miércoles, 25 de julio de 2012

Pequeñas narraciones intrascendentes XXVI

(Créditos foto: www.flickr.com, ag2078)

CRÓNICA ENTRE ROJA Y ROSA PERRUNA


El peatón cuenta que......


En la esquina sur occidental de la plaza de Los Mártires, muy cerca de la truculenta calle del “Bronx”, yace sin vida un habitante de la calle. Una puñalada trapera, dicen. Nada nuevo por esos lares. Un muerto más sin importancia –estamos acostumbrados-. El asunto no daría ni para una  escueta nota en la crónica roja de la tarde si no es porque un presente se opone con vehemencia al levantamiento del cadáver.  Muestra su malacara y pela los colmillos impidiendo a los forenses ejecutar la diligencia judicial. Tiene que intervenir la policía para neutralizar al opositor, pero su ferocidad intimida a los agentes. Se ven obligados a pedir refuerzos. ¿Quién se iba a imaginar que un caso de rutina se fuera a complicar por algo tan “banal”?.  Sin embargo en un descuido de la "fiera" -aprovechando que está haciéndole el quite a los policías que intentan atraparla-, los funcionarios  se alzan con el cuerpo del desharrapado y lo meten en la camioneta de la morgue. Arrancan. Son apenas tres cuadras hasta el Instituto de Medicina legal -en la calle séptima con carrera doce-. La "fiera" se percata del secuestro de su amo y echa a correr detrás del vehículo oficial. Casi lo alcanza, pero al llegar a su destino, ingresa pronto al edificio gubernativo y cierran el portón en el hocico del animal. La "fiera" jadeante  aúlla, impotente, rasguñando el portón infranqueable. De su hocico escurre la espuma de la angustia, se escapa el vaho del dolor. Nadie se atreve a controlarla. Es una perra sarnosa y desgreñada cuya fidelidad a prueba de balas conmueve, sin embargo, a los policías curtidos por la rudeza del sector. A esas alturas, llegan los refuerzos de la perrera distrital que reducen, con mucho esfuerzo, al can enloquecido.  El juicio es sumario. La perra resulta condenada a muerte por obstrucción de la justicia e irrespeto a la ley. Pero todos sabemos que la ejecutarán, por exceso de amor, en los oscuros calabozos de la infamia.  Su yerto dueño será enterrado como NN en una fosa común después de la necropsia. ¿Pero quién necesita epitafio si en vida gozó de una amistad inmarcesible?

6 comentarios:

  1. !Que triste lo que cuentas Darío!... la vida, no es que sea insensible y miserable a veces, es que además también es cruel, y conste, que para el difunto, acaso el morir sin identidad, en la calle, y de una puñalá trapera no fuera lo peor, sino dejar a esa amiga fiel más sola que la una y en el infortunio de una muerte infamante por exceso de amor. Hay animales que tienen sentimientos que desde luego los dignifican más allá de su condición... cosa que a duras penas podríamos sostener de algunas personas.
    Discrepo contigo (y mira que es raro que discrepe contigo, pero esta vez discrepo) con tu pregunta que cierra el post... cosas así de vanales pero al mismo tiempo así de hermosas -también podríamos usar el término heroicas-, pienso que sí deberían tener un epitafio, tu relato dando a conocer los hechos, de alguna manera es algo así, algo parecido al epitafio de una vida vacia de mucho pero llena de mucho.

    Mil besitos gordotes

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    1. ¡No puedo decir que estoy en desacuerso contigo!, mi querida Alicia. Un besote, amiga.

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  2. Ese amr filial que va mas alla el entendimiento humano.
    Tanto habria de aprender de fidelidades así.

    Cariños

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    1. Cómo no, Abu. Tenemos mucho que aprender de las "fieras". Un fuerte abrazo.

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    2. Si de las fieras de cuaro patas, porque las hay de a dos que son el azote de la humanidad.

      Cariños

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