jueves, 5 de agosto de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes IX


(la hermosa Barranquilla al atardecer)

PANADERÍA SIN PUERTAS

El peatón cuenta que...

En el barrio el Recreo de Barranquilla, cerca del tanque del acueducto, hay una
panadería sin puertas que impidan la libre circulación de sus clientes a cualquier hora del día o de la noche. En tal virtud, el establecimiento en cuestión, al igual que el ojo sin párpado del cíclope, está condenado al insomnio permanente, a la vigilia sin tregua. Curiosa estrategia comercial donde el eslogan de: “servicio 24 horas al día, 365 días al año, durante toda la existencia” adquiere su verdadero significado. Allí es imposible la retórica de neón con la que los grandes supermercados anuncian sus horarios extendidos, y que falsean impunemente las madrugadas del 2 de enero o del viernes santo, para citar sólo un par de ejemplos.

Uno admira la insólita determinación de los fundadores de este singular negocio, que, con tal artificio, se obligaron a mantenerlo abierto "por siempre jamás", sin peligro de arrepentimiento. De modo que esta acogedora panadería se convirtió en un oasis donde los desterrados de sus casas, los noctámbulos, los taxistas de turno y aun los viajeros sin posada encuentran descanso. Al carecer de
vidrios, la brisa de los alisios se cuela por sus ventanas para acariciar los panes recién salidos del horno y refrescar el sudor del panadero, que, orgulloso de su trabajo, acomoda las latas humeantes sobre la vitrina.

Se me ocurre que así convendría amar: sin rejas que limiten los sentimientos, sin barreras que aten a nuestros seres queridos para que puedan irse y retornar libremente como las olas del mar. Uno debería ser como la panadería del barrio el Recreo de Barranquilla, donde siempre circula el aire fresco, y en las noches es como un faro que guía hasta su seno a los seres proscritos de la luz.

créditos foto: www.lagranbarranquilla.blogspot.com

3 comentarios:

  1. Lírico escrito sobre panaderías y espíritus sin puertas. En la vida es muy difícil mantener las puertas siempre abiertas porque tenemos a menudo rencores que imponen barreras.

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