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jueves, 29 de julio de 2010

Guía zurda de Bogotá VII



Lucha libre en el Metropol: ¿acrobacia o mojiganga?

“Los aficionados que más me interesan son los niños. Son gentecitas tiernas que se encariñan con sus héroes, y les brindan afecto de verdad”
Santo, el Enmascarado de Plata.





Ya se dijo en algún lugar de esta guía zurda que los teatros de Bogotá mutaron en diferentes especies, amén de varios usos insólitos. Pero el Teatro Metropol, ubicado en la calle veinticuatro con sexta, optó por el rudo encanto de la lucha libre.

Los amantes de tal género de acrobacia teatral agradecemos al Metropol el fino detalle de haber acogido a nuestros luchadores nativos, aunque no sepamos hasta cuando durará la posada. Porque la Lucha Libre capitalina tiene vocación de trashumante, ha rodado del timbo al tambo durante medio siglo, envuelta en su capa de ilusiones. No se antes, pero en mi niñez, iniciando los setentas, vi luchar al Tigre Colombiano contra El Jaguar en la Arena Bogotá de la Avenida de las Américas con Carrera 50. Mentiría si digo que presencié alguna lucha entre El Santo, el enmascarado de plata, contra Blue Demon -qué más quisiera yo-, pues aunque vinieron alguna vez a Colombia, lo más cerca que estuve de ver a los gigantes aztecas fue en el Teatro México en la película de El Santo y Blue Demon contra las momias de Guanajuato. Luego emigró la Lucha libre bogotana al Coliseo El Salitre, y de allí a un local dudoso en la Avenida Primero de Mayo con Caracas, para ir a templar finalmente con sus enmascarados enigmáticos al Teatro Metropol.

Sin embargo no es cualquier cosa haber permanecido durante más de cincuenta años padeciendo las llaves, castigos y patadas voladoras que aplica la vida al oficio azaroso de la lucha libre. Hoy, esta disciplina tiene que luchar contra el voyerismo inútil de los realities de televisión que con un candado al cuello mantienen alejados del ring a los aficionados al deporte maniqueo de las máscaras; incluso a los conductores de bus, sus más fervorosos seguidores. Nunca supe por qué razón estaban exentos de pagar boleta los profesionales del volante, pero tengo para mí que había algo de simpatía profesional por la brutalidad en el trato.

El lector agudo se preguntará acerca de mi referencia al maniqueísmo en la lucha libre. Es simple. En el cuadrilátero sólo hay dos esquinas posibles: la del bien y la del mal. Sería inverosímil y hasta ridículo un luchador conciliador. Allí se enfrentan los técnicos contra los rudos: Terry Golden contra El Presidiario; Silver Khan contra Charles Manson; Gemelo Halcón contra Nightman. La luz vs las tinieblas, el yin y el yang, en fin, la dialéctica de las llaves y al final, la síntesis: como en los westerns de John Wayne, el bueno siempre gana.

Los nombres de los luchadores, en consecuencia, no son gratuitos. De manera que el pérfido Villano III ataca por la espalda al buen Caballero Alado aplicándole una doble Nelson antes del toque de campana que da inicio a la pelea, sin darle tiempo ni siquiera para despojarse de su impecable capa blanca. Pero la justicia divina se impone también en el ring, y el Caballero Alado se libera de la llave agachándose para tumbarlo hábilmente sobre la lona mediante una zancadilla. Mas, el Villano III no es precisamente una pera en dulce, y contraataca al Caballero Alado con un cangrejo, seguido de una quebradora cruel que lo deja exánime. A esta altura de la pelea -da vergüenza varonil aceptarlo- estamos a punto de llorar, pues el héroe tendido en la lona no resuella. Sin embargo, para nuestro júbilo, es sólo una treta del Caballero Alado para engañar al Villano III que confiado en el castigo infligido se pavonea en el centro del ring, distracción que aprovecha el buen caballero para atacarlo con un martinete, aplicarle luego la tapatía, y finalizar con una Gori especial cargando al Villano sobre su espalda, agarrándolo después de los brazos para tumbarlo en la lona de espaldas planas y contarle así las tres palmadas de rigor.

Dicen las lenguas viperinas que la lucha libre es pura mojiganga; que los contendientes no luchan de verdad; que son meros acróbatas que fingen dolor ante los golpes mentirosos; que eso es una vulgar tramoya para engañar al espectador. Yo no sé, pero recibir sobre la humanidad ciento veinte kilos de grasa y músculo resulta por lo menos estoico. Además, según las reglas de la lucha libre, matar al adversario no es ilegal, en rigor, pero los luchadores se abstienen de llegar a tal extremo por respeto a la ley penal que si castiga tal conducta. Eso sí, les está expresamente prohibido hablar con el adversario, salir sin autorización del tapiz, presionar los ojos del contrincante con los dedos, pellizcar, arañar, morder o tirar del pelo. ¡Hay que pelear limpio!

Finalizada la jornada de lucha libre dominical, los furibundos espectadores abandonamos las sillas, y reina de nuevo el silencio en el Metropol. Salen entonces del teatro los contrincantes que, habiéndose jurado venganza mortal en los carteles, se despachurraron luego en la lona, para compartir finalmente unas cervezas amigables en la tienda del barrio, pues, como dice el ridículo eslogan de la cervecería Bavaria: “todo héroe merece una Pilsen”.

créditos fotos: www.flickr.com

lunes, 26 de julio de 2010

Oficios varios y otros varios oficios II

“Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia.”
Walt Whitman


IRENE & CIA.

Una muchacha que se llama Irene y hace las mejores empanadas del mundo, redondas y abultadas como su útero adolescente; y generosas en el relleno, igual que la carne sutil de la vida que se aloja como un tesoro sagrado en su vientre. Y su madre, Berenice, que las vende en los puentes del Transmilenio columpiando un canasto y haciéndole el quite a los policías. Y su abuela, por buen nombre Veneranda, matrona diligente que protege con ternura a Irenita de los ogros y alimañas que se crían en el asfalto; e Irenita, su hija, retoño ojiazul como su padre conscripto y princesita del bosque de hormigón armado.



ELÍAS

Un tal Elías, joven ojizarco e imberbe que paga el servicio militar en veinticuatro cuotas de sacrificio, capaz de dar la vida sin contraprestación alguna por el Statu quo, es decir, por los politicastros, burócratas e inversionistas dueños del gran almacén que le niega a Irene (su compañera) la venta de empanadas cerca de sus elegantes puertas. “Porque en Colombia los héroes si existen”.

créditos fotos: www.flickr.com

Guía zurda de Bogotá VI




El Pasaje Hernández: un Centro Comercial para antiguos y clásicos


En el número 8-62 de la Calle doce de la Candelaria, justo una cuadra abajo del Edificio Murillo Toro queda el Pasaje Hernández, lugar donde me siento seguro a pesar de ser una construcción centenaria. Será porque su arquitectura republicana se implantó allí para durar eternamente, y en tal virtud, nos sobrevivirá con esa dignidad de árbol viejo que tienen algunos edificios del centro.

El pasaje tiene forma de ele, y empata con el Edificio Hernández ubicado sobre la carrera octava (12-35), cuya hermosa fachada francesa presidida por el dios Mercurio, protector del comercio, evoca su linaje orgulloso de otros tiempos, que, si bien hoy luce menos bella, aun conserva su pétrea elegancia. A partir de la calle doce, hacia el norte, discurre un amplio pasillo enmarcado por negocios de ropa nueva pero antigua, si se me permite la paradoja. Así hasta la mitad del recorrido donde confluye perpendicularmente otro pasaje, menos atractivo, que viene desde el edificio de marras en la carrera octava. De allí en adelante hay restaurantes de variadas índoles, zapaterías y fábricas de sellos artesanales. Una mezcla indefinible de olores, una suerte de edad media en el centro de la ciudad. Nos queda ahora el segundo piso. Hay allí varias sastrerías de viejo, donde aun se remallan medias, se angostan corbatas, se voltean los puños y los cuellos de las camisas, se teje el paño y se remiendan las prendas para extender su vida útil, a despecho del consumismo ingrato de este siglo XXI en el que todo es desechable y provisional, como dice la canción de Serrat. Pero si alguien quiere vestirse como el príncipe Rainiero de Mónaco o al mejor estilo de Grace Kelly, al menos por un día, es solo cuestión de acudir a la “Boutique de alta costura”, también en el segundo piso, donde le podrán alquilar sacolevas con pantalones rayados, "inmaculados" vestidos de novia, e insinuantes trajes de coctel.

Mis visitas al pasaje Hernández son regulares, y responden a una necesidad del alma que me impele al encuentro con la memoria de mi abuela Sofía, mujer tan sabia como su nombre, de cuya mano caminé muchas veces este amable pasaje. Lo mismo me pasa con la memoria del mar. Pero es de Bogotá que estamos hablando, y de sus pasajes comerciales en particular.

Lo cierto es que en el Pasaje Hernández, creo haberlo dicho, sólo se consigue ropa clásica. Hacia la calle doce están los mejores almacenes del lugar. Uno puede comprar allí: sombreros Barbisio y Borsalino, calzonarias de abotonar, pantuflas de paño escocés y suela de espuma, levantadoras a cuadros, chales, piyamas de dulceabrigo, paraguas negros con mango de madera y punta metálica rematada con tope de caucho, cajas de pañuelos blancos con raya gris, boinas de paño, bufandas cuadriculadas, guantes de seda y de cuero, camisas leñadoras, guayaberas guatemaltecas, gabardinas Corayco, bastones de madera, abrigos, en fin; también hay un maniquí cuarentón con el cráneo fracturado, que luce una chaqueta cruzada de paño verde espina de pescado con buzo "cuello de tortuga" color beige y pantalón marrón. Mejor dicho, un tío solterón que no envejece, con pacto de inmortalidad, como el pasaje Hernández.

Hay otros pasajes comerciales en la Candelaria, como el Rivas, el Colonial y el Paul, También está el pasaje Gómez en la localidad de Santa Fe. Pero todos ellos merecen, por su historia de vida y particular encanto, capítulo aparte.

Fotos de H. Darío Gómez A., abril de 2010

viernes, 23 de julio de 2010

Recetario del rebusque VI




Don Quijote de la Mancha era un peatón. Lo que de buenas a primeras suena a disparate (más aún refiriéndose a un hombre de a caballo), adquiere sentido cuando aclaramos que “peatón” es un estado del alma, una forma de ser y estar en el mundo (ver mi entrada elogio del peatón en las entradas de marzo de 2010). Recordemos que al igual que el hombre de a pie, el caballero de la triste figura era un soñador, cuya congrua hacienda apenas le daba para procurarse los comestibles más ordinarios (y no por ello menos exquisitos) de su época.

Doña Rosalía Rabanal, dama española conocedora de asuntos culinarios, nos advierte que en el primer párrafo de la novela "Don Quijote de La Mancha" se revelan los cinco platos que constituían la dieta habitual del adorable caballero. Veamos:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes de su hacienda.”

Resumiendo, estos son los cinco platos de Don Quijote:
1. Olla
2. Salpicón
3. Duelos y quebrantos
4. Lentejas
5. Palomino


A los puristas literarios y gastronómicos que quieran probar los platos del hidalgo según los cánones del siglo de oro español, los remito al excelente artículo “Orden de comida para Don Alonso Quijano” de la señora Rabanal. Para los demás, con perdón de Doña Rosalía, intentaré “criollizar”, si se me permite el término, las recetas que preparaba el ama de Don Alonso, para adecuarlas al escaso presupuesto de nuestro ciudadano de pata al suelo, esto es, atemperadas al recetario del rebusque.

He aquí, en su mismo orden, la equivalencia de los platos en cuestión:

DON QUIJOTE COMÍA:
-Olla entre semana
-Salpicón en las noches
-Duelos y Quebrantos los sábados
-Lentejas los viernes
-Palomino los domingos

EL PEATÓN COME:
-Puchero, Sancocho, Cocido, a veces
-Calentao de sobras, si es que alguien dejó algo del almuerzo
-Migas con arepa tiesa y chorizo “nomeolvides” p´al “guayabo”
-Lentejas, cuando hay
-Zuro, si se deja cazar en la plaza de Lourdes

En la próxima entrega del recetario del rebusque daremos la receta “tropicalizada” del primer plato de Don Quijote. Hasta entonces.

créditos fotos: D.Q. www.morguefile.com, Olla www.flickr.com

jueves, 22 de julio de 2010

Oficios varios y otros varios oficios I




La de oficios varios

La recogidita que es el ángel de la guarda del can,
y limpia los cristales para dar la bienvenida al sol.
La de los mandados, la del nombre olvidado,
esta niña, muchachita, indiecita,
la de piel tersa como canto rodado
y labios de mamoncillo que aún saben rezar
al Dios sordo de sus ancestros.
La que lleva en sus manitas de cieno el peso del canasto
y en los poros el recuerdo intacto de la hierba florida.
La que sirve el té con guantes de caricatura de Disney,
la de lavar y planchar, ¡Ay mi niña!, la de oficios varios,
la que nos barre el mundo por nada o casi nada,
la que juega con los colores de la infancia
escondida entre nuestra inmundicia.

créditos foto: de César Ángel www.flickr.com

lunes, 19 de julio de 2010

Guía zurda de Bogotá V



El mercado de las pulgas de la Jiménez con tercera: un espurio con carácter

En la Jiménez con tercera hay un mercado de las pulgas sin nombre. Y al igual que sus parientes de más alcurnia, es dominical. Pero diferente. No tiene la tradición del mercado de San Alejo en la calle veinticuatro con séptima, adonde acuden los anticuarios de Chapinero para escarbar en busca de tesoros aristocráticos y, por supuesto, carece también de la ordenada monotonía del mercado de Usaquén, cuyo pretencioso nombre en latín: Carpe diem, excluye a los espíritus pedestres no iniciados en la lectura de Horacio.

En cambio allí, en ese lugar de venerable mugre, hasta las cosas más humildes tienen una nueva oportunidad en la vida. En tal sitio no sólo las vajillas de Baviera venidas a menos como sus propietarios originales tienen derecho a estrenar nuevo patrón. Allí todos juegan. Es, digamos, un mercado incluyente.

De modo que en aquel paraíso del objeto usado, las cosas conviven en armonía democrática sin importar la condición social que tenían antes de ser entregadas a cualquier título por sus ingratos amos. Uno encuentra, qué sé yo, tapas para frascos inexistentes, envases de perfumes ya evaporados, navajas de toda calaña y uso, (alguna posiblemente abandonada en el lugar del crimen), una corbata de seda “Hermés”, cajas de cereal con dudosa fecha de vencimiento, libros sosos de Paulo Cohelho conviviendo sin recato con novelas sublimes de Marguerite Yourcenar, zapatos de varios modelos y actitudes, algunos que sacan la lengua para intimidarnos (seguramente cansados de tanto caminar), otros que, candorosamente, nos muestran su perfil más saludable, tal vez con la ilusión de volver a acariciar los pies menudos de una muchacha; unos más, acartonados por el “rigor mortis” que comienza a cundirlos por la humedad, en fin, efectos de poca monta, cosas fuera del comercio elitista donde se mueven con soberbia sus congéneres de mayor estrato social.

Acuden al mercado de marras personas de toda condición; pero eso sí, con algo en común: curiosidad y predestinación. Siempre habrá en aquel mercado algún objeto esperando a su nuevo dueño con ansiedad palpitante, dispuesto a servirlo con desinterés y nobleza en agradecimiento por esa nueva oportunidad que le otorga la vida.

No figura este mercado innominado en las guías turísticas de Bogotá; pero es que, al fin y al cabo, el mercado de las pulgas de la Jiménez con tercera no está concebido para corazones débiles o estómagos impresionables.

créditos foto: de Sauceb www.flickr.com

viernes, 16 de julio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes VIII



CON LA BEMBA COLORÁ
“Con la boca colorá
No me vuelvas a besar
Pues no se que pueda hacer
Cuando me vea mi mujer…”

BOCACOLORÁ, Macumbia, fusión de cumbia-mapalé de Pacho Zumaqué


El peatón cuenta que…


A gatas me vi para explicarle a Doña Inés “del Alma mía, luz de donde el sol la toma……” el origen de la mancha de lápiz labial que un día apareció en el cuello de mi camisa. Sobra decir que gozo de la confianza inveterada de mi señora en cuanto a los posibles escarceos amorosos por fuera del sagrado vínculo se refiere, presunción de inocencia que me he granjeado más por su conciencia de mi falta de atributos físicos que por su fe en mis atributos morales. Dicho de otra manera, en mi caso la virtud cardinal de la templanza no es una opción voluntaria de santo varón, sino la que más se aviene a mi escasez de recursos financieros y a mi lamentable apariencia. Lo cierto es que ella, con tantas cosas importantes que tiene para hacer, no pierde su tiempo en nimiedades. Pero la marca del pecado en cuestión era tan evidente que no pasó desapercibida a su confianza ciega. De modo que como corresponde a un hombre respetable, no tuve más remedio que mentirle. Le dije que, en efecto, una de mis alumnas de la universidad no fue impermeable a mis encantos naturales, y al culminar la clase, después de haber salido del salón todos sus compañeros, me arrinconó para robarme un beso. Le aclaré a Doña Inés que al intentar hacerle el quite a los labios trémulos de la muchacha, la huella indeleble de la infamia quedó plasmada en el cuello de mi camisa como la letra escarlata de Nathaniel Hawthorne. Mi señora que no es muy dada a las referencias literarias para casos tan profanos, se quedó mirándome con incredulidad, de suerte que fue menester confesarle la verdad: - Mi amor, esa mancha roja es del colorete de la tía Stellita, que me dio un beso de despedida después de haberla acompañado al banco para cobrar la pensión. -

créditos foto: www.flickr.com

miércoles, 14 de julio de 2010

Mujer, ¿cuál es tu red?




Post participante del Festival de Blogs Colombia: La mujer en la red

I. La mujer en la red
II. Mujer atrapada en la red
III. Red de la mujer
IV. Mujer que tiende la red
V. Mujer vestida con red
Mujer, ¿cuál es tu red?

I. - La mujer en la red
Mujer visible en el ciberespacio
Mujer disponible para la ciencia y para las letras
Mujer excluida de la red
Mujer emprendedora en la red
Mujer disponible en la red para el amor
con amor o sin amor
Mujer, ¿cuál es tu red?

II. - Mujer atrapada en la red
Mujer que cayó en la red de trata de personas
Mujer víctima de la red de mercaderes del cuerpo
Y del alma
Mujer atrapada en la red de mentiras
Mujer que se sobrepuso al aparejo tejido con el ardid
Y la autocompasión
Mujer, ¿cuál es tu red?

III.- Red de la mujer
Red de solidaridad con la mujer vulnerable
Y vulnerada
Red de amigas para matar el tiempo
Red de espionaje a los maridos
Red de contrabandistas de sueños
Red de apoyo a las causas sin futuro
Mujer, ¿cuál es tu red?

IV. - Mujer que tiende la red
Mujer que echa la red al agua para pescar,
Para comer
Para dar y convidar
Mujer que tiende la red para atrapar,
Para cercar,
Para sujetar, para ahogar.
Mujer, ¿cuál es tu red?

V - Mujer vestida con red
Exuberante mujer vestida con prenda de malla
Para atraer
Tímida mujer con el cabello recogido en redecilla
Para llorar
Mujer, ¿cuál es tu red?
Créditos foto: de Dora Franco style="font-style:italic;">

martes, 13 de julio de 2010

Recetario del rebusque V

SOPA DE "VACIADO"

En el Recetario del Rebusque III publicamos un glosario, algo insólito, que nos ayudará a comprender mejor las prescripciones atípicas del peatón. Advertimos entonces que se trataba de un glosario dinámico, es decir, con posibilidad de actualización permanente por parte de los queridos visitantes de este espacio virtual, pues escrito está que todo en este mundo es susceptible de mejorar, más aún en el caso que nos ocupa. De tal suerte, obtuvimos extraordinarias aportaciones de Doña Ku desde Mexico, de Dolores desde Ecuador y de Don Danilo desde el terruño.

Me complace ahora publicar las contribuciones de otros dos entrañables amigos que han enriquecido notablemente el glosario en cuestión:

Maese Celso Román, gran escritor y curioso del idioma, anota: “REVUELTERÍA: la tienda bogotana donde venden "líchigo" en Medellín tiene un nombre precioso: "revueltería", que de inmediato llama a la imaginación para vislumbrar un sitio repleto de cajas, bultos de papa abiertos como si los "arremangaran", arrumes de huevos, hortalizas, paquetes de azúcar y de arroz en bolsas de papel color marrón (en términos artísticos se llama "papel Kraft", acaso porque tenga el mismo color de unos dulces arrancacalzas que los tíos le traían a uno de Miami), y finalmente, un tendero con guardapolvo -lleno de polvo-, barriga prominente, bigote y lápiz en la oreja, pronto a hacer la cuenta en cualquier pedazo de papel a mano, desde esquina de periódico, hasta irregular retazo de talega "Kraft".

Por su parte, Pachito Hernández, inmejorable cocinero y conocedor de primera mano del mercado del “almorzadero” bogotano, complementa una imperdonable omisión de mi parte al menú “corrientazo”, así: “PRINCIPIO - Chino Dari le hizo falta el PRINCIPIO, que consiste en una porción de: arvejas, garbanzos, lentejas o fríjoles. Esta a su vez es cambiable por: tajadas de plátano maduro, huevo frito o más sopa. Entonces el principio hace parte de todos los corrientazos y ejecutivazos.”

De igual forma Pachito me aclara que el señor Kendon MacDonald (QEPD) no era chef certificado, sino un prestigioso crítico gastronómico y cocinero por afición, muy querido, eso sí, por los bogotanos. En honor a la verdad yo también debería confesar que no soy escritor, pero al fin y al cabo, como dicen algunos filósofos: “el nombre no es la cosa”, de modo que yo me atreví a crear este blog, con la misma temeridad con que MacDonald se atrevió a preparar ajiaco.

Hechas las anteriores aclaraciones, tengo el gusto de compartir con ustedes la primera receta del peatón:

SOPA DE “VACIADO”
“La sopa es la dicha del pobre que el rico muchas veces envidia”
Adagio popular español


Por vaciado se entiende, claro está, el malhadado sujeto que anda en la pitadota, esto es, sin mucha plata, de suerte que si no quiere morir de hambre, debe acudir a los escasos ingredientes que le restan en la nevera (cuando tiene nevera) o en la despensa, y completarlos con los que pueda comprar en el líchigo de la esquina. Es una sopa deliciosa y sale barata. Ahora bien, no me vayan a venir después con preguntas sobre calorías, valores nutricionales, marcas, pesos y medidas, pues este blog no está precisamente patrocinado por Nestlé, ¿o es que acaso me vieron cara de nutricionista? Para efectos de la conversión aproximada de pesos y medidas, favor remitirse al glosario. (Ver Recetario del Rebusque III)

INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS (DE GOLPE HASTA TRES PERO LES TOCARÁ DE A MENOS)

Quinientos de salchichón $500
Quinientos de hueso carnudo $500 (ahí ya van mil)
Un huevo $250 (vayan sumando)
El arrocito que quedó de ayer (si no le quedó arroz puede reemplazarlo por pan duro o calado)
Una cebolla cabezona (si es roja u ocañera que llaman, mejor)
Un gajo de cebolla junca
Una rama de apio con todo y hojas
Una zanahoria (si hay)
Un diente de ajo (si hay)
Un poquito de aceite o manteca (lo que haya).
Sal y pimienta


Poner en un cacharro con tres totumadas de agua el hueso carnudo, la zanahoria picada o rayada, el gajo de cebolla junca y la mitad de la rama de apio (con todo y hojas) a cocinar durante 20 minutos, agregando sal al gusto. Allí mismo puede aprovechar para cocinar el huevo. Reservar el caldo y el huevo cocinado.

Picar el salchichón en cubitos y picar finamente la cebolla cabezona, la otra mitad de la rama de apio y el diente de ajo.

Pelar el huevo cocinado y picarlo finamente. Mantenerlo reservado.

En otro cacharro, o en el mismo, si no tiene más, (ahí verá donde guarda el caldo mientras tanto) calentar un poquito de aceite para rehogar el picadillo de ajo, apio y cebolla, incorporar el salchichón picado, sazonar con media pulgarada de sal y media de pimienta, remover, y agregar el caldo. Cuando comience a hervir, añadir el arroz (el que quedó de ayer), corregir la sal (al gusto) y dejar cocer por 10 minutos más.

Al servir la sopa, espolvorear encima de cada plato el huevo picado.

¡Y ahí ta!

Créditos foto: www.flickr.com

jueves, 8 de julio de 2010

Pequeñas narraciones intrascendentes VII



El peatón cuenta que...

Con alguna frecuencia entregan a los pasajeros del Transmilenio una tarjeta roja donde se lee: “Señor usuario: Para fines estadísticos, cuando llegue a su estación de destino deposite esta contraseña a la salida”. El hecho es que a usted no le entregaron el cartoncito colorado a la entrada, como a los demás pasajeros, y la omisión de la muchacha de la estación no dejó de perturbarlo, sobre todo por la explicación estúpida que tendría que dar a la salida del sistema por el hecho de no portar el cartón: “es que a mí no me dieron”, o alguna estulticia de un tenor parecido. Eso, en caso de no haber pasado desapercibido en su estación de destino. Pero acontece que usted fue transparente al salir. Insustancial como la niebla de la madrugada. Póngase a pensar en el asunto...

Ahora bien, si el incidente se repite en otro vagón, ojala el mismo día, entonces usted deberá empezar a preocuparse seriamente. En primera instancia, verifique si otros pasajeros se encuentran en su misma situación. Fíjese, pongamos por caso, en hombres con traje y corbata mayores de 45 años. Si ellos al igual que usted carecen de contraseña, podría ser que únicamente están censando a personas más jóvenes. Un parte de tranquilidad. Pero si no es así, o si nuevamente se repite la omisión de algún funcionario en una nueva estación, incrépelo exigiendo que le entregue una contraseña como a todo el mundo, para depositarla en la tómbola de la salida según mandan los cánones. Resulta odioso no ser tenido en cuenta así sea para inútiles encuestas burocráticas. Al fin y al cabo uno ocupa un espacio en el mundo, y de ello puede dar fe el principio de Arquímedes que se cumple con la rigidez de una sentencia, cada vez que uno desplaza a otro cuerpo de igual volumen al acomodarse en el expreso de las seis de la tarde.

En cualquier caso, si el dependiente de la estación de llegada no le exige depositar la tarjeta roja en la bolsita a la salida del vagón como a los demás vivientes (o malvivientes que para el caso lo mismo da), entonces si tendrá suficientes razones para entrar en pánico. Es muy probable que usted ya no forme parte de este mundo descreído y egoísta. En una ciudad de ocho millones de almas nadie notará su ausencia, o su insignificante presencia de código de barras, si prefiere. No obstante es importante salir de dudas; de manera que, por si acaso, busque un espejito de mano y acérquelo a su nariz para comprobar si aún le queda un resquicio de aliento vital.

créditos foto: www.transmilenio.gov.co

martes, 6 de julio de 2010

Recetario del rebusque IV



PAPA CHALEQUEADA EN OCTAVILLA (receta lí-rica)



En octavilla de papel
te diré la chalequeada:
la papa medio pelada
con el guiso del tomate.

Se cocina el tubérculo
y se saltea la cebolla
con la sal en una olla,
ajo y queso para el vate.


Hasta aquí el peatón.

Ahora transcribiré la receta en prosa, extractada del libro MI COCINA del chef Kendon Macdonald, un escocés que era más bogotano que el sorbete de curuba:

"Ingredientes

1 libra de papa sabanera chalequeada (se pela en partes, dejando pedazos de cáscara)
6 tallos de cebolla larga desflecados
6 tomates pelados y sin semillas
1 pizca de comino
1 cucharada de harina
½ taza de leche
½ libra de queso paipa o campesino rallado
6 cucharadas de mantequilla
Ajo, sal y pimienta

Procedimiento

1. Hervir las papas chalequeadas en abundante agua hasta que estén suaves.
2. Saltear la cebolla y el ajo en la mantequilla ¡No dejar dorar!
3. Agregar los tomates y saltear hasta que empiecen a formar una salsa.
4. Añadir la harina y revolver.
5. Agregar la leche y revolver en la misma dirección.
6. Agregar el queso, la sal, el comino y la pimienta en el momento de servir. Reservar algo de queso para rociar encima."


créditos foto: papacho www.flickr.com