martes, 17 de septiembre de 2013

Exaltación del rebuscador

(Centro de la ciudad de Panamá cerca a la Plaza 5 de Mayo. Foto de H. Darío Gómez A.)


"Trabajando, para el pueblo, trabajandoooooo... 
trabajando en todo momento toda una vida me pasé yo, 
si usted quiere en estos momentos voy a contarle lo que hice yo. 
Para lograr mi mantenimiento, fui cocinero, fui pescador, 
fui carpintero, fui panadero, fui carretero y fui leñador... 
 fui comerciante, fui detallista, casamentero y enterrador, 
luego cartero, luego lechero, chicharronero allá en Bayamón...
músico poeta y loco, de todo un poco he sido yo (bis)"
Canción "Trabajando" (Howy Lewis) cantada por Daniel Santos. Disco "Johnny y Daniel, los Distinguidos", 1.979, Fania Records.

Conviene aclarar de entrada que el rebusque no merece ninguna exaltación.  Porque el rebusque es sinónimo de precariedad, de opción alternativa a la falta de oportunidades y a la inequidad. Es el acicate de las autoridades para justificar el subempleo y la informalidad, para disfrazar sus estadísticas mendaces, en fin,  es el expediente al que tienen que acudir los más infortunados para no dejarse de morir de hambre.  Elogiar el rebusque sería tanto como elogiar la terapéutica ejercida desde ultratumba por el venerable José Gregorio Hernández, para curar la enfermedad.

El rebuscador, en cambio, y por supuesto la rebuscadora (en nuestro país la pobreza tiene nombre de mujer), son ciudadanos y aun menores de edad, que con su ingenio  y valentía intentan mitigar los apremios del destino. De esta suerte, los rebuscadores se suben a los buses para vender chocolates de Turquía con dudosa fecha de vencimiento, dan conciertos de arpa llanera para amenizar los atascos del tránsito capitalino, y narran cuentos capaces de arrancar sonrisas o lagrimones a los pasajeros abúlicos del transporte público.  Ni el Gobierno ni los empresarios avaros (no todos, desde luego) se ocupan de los rebuscadores. Pero ante su incapacidad para resolver los problemas sociales, los burócratas deciden bautizarlos. Y para tal efecto utilizan eufemismos tan ridículos como: trabajadores informales, habitantes de calle, adultos mayores, menores adultos, adolescentes en riesgo, mujeres cabeza de familia, discapacitados, “migrantes”, recicladores, “prostitución infantil”, ¡háganme el favor!, población vulnerable, y otras lindezas de tenor parecido.

Y los rebuscadores ocupan el espacio público, claro está. Tienden en los  andenes sus colchas con mercancías ordinarias, algunas candorosas, otras extravagantes; sus versiones “pirateadas” de los “best sellers” y de los estrenos cinematográficos; sus carritos adaptados para la venta de chicharrón y perros calientes, sus termos con tinto y agua aromática; sus maromas de saltimbanqui, sus canciones de Celia Cruz con karaoke y parlante de pilas, qué sé yo. Y eso ofende, es lógico, a quienes se  creen dueños del espacio público que accede a sus propiedades privadas.  De manera que llega la autoridad competente a retirar por la fuerza a los rebuscadores del andén con todo y sus mercancías; y acto seguido nuestros funcionarios públicos (con su caravana de escoltas) ocupan el espacio público recién evacuado por la policía,  estacionando las camionetas oficiales  en los sitios prohibidos e impidiendo el tránsito peatonal por las aceras (como pasa en Usaquén), mientras ellos comen en los carísimos restaurantes de moda  por cuenta de nuestros impuestos.

Pocas veces he visto un cuadro más patético que un camión de la policía con las pertenencias decomisadas a los rebuscadores. Las bicicletas encaramadas a las malas sobre los carritos de hamburguesas lucen desamparadas sin sus dueños; las sombrillas destilan lágrimas terrosas por los pliegues de sus lonas desteñidas, y los cajones de dulces miran con desesperanza sus entresijos regados por el piso.

-“Aquí no hay oportunidad. Capacidades son las que tengo. Fíjese no más la capacidad de aguante. Pero estoy en desventaja. Cada día empezar de cero, buscando los tres golpes, si tuviera al menos el desayuno asegurado.”  

-dice el vendedor del cuento de Aymer Zuluaga. Contundente.  Y eso es precisamente lo que yo elogio del rebuscador: su persistencia, su capacidad de volver a empezar cada día contra todo pronóstico, su desafío al absurdo.  Quizá resulta premonitoria la muerte de Matías Aldecoa (personaje imaginado por el poeta De Greiff), cantada por Álvaro Mutis, así:



La muerte de Matías Aldecoa (Álvaro Mutis)
Ni cuestor en Queronea,
ni lector en Bolonia,
ni coracero en Valmy,
ni infante en Ayacucho;
en el Orinoco buceador fallido,
buscador de metales en el verde Quindío,
farmaceuta ambulante en el cañón del Chicamocha,
mago de feria en Honda,
hinchado y verdinoso cadáver
en las presurosas aguas del Combeima,
girando en los espumosos remolinos,
sin ojos ya y sin labios,
exudando sus más secretas mieles,
desnudo, mutilado, golpeado sordamente
contra las piedras.


 

6 comentarios:

  1. Pues Darío, en España también hay rebuscadores, aquí el eufemismo que se utiliza es el de "trabajadores de calle", e igual que allí, están a su suerte dejados de las autoridades, buscandose la vida cómo pueden dada la brutal penuria económica en la que vivimos... los hay que venden cualquier cosilla en los semáforos, aprovechando el disco en rojo, los que cantan guitarra en mano en estaciones de buses, de trenes de cercanias y metro, los que venden bolsos falsos pero estilosos de Loewe, Carolina Herrera o Dior, los que venden perfumes pirateados, etc. Al principio de la crisis, debido a las protestas de los comerciantes, la policia les incautaba la mercancia y más de una vez tenían que salir corriendo para que no les cogiesen los municipales, dejando atras algún que otro bolso, cinturon o película desparramada por el suelo, que enseguida era recuperada para sí por los transeuntes, pero ahora, la verdad es que hay tregua, pues, hasta sus más acérrimos detractores los comerciantes, comprenden que tambien los rebuscadores tienen que comer y que ganarse la vida.... hijo mío, no sólo en Colombia existen héroes.
    Me sumo a tu escrito que comparto completamente, y, otra cosa te digo, yo soy de las que voy y compro en los tenderetes callejeros de los rebuscadores, comprendo que no pagan impuestos -en detrimento de los comerciantes que sí-, pero es que hasta los héroes tienen que desayunar.

    Mil besitos gordotes

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    1. Es que somos de los mismos, muchacha. ¡Que bueno tenerte otra vez por acá!. Un fuerte abrazo.

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  2. Los hay de todo tipo y diferentes formas de hacer el día.
    Mientras sea el rebusque trabajo es aceptado, sea cual sea las formas.
    En alguna forma como tu dices son heroes silenciosos.
    Y hay qye saberlos ayudar.
    Lo que no acepto es la asistencia por "no trabajar", creo que la dignidad esta en darles los utencillos y enseñarle a pescar.......en regalarle el pescado es biblico.
    Y con los años me desfrauda el ver que los gobienos tiran el dinero en vez de potencializar a aquellos que con tezon desean trabajar.

    Cariños vuelen para alla

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    1. Ciertamente el asistencialismo es bastante pernicioso. Basta ver lo que está sucediendo con nuestro vecino.

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  3. Darío: Cierta vez me invitó a desayunar una ex amiga, digo "ex"porque por después del desayuno cambió mi percepción de nuestra supuesta amistad.
    La mesera vino, y cada una pedimos lo que deseábamos ingerir.
    La plática se tornó interesante al darnos mutuas noticias de nuestras respectivas vidas.
    Inmersas en la plática fuimos atendidas diligentemente por "Yolanda" (así decía el gafete que portaba). Más,de pronto, mi amiga volteó a ver a la chica y le espetó:" ¡oiga, le dije que quería el bistek termino medio y este está muy cocido!", "disculpe señora, en seguida le cambio su platillo", "Ah y este jugo no está fresco, ¡sabe horrible!, ¡Lléveselo!".
    En fin, para no aburrirte, te diré que se quejó de todo, a tal grado que a la chica se le llenaron los ojos de lágrimas. Yo estaba mortificadísima y ya quería salir del restaurant.
    Lo que más me mortificó fue la sonrisa de triunfo que desplegó mi ex amiga.
    Viene al caso, porque hay muchos y muchas que se sienten con el derecho de mortificar y humillar a personas que tienen la necesidad de aceptar puestos con sueldos bajos o que de plano se dedican a vender en la calle lo que pueden.
    Recibe mi cariño de tía: DK

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  4. Esa pose de intolerancia y de humillación a quien nos presta un servicio es detestable. Ciertamente nadie necesita una "amistad" como esa, tía. Un fuerte abrazo.

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