miércoles, 18 de mayo de 2011

Pequeñas narraciones intrascendentes XVI


                                       Bandada de vencejos. Foto de H. Darío Gómez A.

El peatón cuenta que...

“Hace pocos minutos un hombre perdió la vida en el barrio Babilonia en Usaquén cuando se lanzó desde una torre de telecomunicaciones” (hay imágenes en vivo de los momentos previos y posteriores al hecho)

CITYTV, Mayo 16 de 2011

FATALIDAD


"Un suicidio no es un suceso ordenado con música de fondo".  William Saroyan

¿Qué aflicción tan arraigada  terminó por entregar al trepador de torres a la soledad del vacío? No era la primera vez (afirmaron los vecinos) que el "pelao" se encaramaba a una torre de comunicaciones de veinte metros de altura para coquetearle a la muerte. Pero si la última. ¿Fue, acaso, la noviecita que se fugó con su “parcero”?, ¿el desempleo inveterado e indigno?, ¿la ausencia de oportunidades?, ¿la falta de esperanza?, ¿el no futuro?, ¿todo esto junto?. Nunca lo sabremos.

Lo cierto es que la tragedia íntima del muchacho se convirtió en un  asunto mediático. Quizá los periodistas judiciales saben por experiencia que el lunes es el día del suicidio (como sostenía Felipe González Toledo), y por eso estuvieron prestos a cubrirlo. Merced a esa diligencia de los medios, miles  de televidentes asistimos al drama telefónico que precedió a la caída.  Una teniente de la policía se comunicó por celular con el suicida para convencerlo de abandonar su empeño insensato, invocando a su santa madre y a Dios, nuestro señor. Mas el mensaje de aliento  de la joven oficial no llegó claro (qué ironía) a pesar de que su destinatario estaba en la cima de una torre de telecomunicaciones. Y es que los recados del alma llegan por otras vías, generalmente esquivas a la tecnología celular. 

Tuvieron los medios de comunicación la decencia de no mostrar el desenlace fatal, pero sí el llanto legítimo de la teniente de la policía, cuyas palabras de esperanza en esta vida disparatada fueron en vano. Me dolió la absurda muerte del muchacho, y me conmovió asimismo la tristeza (y sensación de impotencia) de la oficial, que, por su oficio de lidiar con el orden público (piensa uno), estaría acostumbrada a tratar con la parca. 

Me enterneció, insisto, su defensa vehemente de la vida en medio del horror que vive nuestra atribulada patria. Ojalá que el fallido trepador de torres haya encontrado la salida que buscaba en las alturas; pero sobre todo, que alguien haya acogido con generosidad y ternura su angustiada esencia, antes de su encuentro traumático con el pavimento.

4 comentarios:

  1. ay, Dios!, cómo es de triste que los jóvenes se estén suicidando. En el primer mundo por el hastío de tenerlo todo, y en el tercer mundo por no tener nada, ni siquiera sueños. Me dió tristeza tu historia.

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  2. Si, Dolores, muy triste. Y como tu dices, hay dos caras de la misma moneda. De un lado el hastío y del otro la frustración de la carencia.

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  3. Pues ¿que es el suicidio, querido Darío?, pudiéramos decir que es un acto irreflexivo, aunque sabemos que a veces quien lo comete lo ha pensado mucho, mucho.
    Pero por otro lado, el resto de los seres humanos nos vamos suicidando poco a poco, ensuciando el aíre, el agua y la tierra. Lo malo es que no estamos logrando suicidarnos solos, sino que nos llevamos, también de a poco la naturaleza misma.
    Que extraño afán de terminar con todo lo que se nos ha dado de grátis, pero parece que traemos ese gen devastador desde que nacemos.
    Te quiere tu tía: Doña Ku

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  4. En efecto, tía Ku, el ser humano es el animal más depredador que hay. Y lo peor, sin solidaridad intergeneracional, esto es, con sus descendientes, con los que están por nacer y de entrada ya les acabamos su futuro.

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