miércoles, 31 de agosto de 2011

Poética judicial



Salvo algunos artículos de nuestro Código Civil Colombiano -compendio lírico  de normas redactado por un  poeta venezolano que se afincó en Chile-, pocos escritos hay tan prosaicos en el mundo de las letras como los mamotretos jurídicos. Y ni que hablar de los fárragos judiciales. El poeta a que me refiero -ya lo habrán inferido los letrados- es don Andrés Bello, y uno de los felices acápites a que aludo es la definición de “aluvión”, que el artículo 719 del código en cuestión considera como: “el aumento que recibe la ribera de un río o lago por el lento e imperceptible retiro de las aguas”. ¿No sugiere este verso, acaso, el sutil advenimiento de la soledad, con toda su aridez, cuando nos abandona poco a poco y sin darnos cuenta el agua fresca del amor?

Otra cosa bien distinta, más falta de elevación aún, es la literatura judicial. Cunden allí las piezas procesales como la que recibí por correo electrónico hace unos meses, remitida por un colega desconocido que  ponderaba con socarronería “el uso libérrimo del lenguaje y la precisión deductiva de los investigadores”, de la siguiente acta de levantamiento de un difunto:

“El cadáver del difunto se encuentra bocarriba, con la boca abierta y los ojos cerrados, con la cabeza medio ladiada como mirando un guanábano en completa producción, con el brazo derecho estirado hacia un lado y como saludando a alguna persona…”

Sin embargo no todo es burdo en la práctica forense. Es más, si en gracia de discusión -como solemos decir los abogados en nuestras aburridas argumentaciones jurídicas- existe la justicia poética, jurisdicción romántica inventada por los literatos para vengarse de los jueces que imparten justicia a favor de los poderosos, resulta justo que haya también una “poética judicial”, si se me permite el término, donde los sujetos procesales puedan expresar su pasión libérrima por las rimas. En cualquier caso, hay protomártires de nuestra “poética judicial” que han sabido encontrar en la oscuridad de los despachos su fascinación por  expedientes amorosos que suscitan aventuras lírico-forenses, como las que transcribo a continuación:

Este soneto, atribuido a Francisco Ordóñez, fue rescatado por mi adorada hermana Adriana –a quién agradezco de paso la colaboración- de sus apuntes de la facultad de Derecho, por allá en los ochentas.

“AMOR LITIGIOSO

Una acción posesoria yo entablara
para probar, con alegatos sabios,
tranquila posesión sobre tus labios,
y derecho real sobre tu cara.

Sé que costumbre inmemorial me ampara
y que son rescindibles tus agravios;
pero al decir de  Ulpiano y de los Flavios,
perdiera el juicio si tu amor ganara.

Responde a mi demanda dolorida
que  clamó en la audiencia suspendida
cuando iba a secuestrarte el primer beso.

Que prescribió la acción has pretendido,
pero mío es el derecho ya adquirido
como consta en las actas del proceso.”

Los siguientes poemas -una demanda, su contestación, los alegatos, recursos y sentencias en varias instancias-, que descubrió mi pariente y amigo Rodrigo Peláez entre los libros raros y curiosos de la biblioteca de EAFIT, son verdaderas joyas de la práctica forense en colaboración, pues si bien la demanda que da inicio al proceso fue escrita por el “Caratejo” Vélez, su contestación –a cargo de Rosa Tulia Varón-, los alegatos, recursos y sentencias subsiguientes, corresponden a otros escritores espontáneos que se fueron involucrando con el tiempo a esa experiencia literaria-judicial colectiva, hasta completar el expediente que a continuación se transcribe, donde el hermeneuta aficionado encontrará, al final de cada actuación, el nombre del autor correspondiente:

“UN PROCESO AMOROSO
ÍNDICE DEL EXPEDIENTE

Este cuaderno contiene
el juicio de amor completo
de un dulce cantor inquieto
que por el mundo va y viene;
es un poeta que tiene
alquilado el corazón,
palacio de la ilusión
castillo de la quimera,
ornado de enredadera,
florecido de pasión.

Julio César Benítez

LA DEMANDA

Hace un año, Señor, estoy queriendo
con todo el corazón a una mujer;
hace un año que en él está viviendo
y no quiere pagarme el alquiler.

A la ingrata le di mis ilusiones
y en pago de su amor se lo alquilé;
la cuenta me negó mil ocasiones
hasta hoy que ante ti la demandé.

Tú que eres juez justísimo y severo,
haz que me quiera como yo la quiero
pues pierdo la paciencia y la razón;

y si no me concedes lo que pido,
¡préstame el policía del olvido
para sacarla de mi corazón!


Santiago Vélez Escobar (El Caratejo Vélez)

CONTESTACIÓN A LA DEMANDA
Señor juez:
Santiago Vélez Escobar, poeta,
a quien aquí le dicen "Caratejo",
me ha dado en alquiler oscura, escueta
habitación, en un corazón viejo.

Allí encontré un retrato, una paleta,
una lira, el pedazo de un espejo;
un carriel, un bastón y una muleta...
¡
era el cuarto, Señor, de San Alejo!
Entré como inquilina. De tal modo
transformé el cuarto aquel a mi acomodo,
que hoy allí todo es ritmo y alegría;

y ese ingrato, Señor, quiere lanzarme
con el solo pretexto de cobrarme
siendo mucho mayor la cuenta mía:


Rosa Tulia Varón

ALEGATO DEL ACUSADO

En el recuento que hace la acusada
de los enseres que tenía Santiago
dentro del corazón, olvidó el mago
número, que nos lo entrega consagrada.

Y no confiesa que, a la abandonada
estancia, horrible fue como un endriago;
y aunque ella en su intención decía "no pago"
embellecióla y la llamó su amada.

Y que en su honor, como burbuja loca,
brotó del corazón hasta la boca
el armonioso verso sibilino,

que es como escala que al azul la sube
dándole alas sutiles de querube
y haciendo menos duro su destino.

Emilio Rico

SENTENCIA PRIMERA

Si hace un año, señor, estás queriendo
con todo el corazón a una mujer;
si hace tiempo que en él está viviendo,
es justo que te pague el alquiler.

Es ingrata. No des tus ilusiones
ni te sujetes más a tal mujer;
es amar peligroso en ocasiones
cuando lleva al olvido del deber.

Como juez, yo sentencio que te quiera,
si no quiere pasar por una fiera
que mata la paciencia y la razón;

mas... si acaso te niega lo que pides,
te concedo, Santiago, que la olvides
y la retires de tu corazón.

Manuel J. Maza

APELACIÓN

La mujer que ante el juez he demandado
porque ha tiempo me debe el alquiler,
a la Corte Suprema hoy ha apelado
y alega, sin razón, esa mujer.

Y a pesar de que nada me ha pagado
hubo la Corte así de resolver:
que como el corazón se lo he alquilado
condéname a tenerla que querer.

Del corazón jamás podré sacarla;
en él hice un altar para adorarla
y su imagen persiste en mi memoria;

ella en cambio a mirarme no se atreve,
y no niega tampoco lo que debe...
pero me declaró la moratoria.


EN CASACIÓN

A la Corte Suprema en casación
ha subido, Santiago, la querella
que le entablaste a la mujer aquella
que fue inquilina de tu corazón.

Ese alto tribunal con atención
estudiará el proceso contra ella,
y absolverá, seguro, a la doncella
de todo cargo y toda obligación:

Y así ha de ser, porque sería injusto
obligarla a pagarte el alquiler
de un corazón donde vivió a disgusto

y el que, como es notorio, nada vale
para vivir en él una mujer
porque está roto y como tal... se sale.

Francisco Campo Rivera

SENTENCIA FINAL


Creo que lo anterior es suficiente,
si en mi disertación no me equivoco,
para afirmar en forma concluyente
que tú, poeta amigo, eres un loco.

Y tú, acusada por indiferente,
codiciada mujer, que amo y evoco,
¿malferiste al poeta?... delincuente
y loca eres también... ¡
o falta poco!

Pero como las cláusulas penales
impiden condenar los anormales
posesos del amor o del demonio,

sentenciar para ello no vacilo
perpetua reclusión en el asilo
o pena capital: el matrimonio.

Cesáreo Rocha

AÑOS DESPUÉS


A los cinco poetas muy gloriosos,
que en el sonado pleito intervinieron,
a pesar de sus versos tan sabrosos,
les anoto que mucho se comieron.

Ni al Sabio Juez, justísimo y temido,
a quien el vate invoca reverente,
ni al genial policía del olvido
se cuidaron de entrar al expediente.

Mas lo esencial del inmortal soneto,
lo que anhela de veras en concreto
el insigne y sublime Caratejo,

es que lo quieran con amor sincero
o que le presten el guardián severo
que brinda olvido al corazón, ya viejo.”

Benjamín Ángel Maya

Y finalizo esta selección judicialmente caprichosa o caprichosamente judicial -que para el caso lo mismo da-, con estos versos del extraordinario poeta antioqueño, Ciro Mendía, en un caso de investigación criminal:

CARTA POLICÍACA

Mi marido, señor, está mordido de celos.
Que celoso más templado.
Celos de mi canario anaranjado,
Y celos del color de mi vestido.
Sospechaba de Juan, el engomado
Sospechaba de Pedro, el invertido.
Pero ahora, mi Nelson distinguido
Con una pista superior ha dado.
Por esto es necesario mi poeta
Que te cuelgues del hombro la escopeta
Y prevenido estés y en tus cabales
Porque te hago saber, y este es el hecho
Que anoche, en las dos copas de mi pecho
Mi esposo halló tus huellas digitales

viernes, 26 de agosto de 2011

Lingüística bancaria


imagenes para Hi5





Agotados los lugares comunes por los publicistas, languidecidas las frases hechas que prometían cumplir los sueños de los ciudadanos de a pie –editados en tecnicolor y con casting extranjero-, los creativos de un banco con nombre de ciudad de tierra fría resolvieron inventarse una palabra para definir las acciones que gobiernan sus relaciones comerciales con los clientes: “banquear”. Como si no hubiera en el hermoso idioma de Castilla  suficientes palabras para definir sus onerosísimas intenciones.

Palabra horrorosa esta de “banquear”, que, por fortuna, como dicen los mismos publicistas, no existe en ningún diccionario. Y es que “banquear” no puede llegar a significar nada bueno, ya que suena como a obligación de permanecer en la banca sentado, impotente y sin poder participar en el juego mientras los otros, los banqueros en el caso de marras, disfrutan de las mieles de la victoria y del lucro a costa del "banqueado" -participio del verbo "banquear"-. Saquen sus propias conclusiones.

Desde que se dijo: “errare humanun est”, son muchos los disparates que se han cometido en nombre del latín, y por extensión, a buena cuenta del castellano. Con todo, si la intención de los creativos era buscar una palabra que hiciera más amable la cara adusta de los bancos, hubiera sido más sensato utilizar palabras parecidas sacadas del filón de nuestro preciosísimo idioma. Se me ocurre, por ejemplo, barquear, que significa atravesar en barca un río o un lago. Esta palabra me sugiere una tabla de salvación. ¿Qué más podría necesitar un cliente -de un verdadero amigo- en momentos de necesidad?. También existe, pongamos por caso, la palabra bancar, que en Argentina y Uruguay significa respaldar a alguien.  Contundente. Pero al parecer tales palabras no reflejarían el querer de los bancos. De allí vino a resultar el insulso “banquear”. ¡Nada que ver!, como dicen las señoras. 

Así las cosas, yo les recomiendo a los banqueros que más bien sigan utilizando la palabra bancarizar que, figurando en el diccionario de la academia de la lengua, refleja de manera más verosímil la actividad financiera de tales instituciones. Excepto la usura. Pero ahí ta la Virgen para ablandarles el corazón.

Espero, eso si, por el bien de las letras, que los bancos que ya se quedaron con los bienes de algunos “banqueados” morosos, no quieran apoderarse también del idioma. Deberían prohibirle a los banqueros, so pena de excomunión, incursionar en la lingüística. ¿Se imaginan ustedes una poética bancaria? ¡Dios nos libre!

Créditos imágen: Banco de imágenes gratuitas (será el único banco que da algo gratis.)

lunes, 8 de agosto de 2011

Pequeñas narraciones intrascendentes XVIII

(Burro en Villa de Leyva, foto de H. Darío Gómez A. )

"PROHIBIDO ESTACIONAR BESTIAS EN LA ALCALDÍA"

Cuenta el profesor José Fernando Isaza (El Espectador, junio 7 de 2011) que en su último viaje a Marmato, amén de la pobreza y desigualdad reinantes en ese municipio minero enclavado en las verdes montañas de Caldas, le llamó la atención el hecho de que el principal medio de transporte era hasta hace muy poco, como en el siglo XIX, el cuadrúpedo doméstico de carga, esto es, la mula.

Pueblo atípico este de Marmato, donde la iglesia no queda en el marco de la plaza, como mandan los cánones de las fundaciones españolas, sino unas cuadras más abajo de la alcaldía del “pesebre de oro” colgante, como denominan al municipio sus propios hijos. Mas es lo cierto que, según refiere el profesor Isaza, en el edificio municipal subsiste todavía un aviso -que bien podría aplicarse a una cantina del “Far West”-, donde se previene lo siguiente:

“PROHIBIDO ESTACIONAR BESTIAS” (AQUÍ)

No se sabe si la advertencia es un anacronismo dirigido a las recuas de mulas sobrevivientes que disputan a pata limpia el estacionamiento con “chivas”, “mototaxis” y “yipaos”, o si se trata más bien de una norma de educación cívica para apremiar a los electores para que elijan bien al alcalde y a los ediles que regirán sus destinos, descartando de entrada a ineptos y corruptos. Convendría a los ciudadanos -de cara a las próximas elecciones regionales- que fuera lo segundo, ya que con eso consolidaríamos nuestra hermenéutica zurda de los avisos públicos, iniciada hace unos meses (ver "Pequeñas narraciones intrascendentes I") con aquel anuncio de la alcaldía del Yopal que, sin reparar en nimiedades ortográficas, exhortaba sabiamente a los visitantes del parque natural “La Iguana” a ejercer el sagrado derecho al sufragio, así:

“SE PROHIBE VOTAR BASURA EN ESTE LUGAR”


Corolario: Toca no votar por la “basura” de siempre, para que no se “estacionen” en las alcaldías las “bestias” que atentan contra la pulcritud y eficiencia de la administración pública. A eso le llamo yo educación política.
 

miércoles, 3 de agosto de 2011

Pasaje redondo (cuento) pseudo odisea por entregas, (VI) final




COLOMBIANO, GO HOME

"Un viajero sabio nunca desprecia su propio país"
Carlo Goldoni

Mi hermana tomó mi decisión de regresar a Colombia como una afrenta personal. Consideró que mi actitud era cobarde e insensata -recordé las palabras de mi padre-, y añadió otras como mediocre, pusilánime y cosas de un tenor parecido. Me echó en cara las inversiones que tuvo que hacer para mi alojamiento y alimentación, el tiempo que perdió buscándome un empleo, su pena ajena con una amiga hondureña, ciudadana americana, que estaba dispuesta a casarse conmigo para solucionar definitivamente mi residencia, cosa que yo desconocía, -me refiero a la situación, aunque también podría aplicar el término, cosa, a la amiga en cuestión, a juzgar por una fotografía que alguna vez me mostró mi hermana-, en fin,   desagradecido fue la palabra que más repitió en su discurso de despedida, que culmino con llanto, mocos y abrazos.

El domingo por la tarde mi hermana me dejó en la puerta de COPA, y  sin esperar a que le diera un beso de despedida, abandonó el aeropuerto rumbo a su empleo, último favor que me hizo, no sin antes advertirme que le había costado tres horas de trabajo.  “Time is money”. Yo me quedé mirándola sin nostalgia, e instintivamente  palpé una vez más el bolsillo de mi chaqueta para sentir la presencia salvadora del pasaje de regreso.

Dormí durante las tres horas del trayecto, esta vez sin escalas, y al despertar -había anochecido- divisé entre las nubes las luces de Facatativá destellando como un muestrario de joyas de fantasía, sobre el terciopelo negro de la Sabana.

 
DIRECTO AVENIDA BOYACÁ HACIA EL NORTE

Cuando llueve, Bogotá tiene aliento de herrumbre, y un color sepia como de película antigua. Sin embargo, cuando escampa, es como una mujer después de haber llorado: se alejan las nubes como el pañuelo que cae, dejando ver su hermosa cara triste. Ella, mi ciudad apestada por la corrupción y la desesperanza, fue la única que vino a recibirme. Por eso la amo a pesar de todo. Como no tenía dinero para el taxi, al salir del aeropuerto tomé un bus “Directo Avenida Boyacá, Calle 134, Avenida 19”,  hasta Cedritos, donde vive la "gente decente" como uno, gente culta, de buena familia, sin ostentación, ni fortuna mal habida, sin vínculos con el narcotráfico o la politiquería, esa misma gente que defiende la tradición, la familia y la propiedad, aquella que se informa en los noticieros políticamente correctos, va a misa y acude a las urnas para votar patrióticamente por la seguridad y en contra de la amenaza comunista, no importa a que precio.  Mientras el bus rodaba por la avenida El Dorado recordé a Uriel, y me pareció injusta la primera impresión “lombrosiana” que tuve de él. Concluí que de todos los oficios que me contó, el único real era el de equilibrista en la cuerda floja. Aprecié en su persistencia frente al absurdo la valentía que resaltó Camus en Prometeo. Claro está, un Prometeo humano, falible, patán y marrullero si se quiere, pero valiente a su manera, capaz de rebelarse contra los dioses que rigen el destino, y siempre dispuesto a volverse a levantar.   Lamenté entonces no haberle aconsejado que volviera con la muchacha cubana, quien seguramente lo estaría esperando ardiente de pasión, dispuesta a perdonar a un hombre que, al filo de la navaja, aún conserva la esperanza.

Sigo sin estar seguro sobre el beneficio que a manera de catarsis puedan tener estas memorias.  De lo que si estoy completamente seguro, es que no se trata de un diario. Sin embargo agradezco a mi hermana que me haya inducido a escribirlo,  aunque lo haya hecho con diferente intención. Este es más bien un sencillo tributo a Uriel, -si es ese su verdadero nombre-, y a tantos como él, sin nombre y sin patria que les brinde derechos, abandonados a su suerte en tierras extrañas. Es un homenaje a quienes trabajan en el gran país de Whitman  a siete dólares la hora,  para pagar poco a poco  la cuota inicial de sus pequeños sueños.

Vale.

Créditos foto: "Parque del Country", Bogotá. Foto de H. Darío Gómez A.


 

El canario que descubrió que los trinos en twitter eran lo suyo

(Créditos foto: www.flickr.com) “A la abeja semejante, para que cause placer, el epigrama ha de ser pequeño, ágil, pica...