martes, 30 de diciembre de 2014

A la buena poesía también se llega por la mala poesía


(Mujer rolliza de Botero en el Museo de Antioquia. Foto de H.D. Gómez A.)

(Créditos foto: www.flickr.com)

No recuerdo de quien es la máxima que da título al presente post, pero a mi pariente Rodrigo Peláez y al suscrito nos ha servido de pretexto  para tertuliar (si se admite el verbo) sobre lo cursi. En tal virtud, hemos recitado con mucha prosopopeya los versos de doña Amparo Canal de Turbay, epítome de la cursilería, nomás por el placer mezquino de contrastar sus rimas disparatadas, pongamos por caso, con los párrafos sublimes de un Robert Graves.

En esta ocasión, y por pura falta de oficio en estos días decembrinos, Rodrigo trajo a colación un poemilla encontrado en un recorte de periódico del año 1942, cuando aún había desocupados que comentaban las noticias en verso. Para el caso que nos ocupa, los versos versan sobre un hecho de sangre (muy prosaico, por cierto) producto de los celos.

Transcribo a continuación el aporte de Rodrigo a la tertulia de hoy.


“Darío: este es el poema del que te hablé, si es que puede llamarse poema a este re-cursi esperpento producto de un recursivo poetastro anónimo. 

Los hechos: el lunes 21 de diciembre 1942 Rosa Blandón le rompió en la cabeza un tubo de cemento a su esposo Roque Rozo, porque lo encontró enamorando a una fámula.

Rosa Blandón vs Roque Rozo

-Es mi pasión cual tremulante axioma,
Que con tu esencia virginal empalma…
Vos sos la aeronáutica  paloma
Que cuando Efebo en el zenit asoma
Acuatiza en el piélago de mi alma.

-Para elevar mi frágil existencia
cual astro rey a la región vacía
y alcanzar de tu amor la omnipotencia
deja que el netar de tu casta esencia
perjume mi sectaria anatomía!

-¡Cómo es vusté de fino y de galante!
-No, mi amor. Es que yo, cual el artista
de mente aristotélica y pensante,
bebí mi espiración piedracielista
en las mesmas termopilas del Dante.

Y haciendo así de su elocuencia gala,
Mientras lucía una especial sonrisa
Conquistadora , le arrastraba el ala
Roque Rozo a una fámula rolliza.

Pero cuando se hallaba en la fina
De aquel idilio dulce y cadencioso,
Saltó de una manera repentina
Al escenario la mujer de Rozo.

-¡Ah, maldito infidelio tuntuniento!
-dijo Rosa Blandón- y acto continuo,
con ademán feróstico y violento
le quebró a aquel esposo adulterino
en la cabeza un tubo de cemento.”



Escuchado el anterior poema, concluí que yo tampoco hubiera sido capaz de firmarlo.

En 2015 la cuestión será moverse

(El peatón ascendiendo al nevado "Pan de Azucar" en la Sierra Nevada del Cocuy. Foto de Pacho Hernández)




Essper dijo: "Yo he visto más cosas de las que recuerdo y recuerdo más cosas de las que he visto". Así pasa con los grandes viajeros. Sin embargo, coincido con R.L. Stevenson en que "la cuestión es moverse"

Siendo así las cosas, deseo a los ilustres peatones que visitan este blog, un año 2015 muy movido.

Un fuerte apretón de mano.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Peces antediluvianos





A pesar de la orden perentoria de Yahvéh Elohim, Noé, hombre justo y cabal, fracasó en su intento de salvar una pareja de peces, que, pudiendo nadar con pericia bajo el agua, murieron sofocados sobre el piso impermeable del Arca.

Créditos foto: "El peatón en la Sierra Nevada del Cocuy", foto de Francisco Hernández

lunes, 1 de diciembre de 2014

Fax

Algo para no olvidar ese aparato que revolucionó las comunicaciones de los años ochentas del siglo pasado, y que a los ojos de los niños de hoy luce como un curioso anacronismo: el fax


Por: Darío Gómez (1.994)

Respetada Señora:

Acuso recibo de su hoja de vida con foto
enviada vía fax.
No obstante, me pareció
que el papel térmico se estremeció
con el contacto tibio de sus labios.
Yo nunca he confiado en esos aparatos
y temo por su integridad.
De modo que le ruego
enviarme sus besos
en original.

créditos foto: www.flickr.com

jueves, 20 de noviembre de 2014

El fútbol de potrero que yo recuerdo



(juego de pinball, foto www.flickr.com)

Nunca fui buen futbolista. En rigor, ni siquiera malo, porque aprendí a tiempo que las gambetas con la pecosa no eran lo mío. Sin embargo, esa deficiencia deportiva no mermó mi gusto (convertido luego en pasión de hincha) por el fútbol. Recuerdo que mi hermano mayor, desde niño, fue bueno para cualquier deporte que se pudiera practicar en potrero o pavimento, a saber: fútbol, béisbol o basquetbol. Quizá la recuperación milagrosa de una poliomielitis padecida en la infancia obligó a Sergio a demostrarse a sí mismo que podía ser mejor que cualquiera en la práctica deportiva a pesar de tener una pierna más delgada que la otra. Y así fue. 

Recuerdo que me sentaba al borde de la cancha del Colegio Calasanz a mirarlo jugar fútbol, y veía cómo su pie acariciaba con ternura el balón, lo golpeaba suavemente para hacerlo avanzar  sobre el terreno pelado, meterlo entre las piernas del contrincante sin que se le fuera demasiado lejos, como en un juego de pinball, para recuperarlo incólume después del regate. Lo curioso era que el balón lo esperaba más adelante, como obedeciendo las instrucciones de su amo, y entonces mi hermano llegaba en tres zancadas desconcertantes para rozarlo nuevamente con el pie, se detenía intempestivamente y pateaba ¡flap! con una potencia inverosímil, ya para sorprender al portero mal parado en el arco, ya para colocar un pase impecable, como con la mano. Hagan de cuenta un Garrincha en ciernes.

Así era el fútbol de potrero que practicaba mi hermano. Lo cierto es que anteayer, durante el partido de la selección Colombia contra el onceno de Eslovenia, tuve la dicha de vislumbrar en nuestros jugadores ese fútbol juvenil y vistoso de potrero, que luce hoy como un hermoso anacronismo de muchachos de barrio, frente al fútbol eficiente practicado en la actualidad (como debe ser) por deportistas de alto rendimiento.

Gracias por esa dicha muchachos.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Ruta 136 al servicio del servicio doméstico (notas de trabajo)

Estas son mis notas para la crónica gráfica de una ruta de bus muy particular (aunque se trate de un servicio público), concebida únicamente para que las trabajadoras del servicio doméstico, o sea, particular, puedan llegar hasta las lujosas mansiones de Pinecrest, en el exclusivo sector de Coral Gables, donde prestan sus servicios a un público, hay que decirlo, igualmente particular.


La ruta 136 sólo funciona de lunes a viernes, de seis y media a nueve de la mañana, con rumbo a las hermosas mansiones, vía Old Cutler Road.

Es un servicio en el que (aparte del cronista circunstancial) todas sus usuarias son mujeres. Durante dicho horario, otras laboriosas mujeres aprovechan la ocasión para vender empanadas y café en la estación de salida Douglas Road Metro Rail Station. Es el rebusque (perdonen el colombianismo), es decir, la "solución ocasional e ingeniosa con que se resuelve una dificultad", según reza la segunda acepción del diccionario de la RAE.




Aquí sólo se habla español, ya sea con acento dominicano, colombiano, cubano, peruano, ecuatoriano, hondureño, venezolano, salvadoreño, mexicano, en fin, latinoamericano.





 Mientras se dirigen al trabajo (todas se conocen y se saludan por su nombre), hay tiempo para compartir las fotos de los hijos, hablar de la patria que se quedó atrás, de la incertidumbre, del asilo, de la deportación, del abogado en causas de inmigración que se quedó con su salario, qué sé yo, de la vida y de la nostalgia.


Y a medida que discurre por la panorámica Old Cutler Road, el bus 136 se va desgranando como una mazorca hasta quedar sin un sólo grano en la calle 136 del SW con la US 1.
















La ruta restablece el servicio de tres a seis de la tarde para el regreso de las trabajadoras a sus hogares, donde, muy seguramente, seguirán ejerciendo el oficio para beneficio de sus seres queridos, ya no digamos a ocho dólares la hora, sino por puro amor, que, como se sabe, no tiene precio ni horario regular.

!Que grandeza y dignidad la de estas valientes mujeres!

(ofrezco disculpas por la deliberada mala calidad de las fotos, hechas con un humilde teléfono celular del tercer mundo, y por la precariedad de los signos de puntuación debida a un teclado poco amigable con el idioma castellano)

!Y perdone la letra, patrona!




martes, 4 de noviembre de 2014

En el tren de seis, en el tren de seis......

"Puedes irte, puedes irte cuando quieras puedes irte (...)"

Claro está, si en Colombia hubiera tren. Pero los mezquinos zares del transporte por carretera nos negaron la posibilidad de un transporte eficiente de carga y el bamboleo encantador de un vagón, así sea de tercera.

Taking the A Train






(Fotos de Angela M. G`omez. La Florida)

Entretanto, rodar sobre rieles ajenos para calmar mi pasión pueril por los trenes.

martes, 21 de octubre de 2014

Los arroyos de Barranquilla

Según la mirada de un náufrago bogotano




"Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir"
Jorge Manrique



El Peatón cuenta que...

Los arroyos son mitad calle y mitad río; son, digamos, la especie anfibia de las calles; o mejor, son ríos dormidos camuflados como calles. Son, en todo caso, los agentes secretos del río madre. Durante las lluvias equinocciales, las calles de Barranquilla recuperan su vocación acuática y se despierta en ellas un instinto fluvial como respuesta al llamado atávico de la corriente. ¡Pero cuidado! este fenómeno tropical no es tan inocente como parece; el río Magdalena cobra a sus afluentes temporales un tributo de vidas humanas. Se sabe que desde la época del naufragio de los bergantines de Don Pedro Fernández de Lugo son muchos los incautos que han sido víctimas propiciatorias de este tributo infame. Mediante tal artificio, el río madre ha reclamado para sí a conquistadores españoles, amas de casa apuradas, agentes viajeros desprevenidos, amantes furtivos, niños inquietos, y borrachos envalentonados por el elixir de la dicha.

Sin darnos cuenta, los arroyos de Barranquilla acechan de forma permanente nuestras vidas precarias. Desde las alcantarillas, que son como sus agallas, nos miran pasar con algo de lástima, esperando la llegada de las lluvias para arrastrarnos con nuestros sueños y miserias hasta las aguas del río Magdalena, ávido de criaturas terrestres.

¡Ojo con esa calle que te espera con perfidia! ¡pilas con ese arroyo que te mira con lascivia de Caronte enguayabado……!

créditos foto: www.elheraldo.com

miércoles, 8 de octubre de 2014

Sopa de menudencias

De mi recetario del rebusque



Ingredientes:
Un corazón acibarado,
el hígado conservado en alcohol,
los sesos extraviados
y dos patas sin rumbo.
¿Agua? Muy poca.

Elaboración:
Se sazonan bien las menudencias con la sal de las lágrimas
y luego se escancia más licor.
A las dos horas uno se da cuenta de que la sopa se echó a perder,
como tantas cosas en la vida.
Entonces conviene encargar la comida a un restaurante Chino,
y tragar enteras las galletas de la fortuna.


créditos foto: www.flikr.com

viernes, 3 de octubre de 2014

¿A quién le interesa desalentar el uso del SITP?

(Foto: www.flickr.com)


(Foto de H. Darío Gómez A.) 


Don Enrique Santos Molano, siempre tan acertado en sus opiniones acerca del transporte público en Bogotá, nos pone de manifiesto en su artículo de hoy en EL TIEMPO las bondades del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP por su sigla).

Yo comparto su criterio en cuanto a la comodidad e higiene de los buses, la amabilidad de la mayoría de sus conductores y el hecho de no viajar espichado. Sin embargo, me aparto de su percepción idealizada en cuanto a la frecuencia puntualísimade ocho minutos. En efecto, como usuario frecuente del SITP he tenido que padecer un fenómeno que yo, malpensado como soy, atribuyo a la teoría de la conspiración.  Pareciera que los mismos operadores (a regañadientes) del sistema prestan deliberadamente un mal servicio para desalentar su uso por parte de los ciudadanos, con el fin mezquino de condenar al fracaso el modelo. Sucede que los usuarios del SITP, conocedores de las bondades que cita el periodista Santos Molano, esperamos juiciosos en los paraderos demarcados la llegada de los buses azules que, no con una frecuencia de ocho minutos, sino a veces de hasta treinta minutos, pasan impasibles sin dignarse parar en los sitios designados, pese a la señal insistente de los pasajeros que, frustrados e indignados con la tarjetica verde en la mano, los vemos pasar. Por otra parte, es inexplicable que haya tanto bus del SITP circulando por las vías (contribuyendo a los atascos) sin oficio ni beneficio, portando sendos avisos ofensivos para los pasajeros ilusorios donde se lee: EN TRANSITO (¿al limbo?).


Escuchaba hace unos días (es imposible dejar de atender las conversaciones ajenas en un bus) a unos pasajeros, quizá dueños de buses, conversar sobre la rentabilidad mensual de una buseta frente a un bus afiliado al SITP. Mientras aquella deja en metálico cinco millones de utilidad, el bus afiliado al SITP deja sólo tres millones de pesos. Es natural, porque la buseta circula sin estándares mínimos de comodidad, higiene y mantenimiento y sus conductores están sometidos a la informalidad laboral y por ende, a la guerra del centavo, mientras que el vehículo de transporte público del SITP debe cumplir con todas las normas legales. Y eso cuesta. De ahí que (afirmo a riesgo de teorizar sin mucho fundamento) a los mismos operadores del SITP les conviene prestar  un mal servicio para que las autoridades de la movilidad aborten el proyecto y se vuelva a la informalidad, al caos, en fin, a la infame guerra del centavo a expensas de la comodidad, seguridad y dignidad del sufrido pasajero. Esa es mi peregrina teoría de la conspiración en el SITP.

Héroes insospechados y clandestinos

“Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia.” Walt Whitman Irene & Cia. Una muchac...