lunes, 23 de septiembre de 2013

Nada como el porro colombiano


Nada como el porro colombiano....

Eso comentaba yo hace unos meses en el “Salón Málaga” de Medellín mientras disfrutaba  con unos amigos una cerveza helada al calor de ese aire musical colombiano que interpretaba, a la sazón, un versátil dúo de teclado y guitarra. Una turista española me interpeló para aclararme, muy convencida ella, que el porro californiano es mucho mejor. Ofendido por la ignorancia atrevida de la muchacha en cuanto a nuestro género musical, le insistí en que el porro (como la cumbia) sólo puede ser colombiano, si bien tiene grandes intérpretes en otros países latinoamericanos. Entonces la españolita se excusó diciéndome que ella se refería a otra cosa. Yo  también me sentí avergonzado por mi defensa tan vehemente del porro equivocado, de modo que le ofrecí disculpas, aduciendo torpemente (peor la disculpa que la culpa) que yo de marihuana sé más bien poco.

Pero revisemos el origen de esta confusión tan trivial: el error, creo yo, provino de mi comentario, como quiera que sobraba el adjetivo “colombiano”, ya que, como se afirmó anteriormente, el porro es colombiano por antonomasia. No obstante, llama la atención que el diccionario de la RAE no traiga en ninguna de sus acepciones de porro la de (se me ocurre en este instante): festivo aire musical del Caribe colombiano, resultado del sincretismo cultural indígena, africano y europeo, arraigado en la cuenca del río Sinú (¡ah, caramba!). Y en cambio si trae en su tercera acepción la de: cigarrillo liado, de marihuana, o de hachís mezclado con tabaco”. Comprensible, entonces, la afirmación de la jovencita (que sus razones tendría para ponderar el porro californiano), y el equivocado era yo pues de esos porros desconozco, no tanto por mi virtud cardinal de la templanza, que la tengo escasa (debo confesar que me gusta el aguardiente antioqueño) sino porque nunca me la ofrecieron, y ahora, con medio siglo de vida encima, no voy a empezar a fumarla.

¡Ah! pero el porro sabanero ...... ese si es una delicia para los oídos, un elíxir para alegrar el alma, un resorte que pone en movimiento hasta las caderas de un tullido. El porro puede ser “tapao” o “palitiao”, o bien fusionado con la cumbia, con la salsa dura y aun con el jazz, como esa  descarga magistral denominada “Mondongo” (diez minutos de sabor), compuesta, si no estoy mal, por Francisco Paredes e interpretada por los “Corraleros de Majagual”. No en vano las tierras Sinuanas, y en general las playas de  nuestro Caribe, han exportado grandes jazzistas iniciados en los sabrosos rítmos costeños como  Justo Almario, Jorge E. Fadul, Julio Arnedo (el padre), Joe Madrid, Armando Manrique (Manricura) y Gabriel Rondón, entre otros músicos del litoral atlántico. En fin, podría extenderme en prosa profana e inútil citando piezas como Carmen de Bolivar -de Lucho Bermudez-, Micaela y la puerca -de Luis Carlos Meyer-, el pájaro picón, quiero amanecer y golfo de Morrosquillo -interpretados por don Pedro Laza y sus Pelayeros-, mi cafetal, don Eliseo o el vaquero. Mas es lo cierto que la música, como el amor,  no están para ser definidos sino para disfrutarlos con el corazón y los sentidos. De modo que comparto con mis queridos colegas peatones un porro que me gusta mucho: "La vaca vieja" de Clímaco Sarmiento, pieza musical interpretada por la orquesta venezolana Billos Caracas boys. Canta Cheo García.

Así las cosas, teniendo en cuenta que en la “Torre de Babel” hispanoamericana, uno nunca sabe si pisa culebra o pisa bejuco, aclaro, para que nadie se llame a engaño, que NO HAY NADA COMO EL PORRO, a secas.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Hay foto

(Epigramas de 10 mega píxeles)



(Gary., Foto de Alejandro Gómez B.)

Para Gary in memoriam




Pinche gato basurero,
Malviviente,
Amigo de vagos y malandrines (entre los cuales me incluyo).
Apostaste en una mala racha de suerte
Tu séptima vida
a la rueda de un camión.
Mas la cuenta estaba sin fondos,
Gato canijo.
¡Y la pelona te llevó!
Bien merecido lo tenías, mugre minino;
Pero el hecho es que apostaste también
Contra la chequera de mi corazón.

 

(Gary, foto de Alejandro Gómez B.)

martes, 17 de septiembre de 2013

Exaltación del rebuscador

(Centro de la ciudad de Panamá cerca a la Plaza 5 de Mayo. Foto de H. Darío Gómez A.)


"Trabajando, para el pueblo, trabajandoooooo... 
trabajando en todo momento toda una vida me pasé yo, 
si usted quiere en estos momentos voy a contarle lo que hice yo. 
Para lograr mi mantenimiento, fui cocinero, fui pescador, 
fui carpintero, fui panadero, fui carretero y fui leñador... 
 fui comerciante, fui detallista, casamentero y enterrador, 
luego cartero, luego lechero, chicharronero allá en Bayamón...
músico poeta y loco, de todo un poco he sido yo (bis)"
Canción "Trabajando" (Howy Lewis) cantada por Daniel Santos. Disco "Johnny y Daniel, los Distinguidos", 1.979, Fania Records.

Conviene aclarar de entrada que el rebusque no merece ninguna exaltación.  Porque el rebusque es sinónimo de precariedad, de opción alternativa a la falta de oportunidades y a la inequidad. Es el acicate de las autoridades para justificar el subempleo y la informalidad, para disfrazar sus estadísticas mendaces, en fin,  es el expediente al que tienen que acudir los más infortunados para no dejarse de morir de hambre.  Elogiar el rebusque sería tanto como elogiar la terapéutica ejercida desde ultratumba por el venerable José Gregorio Hernández, para curar la enfermedad.

El rebuscador, en cambio, y por supuesto la rebuscadora (en nuestro país la pobreza tiene nombre de mujer), son ciudadanos y aun menores de edad, que con su ingenio  y valentía intentan mitigar los apremios del destino. De esta suerte, los rebuscadores se suben a los buses para vender chocolates de Turquía con dudosa fecha de vencimiento, dan conciertos de arpa llanera para amenizar los atascos del tránsito capitalino, y narran cuentos capaces de arrancar sonrisas o lagrimones a los pasajeros abúlicos del transporte público.  Ni el Gobierno ni los empresarios avaros (no todos, desde luego) se ocupan de los rebuscadores. Pero ante su incapacidad para resolver los problemas sociales, los burócratas deciden bautizarlos. Y para tal efecto utilizan eufemismos tan ridículos como: trabajadores informales, habitantes de calle, adultos mayores, menores adultos, adolescentes en riesgo, mujeres cabeza de familia, discapacitados, “migrantes”, recicladores, “prostitución infantil”, ¡háganme el favor!, población vulnerable, y otras lindezas de tenor parecido.

Y los rebuscadores ocupan el espacio público, claro está. Tienden en los  andenes sus colchas con mercancías ordinarias, algunas candorosas, otras extravagantes; sus versiones “pirateadas” de los “best sellers” y de los estrenos cinematográficos; sus carritos adaptados para la venta de chicharrón y perros calientes, sus termos con tinto y agua aromática; sus maromas de saltimbanqui, sus canciones de Celia Cruz con karaoke y parlante de pilas, qué sé yo. Y eso ofende, es lógico, a quienes se  creen dueños del espacio público que accede a sus propiedades privadas.  De manera que llega la autoridad competente a retirar por la fuerza a los rebuscadores del andén con todo y sus mercancías; y acto seguido nuestros funcionarios públicos (con su caravana de escoltas) ocupan el espacio público recién evacuado por la policía,  estacionando las camionetas oficiales  en los sitios prohibidos e impidiendo el tránsito peatonal por las aceras (como pasa en Usaquén), mientras ellos comen en los carísimos restaurantes de moda  por cuenta de nuestros impuestos.

Pocas veces he visto un cuadro más patético que un camión de la policía con las pertenencias decomisadas a los rebuscadores. Las bicicletas encaramadas a las malas sobre los carritos de hamburguesas lucen desamparadas sin sus dueños; las sombrillas destilan lágrimas terrosas por los pliegues de sus lonas desteñidas, y los cajones de dulces miran con desesperanza sus entresijos regados por el piso.

-“Aquí no hay oportunidad. Capacidades son las que tengo. Fíjese no más la capacidad de aguante. Pero estoy en desventaja. Cada día empezar de cero, buscando los tres golpes, si tuviera al menos el desayuno asegurado.”  

-dice el vendedor del cuento de Aymer Zuluaga. Contundente.  Y eso es precisamente lo que yo elogio del rebuscador: su persistencia, su capacidad de volver a empezar cada día contra todo pronóstico, su desafío al absurdo.  Quizá resulta premonitoria la muerte de Matías Aldecoa (personaje imaginado por el poeta De Greiff), cantada por Álvaro Mutis, así:



La muerte de Matías Aldecoa (Álvaro Mutis)
Ni cuestor en Queronea,
ni lector en Bolonia,
ni coracero en Valmy,
ni infante en Ayacucho;
en el Orinoco buceador fallido,
buscador de metales en el verde Quindío,
farmaceuta ambulante en el cañón del Chicamocha,
mago de feria en Honda,
hinchado y verdinoso cadáver
en las presurosas aguas del Combeima,
girando en los espumosos remolinos,
sin ojos ya y sin labios,
exudando sus más secretas mieles,
desnudo, mutilado, golpeado sordamente
contra las piedras.


 

martes, 10 de septiembre de 2013

Hay foto

(Epigramas de 10 mega píxeles)



Murmullos sobre ruedas,
Fragmentos de conversaciones que no encajan
En el Tangram del expreso de las seis.
Igual está prohibido el contacto visual.
Conque mejor es mirar hacia afuera
Donde está la vida fácil
SÓLO SI PAGAS CON TU TARJETA ÉXITO.
50% de descuento en la segunda unidad del mismo producto (¿y de la vida misma?).
Ojo a la letra menuda.
¡Como si tuviera uno ánimos para reencarnar!

(Foto de H. Darío Gómez A.)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cursilario


Mi querida amiga Aura, cuya dulzura es directamente proporcional a su belleza, preparación e inteligencia, me escribe desde España lo siguiente con ocasión de la publicación de mi post "Asesinatos Prosaicos":  

"Sabes, yo prefiero, aunque cursi y dulzóna, la alegría de querer del fallecido Jairo Anibal Niño. Creo que las pequeñas violencias suman hasta llegar a las grandes. Perdona si no cometo algún crimen diferente al entusiasmo que subyace a tu prosa de asesinatos".

Entonces le respondo diciéndole que yo también reivindico la cursilería. Es más, como dice Rodrigo Peláez, mi entrañable pariente y amigo: "El que no ha sido cursi en la vida, es porque nunca ha amado"

Y para la muestra tres botones que cosí ahora años:

LA ARITMÉTICA ES SIMPLE (1.983)

En tu cuaderno de matemáticas
uno mas uno éramos los dos,
y la división de tus onces
no tenía residuo.

La aritmética es simple,
me dijiste un día.
Hoy sólo nos resta
el recuerdo.



S.O.S (1984)

Como era un náufrago alejado de tus trenzas,
durante el recreo puse mi S.O.S. de amor
dentro de una botella de Coca-cola
y la tiré al fondo de tu pupitre.
Cuando la encontraste,
vi tu cara de sorpresa
y la felicidad con que corriste a la tienda del colegio
para cobrar el depósito.
Nunca leíste el mensaje,
mas yo quedé esperando tu rescate.



ASTRONAUTAS (1.985)

Tu y yo fuimos astronautas
girando alrededor de la vida
en nuestra nave de propulsión sanguínea
como si tal cosa.

Se agotaba el combustible
y optaste por el aterrizaje.
Pero yo seguí girando, girando, girando…

créditos foto: www.flickr.com

Los puntos susp......versivos

En el reino de las líneas, los puntos eran vistos con desconfianza. Y era natural, pues las líneas, siempre organizadas como un...