó del bus sin ninguna contraprestación por su trabajo, y yo lamenté haber gastado en el anterior individuo mi única moneda de doscientos pesos.
De esta suerte, y con el ánimo de proponer soluciones creativas aún en la prolongada noche que nos espera, sugiero que si el rebusque es considerado por el Gobierno como trabajo formal, entonces el Manual Único de Calificación de Invalidez incluya los siguientes criterios para determinar la pérdida de capacidad para el rebusque, en orden a favorecer con el subsidio por incapacidad temporal o la pensión de invalidez a las personas incapacitadas para mendigar, habida cuenta de su buen estado de salud física mental y social, lo cual resulta bastante paradójico, pero, al fin de cuentas, ¿qué no es paradójico en nuestra atribulada patria?.
He aquí los nuevos criterios sugeridos:
CAPACIDAD PARA EL REBUSQUE: Conjunto de lesiones, discapacidades, edad avanzada y enfermedades físicas, mentales y sociales que le permiten al individuo desempeñarse como mendigo, despertando en la comunidad sentimientos de compasión y solidaridad que eventualmente se traducirán en limosnas.
INCAPACIDAD TEMPORAL PARA EL REBUSQUE: Situación temporal del rebuscador mientras permanece en buen estado de salud física, mental y social, es decir, cuando el individuo todavía no suscita sentimientos de conmiseración en la comunidad que lo hagan apto para recibir limosnas, y hasta que la inanición, la vejez o un afortunado accidente (lo que primero pase), le produzcan discapacidad, enfermedad o lesión permanente que lo habiliten para mendigar con fundamento.
INVALIDEZ PARA EL REBUSQUE: Cuando el individuo por sus excelentes condiciones físicas y mentales no está habilitado para mendigar, pero sobre todo, cuando por su condición social de nuevo pobre vergonzante, sus reatos de conciencia y de clase le impiden mendigar. Es el típico caso del individuo de clase media venido a menos.

De manera que vayámonos acostumbrando a pasar el sombrero para cobrar el salario del rebusque.


Créditos fotos 1 y 2 www.flickr.com y foto 3 www.morguefile.com

martes, 1 de junio de 2010

Soy un orgulloso "fan" de la tigresa del oriente


Monólogo final de Segismundo
"¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
do el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."
P. Calderón de la Barca

Hoy decidí unirme al club de admiradores de la Tigresa del Oriente. Salvo por el “Postre de Notas” de Daniel Samper Pizano y dos o tres columnistas más, jamás pierdo el tiempo leyendo “El Tiempo”, y menos aún su revista del corazón que circula los viernes con banalidad impenitente. Pero el domingo pasado, cerrada la jornada electoral y escuchados los primeros boletines desesperanzadores para mi causa, acongojado me dio por ojear la revista “Carrusel” donde me encontré al rompe con la “Diva” del "Youtube" (como ella misma se hace llamar en su blog). Fue amor a primera vista. Mi cuñado Francisco, conocedor (más por oficio que por gusto) de la fauna abigarrada que puebla el ciberespacio, me enseñó en su portátil el videoclip de la felina en cuestión cantando uno de sus éxitos mediáticos y haciendo gala de todos sus atributos coreográficos, líricos y estéticos de artista de cafetín.

Ahora estoy viendo el videoclip de la canción titulada “En tus tierras bailaré”. Veo a una muchacha (de sesenta y cinco años según me dicen) mal embutida en un traje de tigresa que me atrae con sus garras desde una pequeña embarcación cuyo rolido a estribor, causado por los movimientos espasmódicos de la cantante, amenaza con tumbarla al agua. Pero ella no se amilana. Sentada en el centro de la barca agita los brazos sin concierto, como queriendo acompañar el ritmo inexistente de su canción que dice: 

“Israel, Israel que bonito es Israel,
Israel, Israel que bonito es Israel,
Israel , Israel, en tus tierras bailaré.
Israel, Israel que bonito es Israel,
Eso papi.
grrrrrr.”

Me arrellano en la silla de mi escritorio y continúo disfrutando el espectáculo:


No puede ser. Dios mío, que bonito es Israel.
Para todo el mundo, niños ancianos, maestros, pescadores y futbolistas
estrella, famoso, panadero o agricultor. Sin prejuicios, el amor fluye por las venas
de todos , acércate Israel a Latinoamérica, acércate a Latinoamérica Israel”
Yo no tengo mucho más que agregar, pero espero que los ciudadanos de Israel que se nos acerquen sean de la índole pacifista del escritor Amos Oz o del músico Daniel Barenboim y no del mercenario Yair Klein. Lo cierto es que la mujer tigresa me inspira más ternura que hilaridad. Qué fácil es adoptar la pose diletante y clasista de los pseudo intelectuales que ven en este personaje estrafalario un exponente perfecto de lo “kitsch”. Pues bien, ciertamente esta candorosa mujer no está de moda entre los jóvenes aficionados al "Youtube" precisamente por su belleza, talento y juventud, sino por todo lo contrario. Ella no es el objeto de culto sino su chocante ridiculez, aunque ella parece no saberlo. Y es mejor así. Con la fama pasa como con el básquetbol: uno no sabe por donde le va a llegar el balón, pero cuando llega, hay que aprovecharlo para lanzar al cesto o meter un buen pase. 


De modo que este peatón se ha propuesto mirar más allá del personaje ridículo de carnaval que todos ven o quieren ver, para encontrar a la humilde peluquera de un barrio pobre de Lima (pero que bien podría ser de Bogotá, o de Caracas, o de Panamá) que se atrevió a soñar y a echar su botella llena de estrellas fugaces al océano de la internet. A la tigresa del oriente se le cumplieron los sueños, aunque, hay que decirlo, la dicha será efímera. Sin embargo, me resulta especialmente simpática esta luchadora mujer que a los sesenta y cinco años de edad no ha dejado de soñar. La persistencia es su verdadera virtud, esa que no saben ver los que se burlan de su mal gusto. De manera que me declaro seguidor incondicional de mi soñadora otoñal, porque la vida vale la pena vivirla para soñar y para luchar por los sueños y sólo así puede uno morir tranquilo, como dijo el Doctor Abad Gómez en su hermoso “Manual de Tolerancia”, que es una verdadera declaración de principios. ¡Salud!, tigresa del oriente, acógeme en tus garras, grrrrrr...
Creditos foto: blog de la Tigresa del Oriente.

Guía zurda de Cartagena de Indias

(Plazoleta Benkos Biohó en la Matuna, Cartagena de Indias. Foto de El Universal) (el peatón haciendo una foto por encargo, Cartage...