martes, 3 de julio de 2012

Pequeñas narraciones intrascendentes XXIV

(El peatón en un abrigo rocoso de la Sierra Nevada del Cocuy, Boyacá, Colombia, a 4.600 msnm. Foto de Pacho Hernández)

LA FIESTA DE LA ESPERANZA

"Cuando, en lo infinito, lo idéntico
A compás eternamente fluye,
La bóveda de mil claves
Encaja con fuerza unas en otras.
Brota a torrentes de todas las cosas la alegría de vivir,
De la estrella más pequeña, como de la más grande,
Y todo afán, toda porfía
Es paz eterna en el seno de Dios, Nuestro Señor."

Goethe.

El peatón cuenta que...


Hace veinticinco años decidimos con mi entrañable amigo Pacho Hernández emprender un viaje al cielo, por tierra y caminando. O dicho en términos menos metafísicos, nos propusimos ascender a pie hasta una de las cumbres de la Sierra Nevada del Cocuy, cerca del cielo. Pero sólo llegamos hasta el glaciar de la Laguna Grande de la Sierra, a más de 4.600 metros sobre el nivel del mar, mal equipados y con soroche. Como no alcanzamos a levantar el campamento base por falta de luz (caía la noche y era excesivo el cansancio), nos refugiamos en un abrigo rocoso y nos cobijamos con los sacos de dormir bajo las lonas extendidas de la carpa. Poseídos por los efectos nefandos de la fiebre (el sudor frío nos hacía tiritar) quizás pensamos por primera vez en la muerte. Acaso comprendimos mejor a Racine cuando afirmaba que esto de vivir resulta fatal con frecuencia, no importa la edad que se tenga. La inquietante noche glacial transcurrió entre la vigilia y el sopor, mas, no cruzamos ninguna palabra. Sin embargo, al alba, la Sierra iluminada por un sol espléndido nos mostró la magnificencia de los picos nevados que enmarcan la laguna. Es decir, el milagro de la vida que ocurre todos los días y pasa desapercibido a la mayoría de los mortales. Pero esa madrugada el milagro se manifestó ante nosotros con toda su grandeza. Entonces dimos gracias a Dios por permitirnos presenciar la fiesta de la esperanza.

 (mi amigo Pacho Hernández en el glaciar de la Laguna Grande de la Sierra Nevada del Cocuy, Boyacá, Colombia. Foto de H. Darío Gómez A.)
 (El peatón en la Laguna Grande de la Sierra Nevada del Cocuy, Boyacá, Colombia. Foto de Pacho Hernández)

10 comentarios:

  1. La belleza de la naturaleza es un milagro permanente en el que conviene reparar para dar gracias a Dios por ello.
    Verdaderamente, disfrutarla es en cierta manera vivir un poco en el cielo.
    Es una suerte disfrutar de las cumbres. Para mi ahora la belleza más asequible es la que está próxima al nivel del mar. ¡Pero hay espectáculos hermosos por todas partes! ¡Menos mal!
    Un saludo y un abrazo.

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    1. ¡Ah!, el mar, Chela. Después de conocerlo uno queda con el prurito de volver cada cuanto so pena de asfixiarse. Bendita tú que estas tan cerca de él. Gracias por tu visita. Un fuerte abrazo.

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  2. Hermoso todo lo que compartes: sentires, recuerdos, imagenes magnificas.

    Ese despertar luego de tantos esfuerzos y penurias, es único.

    Estar alli arriba, tan cerca del cielo, impregando de nubes es sin igual.


    Si, como dice el poema: tan cerca del cielo y tan lejos de la maldad del mundo.

    Cariños

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    1. Tu lo has dicho, Abu. Fue un despertar único. Besos.

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  3. Estoy de acuerdo contigo, no me agrada la caridad.
    Me agrada dar, no lo que me sobra, sino lo que realmente me custa en alguna forma.
    Copmpartir lo que se tiene, pero no para dejar espacios libres de la casa, sino para compartir.
    Siempre digo que hay formas y......formas de dar.
    Además no todos necesitan lo mismo.
    Recuerdo varias mujeres en la cola de un subsidio que le decian al periodista que lo que en realidad esperaban, es que les dieran TRABAJO.

    Cariños y buen fin de semana!!!

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  4. !Caray, qué experiencia!... no nunca he visto un glaciar Darío, intuyo que debe ser algo especialmente hermoso, y menos aún he estado en tanta altura, lo más que llegué fueron a los dos mil y pico metros del remonte de Borreguiles, en Sierra Nevada (Granada), sin embargo, siempre me ha impresionado sobremanera -o tal vez quizás deba decir más que impresionado, sobrecogido- la monumentalidad de las montañas, lo mismo es por ese efecto de la atracción de contrarios, ya sabes que Sevilla está a solo 7 metros sobre el nivel del mar y nada de montañas -ni siquiera colinas-, pero sea por lo que fuere, debe ser una sensación innegable de belleza y de humildad (de pequeñez, si quieres), estar ahí, en medio de tanta grandiosidad, contemplando el cielo y lo divino y humano por añadidura, desde casi cinco mil metros... a mí me encantaría eso!!!!

    Mil besitos gordotes

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    1. Si, Alicia, es una experiencia alucinante con un extraño sabor a peregrinación religiosa, a purificación del alma, a conciencia de la humildad, como tu dices. Agradezco a Dios haberme dado esa extraordinaria oportunidad, esa experiencia vital. Ahora bien, muchacha, en todo caso, como dice la canción: "en el mar la vida es más sabrosa". Un beso.

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    2. !ah, pues sí!, totalmente de acuerdo... touchée, en el mar la vida es más sabrosa; no conozco la canción pero !es una frase espléndida!, dí que no; a mí me ha encantao. Pero vamos, que aunque lejos del mar -o mares-, es una experiencia singular y única (la tuya digo, allí rodeado de la grandiosidad de las montañas)
      Mil besitos gordotes

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  5. huy chino Darí esos son de los mejores momentos que he pasado en mi vida, primero por que la situacion le hace ver a uno el verdadero valor de la amistad y por que creo que ese es uno los lugares mas hermosos del universo, que pesar que todo eso pasajero que alegría que esos momentos no los he borrado de mi mente.

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    1. Así es, Pachito. Estamos hermanados desde ese renacimiento. Un abrazote.

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