jueves, 5 de mayo de 2011

Guía zurda de Bogotá XIII

Biblioteca Virgilio Barco, Bogotá, foto de Diana Cats, www.flickr.com
Y ahora, las Bibliotecas

”Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos”
Francisco de Quevedo

Aunque no consideré prudente referirme a las bibliotecas de Bogotá, pues ya otros han escrito al respecto y además ellas no necesitan áulicos -menos aún, torpes como yo-, siento que les debo un escrito, ya que me han dado en que pensar y soñar sin pedirme contraprestación, aparte de la pequeña suma de cinco mil pesos que por una sola vez invertí en un carné que me da acceso irrestricto al universo, y donde aparezco con barbas como si no fuera yo el de la foto, sino otro sujeto, más amable, que empresta los libros por mí. Así que no puedo dejar esa generosidad sin reconocimiento. Pero también les escribo a las bibliotecas por amor, por necesidad espiritual y, en últimas, porque me da la regalada gana.

En Bogotá existe algo que se denomina “Biblored”, y consiste en un sistema de bibliotecas públicas -mayores, locales y de barrio-, articulado con otras de entidades privadas vinculadas a la cultura. Este sistema encomiable nos ha acercado a los bogotanos a los libros, pero sobre todo, nos ha familiarizado con el patrimonio público concebido como “lo que conviene a todos y nos dignifica”, acogiendo la hermosa definición del profesor José Bernardo Toro.

Una de estas bibliotecas es la de Colsubsidio de Usaquén, ubicada en el quinto piso de un edificio levantado en el costado occidental de la carrera séptima con calle ciento veintitres. La biblioteca en cuestión es atendida por una bibliotecaria pelirroja que ilumina con su sonrisa toda la estancia. Su alegría natural contagia el ánimo de los lectores, y, al igual que los comerciantes turcos de la calle de las Enfermeras(1), una vez se entra en su establecimiento, es imposible salir sin comprar algo. Desde luego en la biblioteca de Usaquén no venden ropa como en el ejemplo que cito, sino que prestan libros, fomentan la imaginación y propician la sabiduría. De modo que si por alguna razón no está disponible la antología de poesía francesa anhelada, por sugerencia de la muchacha pelirroja uno termina llevando, qué sé yo, una interesante selección de escritos del poeta Vidales y, de ñapa, un recetario vegetariano. A eso le llamo yo hacer promoción de lectura.

Por eso es importante que en todas las bibliotecas de Bogotá haya bibliotecarias pelirrojas o peliverdes, o bien pelirayadas, o listadas de anaranjado y azul si se quiere, o atigradas, es igual; pero eso sí, que tengan la misma alegría de la muchacha de Usaquén, que, con su sonrisa y buena disposición, atrae a los lectores igual que una botella destapada de gaseosa atrae a las abejas golosas a la hora del recreo.

(1)La calle de las Enfermeras está ubicada en la carrera novena con calle once, barrio la Candelaria

6 comentarios:

  1. Darío: Aunque quisiera olvidarme de mi sobrino colombiano, no podría hacerlo, pues siempre hay algo que me lo recuerda. Hoy por la mañana fue el chef invitado por supuesto de Colombia, que me enseñó a hacer el "Sancochado de gallina", delicioso y para chuparse los dedos, ya sabrás que estoy puestísima para guisarlo al par de novios, el próximo domingo (ya fijaron la boda para el día 13 de Julio). Desde luego estás invitado, junto con tu familia.
    En cuanto a lo de las bibliotecas, ¡cómo me gustaría tener una a la mano!, pero en el pueblecito donde vivo solo hay vacas y a esas no les gusta leer, a mis compatriotas tampoco.
    La librería Porrua, que pusieron en un centro comercial, ya fue cerrada por falta de lectores y unos ilusos acaban de poner una en un lugar cercano a mi casa, pero no le auguro mucha vida.
    Es triste ver que somos pocos los que seguimos leyendo, aún cuando el gobierno incetiva a la lectura, con cierta cautela, pues le conviene más la ignorancia del pueblo.
    Te quiere tu tía cibernética: Doña Ku

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  2. Darío, ahora que hablas de libros, te cuento que estoy muy orgullosa porque Ecuador es el país invitado a la feria del libro de Bogotá. Es hora de que se conozca más de nuestras letras y de nuestra cultura poco conocida en el ámbito latinoamericano.

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  3. Tía Ku, me imagino que tu sancocho de gallina debió quedar de rechupete. Gracias por la invitación. Allí estaré de corazón.

    En mi patria hemos avanzado algo en promoción de lectura, pero también nos falta mucho para lograr cobertura en las áreas rurales, donde, sin embargo, llegan los "biblioburros", del cabestro de unos verdaderos "Quijotes" de la cultura.

    Te envío un fuerte abrazo, tía.

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  4. Dolores, en efecto la representación del Ecuador en la actual feria del libro de Bogotá es de las más hermosas, generosas y dignas que he visto en mucho tiempo. Tienes muchísimas razones para estar orgullosa. Abrazos.

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  5. la biblioteca a la que se refiere, ¿es la de Colsubsidio de Usaquén? esa es muy bonita. Y tiene razón, todas las chicas que atienden son muy amables.

    Yo no sabía que esa calle de los turcos que venden ropa en el centro se llamaba la calle de las enfermeras. Todos los días de aprende. Buen escrito peatón.

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  6. si, don Danilo, la biblioteca de Usaquén es la de Colsubsidio.

    En la calle de las enfermeras queda un edificio que ocupa toda la manzana, creo que se llama Edificio Casas o algo por el estilo. Es una hermosa construcción estilo Art Deco. Todos los locales de venta de ropa son de los turcos (libaneses) que se afincaron allí hace más de sesenta años. Allí me compraron mi traje completo para la primera comunión.

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