jueves, 28 de octubre de 2010

Excomunión




“Aquesto dixo el ebrio una vegada
Aquesto dixo con su voz cansada
Aquesto dixo por la madrugada.
Yo dello non sé nada”

León de Greiff


Ya no quiero salvar a este mundo desdeñoso,
de modo que libero a los incautos que gané para mi causa improbable.
No les conviene tener trato con un hereje
pero aun así les digo: desconfiad, como el maestro Estanislao Zuleta,
“de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario”.
Fui abogado de negocios sin futuro
con el mismo candor de San Nicolás de Tolentino
patrono de las almas en pena;
mas hoy mi vocación se desparrama
como el mercurio de un termómetro roto.
Muté en un endriago inestable,
volátil y aleatorio como un dado,
con vocación de eremita en tránsito al purgatorio.
Hoy me entrego, sin más, a la blandura perniciosa del anatema
para escándalo de la grey y complacencia del maligno.
Al fin y al cabo
“lo que es esencialmente malo jamás dejará de serlo”,
Pontifican los curas.
Me excomulgarán entonces bajo pecado mortal
como a un fétido y contaminado personaje de carnaval,
me patearán con sus botas de montar unos heraldos vestidos con sotana
y peluqueados al rape, porque así lo manda María santísima,
me caerá encima un meteorito
o me pillará la peste como a ciertos pecadores de ultramar,
quizá me aplaste en la mitad del terremoto la torre de una iglesia
como generalmente les sucede a los impíos
o moriré de aburrimiento por exceso de kilometraje y falta de esperanza.
Pasará en cualquier momento
pero en fin, cuando llegue la hora señalada ojalá me encuentre sin comulgar,
no vaya a ser que por un vislumbre de arrepentimiento postrero
tenga yo la mala pata de terminar en el paraíso
junto a los vicarios que me premiaron con la excomunión.

Créditos ilustración: www.flickr.com De Erickroer

2 comentarios:

  1. un poco desesperanzador el poema. Pero a veces la realidad no da para más. Me encantó la metáfora del mercurio de un termómetro roto. El poema me llegó. Muy buen oficio literario.

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  2. Dolores, le contaba a mi amiga Silvia Támez, destacada investigadora y docente mexicana, que al igual que ella, fui educado por religiosos -curas escolapios- en "la piedad y en las letras". Abandoné la piedad y me quedé sólo con las letras.

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