lunes, 9 de junio de 2014

Antipatriota

(Paisaje de Santa Sofía, Boyacá. Foto de H. Darío Gómez A.)

Nunca falta el ignorante que me llama apátrida,
queriéndome decir antipatriota.
Pero a despecho de los cavernarios,
yo también tengo nacionalidad colombiana.
Tanta, que me impregnó con el vocabulario suficiente
para extraer de su abstruso significado
el amor que destilan las canciones de cuna,
el lenguaje cifrado de los niños
que echan a volar sus cometas en los potreros,
las señales socarronas que emiten las manos callosas de los labriegos,
el mensaje oloroso de las cocinas 
y aun las voces coloridas de los animalitos.
Y, claro está,
las risas indescifrables de las muchachas con delantal florido
que adornan su mayúsculo paisaje (el de la patria),
con toda la naturaleza que contiene su lienzo frágil.
Lo demás, (o sea, los símbolos),
lo cedo a título gratuito al establecimiento.

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