jueves, 22 de agosto de 2013

Con la boca colorá


“Con la boca colorá
No me vuelvas a besar
Pues no se que pueda hacer
Cuando me vea mi mujer…”

Boca colorá, macumbia, fusión de cumbia-mapalé de Pacho Zumaqué


A gatas me vi para explicarle a Doña Inés “del Alma mía, luz de donde el sol la toma……” el origen de la mancha de lápiz labial que un día aciago apareció en el cuello de mi camisa.

Sobra decir que gozo de la confianza inveterada de mi señora en cuanto a los posibles escarceos amorosos por fuera del sagrado vínculo se refiere, presunción de inocencia que me he granjeado, no tanto por su fe en mis atributos morales como por su certeza de mi falta de atributos físicos. Dicho de otra manera, en mi caso la virtud cardinal de la templanza no es una opción voluntaria de santo varón, sino la que más se aviene a mi escasez de recursos financieros y a mi poco agraciada apariencia. Lo cierto es que ella, con tantas cosas importantes que tiene para hacer, no pierde su tiempo en nimiedades. Pero la marca del pecado en cuestión era tan evidente que no pasó desapercibida a su confianza ciega (o casi ciega). De modo que como corresponde a un hombre respetable, no tuve más remedio que mentirle. Le dije que, en efecto, una de mis alumnas de la universidad no fue impermeable a mis encantos naturales, y al culminar la clase, después de haber salido del salón todos sus compañeros, me arrinconó para robarme un beso. Le aclaré a Doña Inés que al intentar hacerle el quite a los labios trémulos de la muchacha, la huella indeleble de la infamia quedó plasmada en el cuello de mi camisa como la letra escarlata de la novela de Nathaniel Hawthorne. Mi señora que no es muy dada a las referencias literarias para casos tan profanos, se quedó mirándome con incredulidad, de suerte que fue menester confesarle la verdad:

- Mi amor, esa mancha roja es del colorete de la tía Stellita, que me dio un beso de despedida después de haberla acompañado al banco para cobrar la pensión. -

créditos foto: www.flickr.com

viernes, 16 de agosto de 2013

Guía zurda de Panamá II

(El peatón en el Casco Antiguo. Foto de Angela Gómez B.)






(Fotos del Casco Antiguo de Panamá, Agosto 2013. Fotos de H. Darío Gómez A.)

Al curioso lector le habrá pasado que cuando llegan las visitas, uno cierra con premura la puerta de la cocina para que nadie vea (al fondo) el patio de ropas con nuestras intimidades expuestas al sol. Lo mismo pasa con las ciudades. Nos avergüenza el feo perfil de la pobreza, de modo que hacemos lo imposible por ocultarlo. Sin embargo allí está, como una ineludible presencia. Como un infame contraste.

Para acceder al glamuroso casco antiguo de la ciudad de Panamá es preciso cruzar el barrio popular del Chorrillo, famoso por su equipo de fútbol, por el inolvidable boxeador “Mano de Piedra Durán”, por su brava resistencia a los invasores en 1989, pero también por su alta peligrosidad, merced a las fechorías de algunos de sus habitantes, que no todos, pues en su mayoría son esa gente digna y trabajadora, de carne y hueso, de trabajo y de sudor a que alude la canción de Rubén Blades. Siendo así las cosas, las autoridades aconsejan a los turistas llegar al centro histórico en taxi, ojalá durante las horas del día.

En efecto, el hermosísimo casco antiguo viene sufriendo un proceso de restauración arquitectónica y monumental que hará de este encantador lugar uno de los sitios coloniales más preciosos del mundo. Hagan de cuenta, Cartagena de Indias. Mas, entretanto, como en el cuento de la “casa tomada” de Julio Cortázar, la tromba de proyectos inmobiliarios viene arrinconando a la pobrería. Es frecuente ver en las ventanas de los edificios desvencijados, letreros denunciando que las pocas playas que restan del casco antiguo (y que eran su único espacio de esparcimiento dominical) están siendo adoquinadas. Es el precio de la restauración urbana que generalmente pagan los pobres y beneficia sólo a constructores e inversionistas. Muestra de ello es el infortunado (a mi juicio) tramo de la Avenida de los Poetas que actualmente se construye sobre el mar, rodeando el casco antiguo de la ciudad, cuyo único fin es conectar la calzada de Amador (donde se desarrollan lujosos proyectos inmobiliarios a partir de costosos rellenos marinos, contraviniendo la normatividad vigente y atentando contra ecosistemas frágiles, según los expertos) con la cinta costera de la Avenida Balboa, para que los encopetados propietarios de los nuevos condominios no tengan que enfrentarse con la fealdad de la pobreza (del barrio del Chorrillo) en su camino hacia la zona bancaria, comercial y residencial de Punta Paitilla. Pero es que los banqueros, los inversionistas y sus abogados sólo buscan su propio beneficio como quedó dicho. A lo mejor Balboa, el descubridor del Pacífico, prefiguró las marrullerías de los letrados cuando escribió al rey de España (según refiere Arciniegas), que: "V.A. mande proveer que ningún bachiller en leyes pase a estas tierras, so una gran pena, porque no ha pasado ninguno que no sea diablo, y tenga vida de diablos, y no solamente ellos son malos, sino que hacen y tienen forma para que haya mil pleitos y maldades..."


Sin embargo el descanso dominical no distingue clases sociales, de suerte que mientras terminan de cercar con el horroroso viaducto de marras lo que resta de las playas del casco antiguo de Panamá, los habitantes del Chorrillo seguirán siendo felices haciendo sus asados dominicales con cerveza, balón de fútbol y música de reguetón a todo volumen, ante la mirada lejana de los turistas que disfrutan sus manjares exquisitos en los estupendos restaurantes de ese sector de la ciudad.


 
(Fotos del Casco Antiguo de Panamá, Agosto 2013. Fotos de H. Darío Gómez A.)

El canario que descubrió que los trinos en twitter eran lo suyo

(Créditos foto: www.flickr.com) “A la abeja semejante, para que cause placer, el epigrama ha de ser pequeño, ágil, pica...