viernes, 13 de julio de 2012

Iindicaciones para combatir el silencio



Me regalaron un smartphone con sistema touch y no sé que hacer.  Me embromaron. Demasiadas opciones tecnológicas para un hombre premoderno resistente al cambio, más cercano al silencio escaso de lo cotidiano que al ruido frenético del vértigo. De hecho concibo el teléfono sólo para hacer y recibir llamadas de emergencia: “estoy demorado por el atasco, mi amor”; “no olvides comprar la leche”; “¿otra vez en la librería, es que allá te pagan, buen hombre?”; “ya voy llegando, patrona”; “te dejo la llave de la casa donde ya sabes”; "si, señora"; en fin, cosas por el estilo.

Lo cierto es que el manual de instrucciones del celular -abstruso para mí- se asemeja a una combinación de formas de lucha contra el silencio. El operador al menos debería reivindicar francamente su apología del ruido con una carta de bienvenida, que, a mi juicio, podría ser algo como esto:

Apreciado usuario: recuerde que al final siempre estará el silencio esperándolo. ¡Y no es poca cosa! Lo obligará a reflexionar. Para evitarlo, deberá tener a mano un iPhone o en su defecto (si ud. es chichipato) un Blackberry que le resultará útil para combatir el silencio. Empecemos por el timbre: habrá de ser, en lo posible, evocador. Que tal el aullido de loba en celo de Shakira, o bien un grito vallenato del tipo: ¡ay, hombe, güepajé!; la canción “nadie es eterno en el mundo” del rey del despecho también podría ser, más aún para los melancólicos que tienen el alma hecha jirones. El mundo está en crisis; hay falta de identidad y problemas de comunicación. El mutismo y la contemplación que, allende el mar son inclusive una virtud, para nuestro entorno constituyen un molesto sonido de fondo. Por eso toca pertenecer al grupo de elegidos de alguien. Y no se alude precisamente a las doce tribus que forman el pueblo elegido de Jehová, sino a un club más exclusivo, más al alcance de la mano si se quiere: el de los elegidos del celular. Cuando el silencio acecha y se prefiere el eco inarticulado del mundo a la paz que propicia el discernimiento, se la puede contrarrestar con una llamada. Bastará con un touch, evitando eso sí marcar por equivocación la sucesión matemática de Fibonacci, a riesgo de establecer comunicación con la eternidad. En el interludio, mientras se logra la comunicación, es importante que haya música de espera, pues el silencio se desliza como una presencia gaseosa y oscura que lo cunde todo. Hay infinidad de melodías que podrá bajar a través del MP3 de su celular: desde el Claro de luna de Beethoven, hasta Pachito eché de Alex Tovar. Y al finalizar la llamada siempre habrá la posibilidad de alejar el silencio activando la función de reproducción de música que, como por arte de birlibirloque, despachará al infierno la mudez sin temor de zaherir los oídos con la nada. No olvide nunca sus baterías de repuesto, ya que la ausencia de energía es aliada eficaz del silencio. Y si todo lo anterior falla, y si la soledad asedia, no se preocupe, compre algo de conversación en un quiosco. Se vende por minutos, usted lo sabe. Pero si aún así es insuficiente, o si nadie le contesta, entonces llame al 123 y denuncie que el ruido está en peligro, que el silencio está esperándonos al final del día, ¡y no es poca cosa!, como la parca.


(Créditos imagen: de guyfoxlondon, www.flickr.com)

6 comentarios:

  1. ¡Hola Dario!
    Yo todavía estoy en el móvil tradicional, para hacer y recibir llamadas, justo las que sean imprescindibles, incluso carece de posibilidad de hacer fotos. Me niego a estar todo el día pendiente del móvil y aborrezco a esas personas que lo usan en exceso, con las que no puedes tener una conversación seguida durante media hora porque les llaman continuamente para bobadas...
    Suenan los móviles en la calle, en las salas de espera, en los conciertos, en las iglesias...Y yo me pregunto, ¿no se puede apagar el movil mientras estás con los amigos o en lugares públicos? Hay ocasiones muy justificadas pero esto no es lo común.
    ¡Que hermoso es el "silencio"! para poder escuchar al amigo, y a nuestro interior. ¡Hay demasiado ruido en la sociedad actual! Nos esclavbizamos de demasiadas cosas.

    Un abrazo.

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    1. Cómo no, Chela. La cosa ha llegado hasta el punto de ser común ver en los restaurantes a varios comensales, cada uno sumido en su celular como un autista, sin departir con sus compañeros presentes, ni siquiera el gusto por la comida. ¡Qué horror!

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  2. jjajajajaja... me ha encantao la entrada; retratas perfectamente una realidad actual (lo que más me ha gustao son las frases de las llamadas... yo suelo decirle a mi marido que si en la libreria dan dinero, porque casi siempre que lo llamo porque ya tarda, me dice que está en la libreria de abajo "un momentito", siempre resulta ser un momentito), pero risas aparte, tienes toda la razón del mundo con lo de los móviles (aquí no decimos celulares, sino teléfonos móviles). Te contaré que mi hija pequeña (16 años) que ha terminado el curso con magnificas notas, me dijó hace poco que las pocas amigas que tenian un movil vulgar como ella, se habían hecho de una blackeberry, y que ella ahora era como inexistente, una nadie, porque no podía hablar por el whuatsapp... así que me pedía por caridad que de regalo de buenas notas le comprara una blackberry; no te lo vas a creer pero hemos estado ella y yo y yo y ella dias enteros en arduas negociaciones, vamos, que el tratado de Utrech seguro se negoció con menos intensidad que mi hija la blacberry... he de decirte que al final he claudicado, pero, por no dejar el pabellón para el arrastre, ha sido una victoria sino pírrica del todo, a medias (o a tres cuartos); tiene ahora una flamante blackberry de un modelo algo pasado de moda y por consiguiente con una oferta considerable: puede hablar por el whatsapp con las amigas, pero no le hemos dado el alta en internet, aún así, con estas limitaciones, se tira el día escribiendo mensajes, que yo la recrimino diciendole que es una lástima dejarse los ojos en escribir tontás... pero sí, está lo que se dice toda la juventud adolescente con los mismos hábitos, absolutamente autistas perdidos !menudo horror!
    y yo, que tengo un movil casi que del siglo III antes de Cristo (exactamente llevo con él 10 años), solo lo utilizo para llamar, y escribir algún que otro sms... hace fotos, pero ni intentarlo, mis hijas lo llaman el zapatófono de mamá, porque es un poquito grande y gordo para lo que se estila hoy en día, pero fíjate, no me deja jamás fuera de cobertura y llamo y recibo llamadas divinamente... ya le tengo cogío cariño, porque tanto tiempo en mi bolso, es meritorio, a qué negarlo
    ...!con lo agradable que es ir paseando con los amigos, hablando, sin los casquitos de música en los oidos, sin escribir ansiosamente en el movil, y disfrutando de la calle, de las risas, de todo en derredor, de la vida!, y cada vez se va perdiendo.

    Mil besitos gordotes

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    1. Cuando te leo, Alicia, imagino ese delicioso acento andaluz. Como si cantaras cuando hablas. Déjame decirte que a punta de leerte también "te he cogío cariño", como te pasó con el zapatófono de mamá. Besos, mujé.

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    2. !Caramba!, pues eso mismo digo yo del español de América, que es si cabe más hermoso por esa musicalidad y sonoridad que tiene, a mí, particularmente me gusta el acento cubano... de todas formas, los andaluces hablamos muy distinto de los madrileños y de todo el resto de España excepto de Canarias, nos parecemos bastante en el habla a los canarios... y, un poquito -que ya me gustaría a mí que fuera más-, a los hispanohablantes de américa.
      Muchas gracias y mil besitos gordotes

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