miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sanción social con minifalda o pantalón

(Parejas bailando en Salsa al Parque, 2012. Foto de H. Darío Gómez A.)


Una jovencita de 19 años afirmó haber sido violada la madrugada del pasado 2 de noviembre en el parqueadero del restaurante “Andrés Carne de Res”, el más famoso de los alrededores de Bogotá. Su dueño, el señor Andrés Jaramillo, al ser requerido por los medios para que diera su versión sobre el hecho inaceptable ocurrido en predios de su restaurante, graciosamente -mejor hubiera callado- atinó a decir:  

Estudiemos qué pasa con una niña de 20 años que llega con sus amigas, que es dejada por su padre a la buena de Dios. Llega vestida con un sobretodo y debajo tiene una minifalda. Pues, a qué está jugando”.

¡O sea que la culpa es de la niña por lucir provocativa! Parecería un chiste de mal gusto si no fuera porque la estúpida declaración de Jaramillo refleja el pensamiento de muchos trogloditas que no han podido superar nuestro machismo endémico.

No es extraña en nuestro país la violencia contra las mujeres. Lamentable. Pero lo grave es que más allá del Código Penal, ese "perro bravo que no muerde sino a los de ruana" -como afirmaba Antonio José Restrepo-, de las “investigaciones exhaustivas” adelantadas por las autoridades competentes, y las declaraciones indignadas de los grupos de mujeres con perspectiva de género, no existe en Colombia una verdadera sanción social a este tipo de comportamientos, es decir, hay una suerte de complicidad por omisión igual a la que cobija a la corrupción rampante. Con frecuencia vemos en las páginas sociales a los Congresistas sub judice posando orondos al lado de la “aristocracia” vernácula, o se perdonan generosamente los  timos de los criminales de cuello blanco –gente bien, divinamente, cómo no, ala- con el argumento falaz de que son equivocaciones candorosas producto de la complejidad del mercado bursátil. Nadie los mira mal en el green del Club, eso es comprensible; pero que el ciudadano común, víctima de sus ilícitos, no se indigne ante estos actos, es desesperanzador.

Por supuesto que no se trata de linchar a Andrés Jaramillo por su desafortunado concepto de la mujer, ni que las féminas en un acto de solidaridad con la jovencita de marras se abstengan en delante de acudir a su restaurante –ojalá, allá ellas-; pero qué interesante sería avergonzar al personajón dueño del restaurante y a los que piensan como él, si cada mujer que ingresara a “Andrés Carne de Res” portara un botón con un mensaje parecido al de Sole Giménez -la estupenda voz de “Presuntos Implicados”-, ahora se me ocurre, en los siguientes términos:

“ME VISTO COMO QUIERO, CON MINIFALDA O PANTALÓN, Y NO POR ESO PUEDO SER ABUSADA POR UN TROGLODITA”

Algo así podría ser sanción social.

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