jueves, 30 de abril de 2015

Arrebol taurino

(Créditos foto: www.morguefile.com, Jetolla)

Son las cinco en punto de la tarde.

La Plaza de Toros tiene aforo completo. Un torero arremete con su estoque contra el astado que bufa iracundo, como presintiendo el final del juego sangriento. Salta entonces un chisguete carmesí que se mimetiza en la arena, mientras el animal, ebrio de muerte, comienza a dar tumbos.

Una hermosa mujer del palco de sombra, toda vestida de grana, vocifera a rabiar: ¡Qué estocada tan preciosa, mataor!

Y cae pesadamente el valiente miura, haciendo retumbar la tarde aldeana.

Yo no veo nada hermoso en ese rito crudelísimo. Supongo que a eso es a lo que deben llamar: "estética de la muerte"

miércoles, 29 de abril de 2015

Noticia rimada un poco sefardí

(www.elespectador.com)


"Si su apellido está en el siguiente listado, usted podría obtener nacionalidad española
En total son 5.220 nombres y apellidos de judíos sefardíes que fueron expulsados en 1492".
El Espectador 24 de abril de 2015


De mi ancestro sefardí no  hay certeza
Pero si, con orgullo, del Quimbaya
Y no hay ni riesgo de que yo me vaya
Por pasaporte ajeno, qué pereza.


martes, 28 de abril de 2015

Noticia "real" un poco rimada

(Foto El Espectador)

Santos nombra a Miss Universo embajadora de Colombia contra la desnutrición
El Espectador, martes 28 de abril de 2015

http://www.elespectador.com/noticias/nacional/santos-nombra-miss-universo-embajadora-de-colombia-cont-articulo-557519

Los niños de La Guajira que 'lloran y no botan lágrimas'

La chicha puede ser su único alimento y la lluvia, su agua. Se desconoce cuántos niños wayúu mueren. El Tiempo, 26 de marzo de 2015


KIKO GÓMEZ, UN GOBERNADOR DE MIEDO, El Espectador, mayo 2013
El 4 de mayo pasado, la revista ‘Semana’ publicó un artículo titulado “Un gobernador de miedo”, en referencia al gobernador de La Guajira, José Francisco ‘Kiko’ Gómez. En el texto se asegura que “nunca un mandatario regional había sido objeto de cargos tan graves”.

Contra el hambre luchará Paulina
Leche y miel llevará a la Guajira
Y aprovechará también la gira
Pa retratarse con Kiko en la mina

lunes, 27 de abril de 2015

Lírica procesal o poética judicial


Salvo algunos artículos de nuestro Código Civil Colombiano -compendio lírico  de normas redactado por un  poeta venezolano que se afincó en Chile-, pocos escritos hay tan prosaicos en el mundo de las letras como los mamotretos jurídicos. Y ni que hablar de los fárragos judiciales. El poeta a que me refiero -ya lo habrán inferido los letrados- es don Andrés Bello, y uno de los felices acápites a que aludo es la definición de “aluvión”, que el artículo 719 del código en cuestión recita así: “es el aumento que recibe la ribera de un río o lago por el lento e imperceptible retiro de las aguas”. ¿No sugiere este verso, acaso, el sutil advenimiento de la soledad con toda su aridez, cuando nos abandona poco a poco y sin darnos cuenta el agua fresca del amor?

Otra cosa bien distinta, más falta de elevación aún, es la literatura judicial. Cunden allí las piezas procesales como la que recibí por correo electrónico hace unos meses, remitida por un colega desconocido que  ponderaba con socarronería “el uso libérrimo del lenguaje y la precisión deductiva de los investigadores”, de la siguiente acta de levantamiento de un difunto:

“El cadáver del difunto se encuentra bocarriba, con la boca abierta y los ojos cerrados, con la cabeza medio ladiada como mirando un guanábano en completa producción, con el brazo derecho estirado hacia un lado y como saludando a alguna persona…”

Texto único e irrepetible en todo sentido!!!

Sin embargo no todo es burdo en la práctica forense. Es más, si en gracia de discusión -como solemos decir los abogados en nuestras aburridas argumentaciones jurídicas- hay una justicia poética, jurisdicción romántica inventada por los literatos para vengarse de los jueces que imparten justicia a favor de los poderosos, resulta equitativo que exista también una “poética judicial”, si se me permite el término, donde los sujetos procesales puedan expresar su pasión libérrima por las rimas. En cualquier caso, hay protomártires de nuestra “poética judicial” que han sabido encontrar en la oscuridad de los despachos y merced a su fascinación por  las letras, algunos expedientes amorosos que suscitan aventuras lírico-forenses, como las que transcribo a continuación:

Este soneto, atribuido a Francisco Ordóñez, fue rescatado por mi querida hermana y colega Adriana –a quién agradezco de paso la colaboración- de sus apuntes de la facultad de Derecho, por allá en los ochentas.

“AMOR LITIGIOSO

Una acción posesoria yo entablara
para probar, con alegatos sabios,
tranquila posesión sobre tus labios,
y derecho real sobre tu cara.

Sé que costumbre inmemorial me ampara
y que son rescindibles tus agravios;
pero al decir de  Ulpiano y de los Flavios,
perdiera el juicio si tu amor ganara.

Responde a mi demanda dolorida
que  clamó en la audiencia suspendida
cuando iba a secuestrarte el primer beso.

Que prescribió la acción has pretendido,
pero mío es el derecho ya adquirido
como consta en las actas del proceso.”

Los siguientes poemas -una demanda, su contestación, los alegatos, recursos y sentencias en varias instancias-, que descubrió mi pariente y amigo Rodrigo Peláez entre los libros raros y curiosos de la biblioteca de EAFIT, son verdaderas joyas de la práctica forense en colaboración, pues si bien la demanda que da inicio al proceso fue escrita por el “Caratejo” Vélez, su contestación –a cargo de Rosa Tulia Varón-, los alegatos, recursos y sentencias subsiguientes, corresponden a otros escritores espontáneos que se fueron involucrando con el tiempo a esa experiencia literaria-judicial colectiva, hasta completar el expediente que a continuación se transcribe, donde el hermeneuta aficionado encontrará, al final de cada actuación, el nombre del autor correspondiente:

“UN PROCESO AMOROSO
ÍNDICE DEL EXPEDIENTE

Este cuaderno contiene
el juicio de amor completo
de un dulce cantor inquieto
que por el mundo va y viene;
es un poeta que tiene
alquilado el corazón,
palacio de la ilusión
castillo de la quimera,
ornado de enredadera,
florecido de pasión.
Julio César Benítez

LA DEMANDA

Hace un año, Señor, estoy queriendo
con todo el corazón a una mujer;
hace un año que en él está viviendo
y no quiere pagarme el alquiler.

A la ingrata le di mis ilusiones
y en pago de su amor se lo alquilé;
la cuenta me negó mil ocasiones
hasta hoy que ante ti la demandé.

Tú que eres juez justísimo y severo,
haz que me quiera como yo la quiero
pues pierdo la paciencia y la razón;

y si no me concedes lo que pido,
¡préstame el policía del olvido
para sacarla de mi corazón!


Santiago Vélez Escobar (El Caratejo Vélez)

CONTESTACIÓN A LA DEMANDA
Señor juez:
Santiago Vélez Escobar, poeta,
a quien aquí le dicen "Caratejo",
me ha dado en alquiler oscura, escueta
habitación, en un corazón viejo.

Allí encontré un retrato, una paleta,
una lira, el pedazo de un espejo;
un carriel, un bastón y una muleta...
¡
era el cuarto, Señor, de San Alejo!
Entré como inquilina. De tal modo
transformé el cuarto aquel a mi acomodo,
que hoy allí todo es ritmo y alegría;

y ese ingrato, Señor, quiere lanzarme
con el solo pretexto de cobrarme
siendo mucho mayor la cuenta mía:


Rosa Tulia Varón

ALEGATO DEL ACUSADO

En el recuento que hace la acusada
de los enseres que tenía Santiago
dentro del corazón, olvidó el mago
número, que nos lo entrega consagrada.

Y no confiesa que, a la abandonada
estancia, horrible fue como un endriago;
y aunque ella en su intención decía "no pago"
embellecióla y la llamó su amada.

Y que en su honor, como burbuja loca,
brotó del corazón hasta la boca
el armonioso verso sibilino,

que es como escala que al azul la sube
dándole alas sutiles de querube
y haciendo menos duro su destino.
Emilio Rico

SENTENCIA PRIMERA

Si hace un año, señor, estás queriendo
con todo el corazón a una mujer;
si hace tiempo que en él está viviendo,
es justo que te pague el alquiler.

Es ingrata. No des tus ilusiones
ni te sujetes más a tal mujer;
es amar peligroso en ocasiones
cuando lleva al olvido del deber.

Como juez, yo sentencio que te quiera,
si no quiere pasar por una fiera
que mata la paciencia y la razón;

mas... si acaso te niega lo que pides,
te concedo, Santiago, que la olvides
y la retires de tu corazón.
Manuel J. Maza

APELACIÓN

La mujer que ante el juez he demandado
porque ha tiempo me debe el alquiler,
a la Corte Suprema hoy ha apelado
y alega, sin razón, esa mujer.

Y a pesar de que nada me ha pagado
hubo la Corte así de resolver:
que como el corazón se lo he alquilado
condéname a tenerla que querer.

Del corazón jamás podré sacarla;
en él hice un altar para adorarla
y su imagen persiste en mi memoria;

ella en cambio a mirarme no se atreve,
y no niega tampoco lo que debe...
pero me declaró la moratoria.


EN CASACIÓN

A la Corte Suprema en casación
ha subido, Santiago, la querella
que le entablaste a la mujer aquella
que fue inquilina de tu corazón.

Ese alto tribunal con atención
estudiará el proceso contra ella,
y absolverá, seguro, a la doncella
de todo cargo y toda obligación:

Y así ha de ser, porque sería injusto
obligarla a pagarte el alquiler
de un corazón donde vivió a disgusto

y el que, como es notorio, nada vale
para vivir en él una mujer
porque está roto y como tal... se sale.
Francisco Campo Rivera

SENTENCIA FINAL


Creo que lo anterior es suficiente,
si en mi disertación no me equivoco,
para afirmar en forma concluyente
que tú, poeta amigo, eres un loco.

Y tú, acusada por indiferente,
codiciada mujer, que amo y evoco,
¿malferiste al poeta?... delincuente
y loca eres también... ¡
o falta poco!

Pero como las cláusulas penales
impiden condenar los anormales
posesos del amor o del demonio,

sentenciar para ello no vacilo
perpetua reclusión en el asilo
o pena capital: el matrimonio.

Cesáreo Rocha

AÑOS DESPUÉS


A los cinco poetas muy gloriosos,
que en el sonado pleito intervinieron,
a pesar de sus versos tan sabrosos,
les anoto que mucho se comieron.

Ni al Sabio Juez, justísimo y temido,
a quien el vate invoca reverente,
ni al genial policía del olvido
se cuidaron de entrar al expediente.

Mas lo esencial del inmortal soneto,
lo que anhela de veras en concreto
el insigne y sublime Caratejo,

es que lo quieran con amor sincero
o que le presten el guardián severo
que brinda olvido al corazón, ya viejo.”
Benjamín Ángel Maya

Y finalizo esta selección judicialmente caprichosa o caprichosamente judicial -que para el caso lo mismo da-, con estos versos del extraordinario poeta antioqueño, Ciro Mendía, en un caso de investigación criminal:

CARTA POLICÍACA 
Mi marido, señor, está mordido de celos.
Que celoso más templado.
Celos de mi canario anaranjado,
Y celos del color de mi vestido.
Sospechaba de Juan, el engomado
Sospechaba de Pedro, el invertido.
Pero ahora, mi Nelson distinguido
Con una pista superior ha dado.
Por esto es necesario mi poeta
Que te cuelgues del hombro la escopeta
Y prevenido estés y en tus cabales
Porque te hago saber, y este es el hecho
Que anoche, en las dos copas de mi pecho
Mi esposo halló tus huellas digitales

lunes, 20 de abril de 2015

"Tiempo de morir", ¿un verdadero western?

(Foto de www.proimagenescolombia.com)



"Por más caro que sea un hombre, no puede costar más que eso"
Juan Sáyago refiriéndose a los dieciocho años de cárcel que pagó –“uno detrás de otro”- por la muerte, en un duelo, del padre de los hermanos Moscote.


Aceptar públicamente que adoro los filmes de vaqueros y que, en cambio, la gran obra de García Márquez -salvo sus reportajes, cuentos y guiones- no me trasnocha, resulta políticamente incorrecto por estas calendas conmemorativas, más todavía en mi patria donde la unanimidad en ciertos temas es endémica. Sin embargo, esa circunstancia tan banal tiene como única virtud la de ser cierta.

Quizá por eso, por tratarse de pistoleros, el guión de la película “Tiempo de morir”, escrito por nuestro Nobel de literatura y aderezado de manera estupenda con diálogos de Carlos Fuentes, me encanta. La historia de García Márquez tiene todas las trazas de un western. Los puristas del género me dirán que una verdadera película de vaqueros sólo se puede desarrollar en un contexto espacio temporal específico, es decir, durante el siglo XIX en un pueblo desértico del oeste norteamericano y nunca, por supuesto, en un pueblo de tierra caliente del trópico colombiano a mediados del siglo XX, como sucede en “Tiempo de morir”.

Más, a riesgo de teorizar sin fundamento, me parece que el verdadero espíritu del western está en sus motivos. La venganza, el duelo, el honor y la justicia por propia mano ante la actitud negligente, cobarde o cómplice de la autoridad, son su esencia. Con lo anterior quiero decir que, estando presentes en una película uno o varios de tales motivos, ésta será para mí un western, sin importar que los hechos ocurran en un pueblo del Japón feudal, como en la película “Los siete samurais” de Kurosawa, o en un pueblo polvoriento de la Guajira, como bien podría suceder en “Tiempo de morir” (en la versión de Jorge Alí Triana de1985).

En el caso que nos ocupa, el motivo central de la película es una mezcla de machismo, honor mal entendido y deseo ciego de venganza de Julián Moscote, que sólo se podrá materializar con la muerte -mediante duelo- de Juan Sáyago, asesino de su padre.  De hecho el duelo, según afirma Elizabeth Frenzel (Diccionario de motivos de la literatura universal), fue considerado durante mucho tiempo como el medio más prestigioso de eliminar ofensas. Su misión consistía, anota Frenzel, no tanto en el castigo de los delitos –recordemos que Juan Sáyago ya había pagado su delito con dieciocho años de cárcel- cuanto en la expiación de la ofensa como única vía para una posible reconciliación.  

La película “Tiempo de morir”, tanto en su primera versión de 1965 (la del mexicano Arturo Ripstein), como en la versión colombiana de Jorge Alí Triana (1985), está cundida de frases lapidarias que, lejos de restarle mérito, constituyen uno de sus encantos.  No hay que olvidar que guión y diálogos fueron escritos por dos gigantes de la literatura contemporánea. Acá algunas frases que me conmovieron:

“Tienes tanto miedo de matar que lo vas a matar de puro miedo...”
"Creo muy poco en lo que veo y en lo que me cuentan, nada"
"Dicen que se quedó como ensimismada"
“Un muerto pesa mucho”
"Yo no vine en plan de pelea, yo nomás vine"
"Por más caro que sea un hombre, no puede costar más que eso"

Y, cómo no, al igual que una película de pistoleros en el lejano oeste norteamericano, “Tiempo de morir” culmina con un plano americano que detalla el duelo mortal entre el impetuoso Julián Moscote (Sebastián Ospina) y el prudente Juan Sáyago (Gustavo Angarita), que, ante el acoso interminable de aquel, se ve en la encrucijada de matar o morir.

Ahora bien, en gracia de discusión, como dicen los letrados, si me fuera dado realizar una tercera versión intemporal de “Tiempo de morir” en el más puro formato western, la rodaría en un desfiladero de Arizona con el siguiente reparto en sus mejores épocas:

Juan Sáyago: Clint Eastwood
Julián Moscote: Mel Gibson
Mariana (la eterna novia de Juan Sáyago): Sofía Loren
Música: Ennio Morricone

La historia de García Márquez es, en todo caso, extraordinaria, y para reafirmar mi gusto por el western, tendría que agregar en su defensa el siguiente argumento de Borges: "Creo que en la actualidad, cuando los literatos parecen descuidar sus deberes épicos, son los westerns los que, por extraño que parezca, han rescatado la épica..." (The Paris Review, 1967).

El Cementerio Central: Necrópolis a escala social



(Fotos de H. Darío Gómez A.)


“Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien”.
Epitafio de Molière.



“Perdonen que no me levante a saludar.”

Epitafio en la tumba de Groucho Marx



Se puede tener una buena lápida como se tiene un buen traje. Pero mejor aún si se tiene una cripta o un monumento familiar con una escultura de Tenerani o de Sighinolfi. Eso da estatus. En el Cementerio Central se repite, pues, la veleidad de los vivos que, después de muertos, quieren conservar sus privilegios. En el centro de la elipse -el cementerio está construido en forma elíptica-, más cerca de la capilla y por ende más próximos al paraíso, se encuentran los lujosos mausoleos construidos en mármol de Carrara, piedra tallada y ornamentación, que parecen los más convenientes para los fieles difuntos de estrato seis. También descansan allí los huesos de nuestros próceres y ex presidentes, de notables e industriales, en fin, de la gente ilustre de la ciudad o según dicen algunos, de la gente “bien”, como si no hubiera en Bogotá tanto ciudadano bueno aunque escaso de dinero y apellidos.

A veces, de puro desocupado me da por leer las inscripciones de los monumentos fúnebres, y me parece que estuviera ojeando la página social de una revista del corazón. Encuentro Pizanos y LLeras, Dávilas y Koppel, Michelsen y Portocarreros, Pombos y De Narvaez, Valenzuelas y McAllister, muy pocos Gómez, entre ellos Laureano Gómez, no faltaría más. Y no es que nos muramos menos los Gómez, sino que en el Cementerio Central los de ese apellido están un poco más lejos del paraíso, como quien dice, en los círculos del purgatorio de Dante adonde se llega por la soberbia o por los males de amor que hacen ver recto el camino torcido y, claro está, por el exiguo presupuesto que más se aviene a su condición de almas vergonzantes en tránsito a la eternidad.

Más allá, en los márgenes, aunque también podría decir sin temor a equivocarme, en “el más allá”, están los otros, los de inferior estrato social. Allí es común encontrar mausoleos colectivos y democráticos. Me refiero, por ejemplo, al edificio funerario del sindicato de barrenderos y trabajadores de la Ciudad, cuya sobria dignidad nos da una lección de pulcritud en el oficio y en el alma. También están por esos lares, es decir, hacia la entrada occidental del cementerio, los sepulcros sindicalizados de los trabajadores ferroviarios, los proyeccionistas de las salas de cine, los vendedores de lotería, los voceadores de prensa, los panaderos, los maestros de obra y aun de los matarifes. Cosas así nos enseñan que el mutualismo y la solidaridad no sólo convienen en vida, sino que también contribuyen al “mejor estar” eterno, sin necesidad de contratar onerosos servicios de asistencia integral prepagada que van de la cuna al sepulcro.

Aun más allá -sigo con el juego de palabras-, porque hay un más allá, al menos en el Cementerio Central, en otro solar hacia el occidente separado por la carrera diecinueve, están los columbarios con sus nichos vacíos donde alguna vez fueron inhumados los menos afortunados en vida, y donde hubo fosas comunes para enterrar a las víctimas del 9 de abril de 1.948, que fueron muertas a punta de cachiporrazos, puñaladas, machetazos, fusilamientos y tiros de gracia.


Y para que nadie olvide que la vida de todos tiene valor, a despecho del poeta que dijo: “no somos nada”, un alcalde mandó escribir en lo alto de las galerías de la antigua necrópolis de la calle veintiseis, varios letreros en pintura negra, que dicen: “LA VIDA ES SAGRADA”. Amén.

Enhorabuena el Centro Nacional de Memoria Histórica ha erigido en ese predio el Monumento -y pronto Museo- Nacional de la Memoria, para no olvidar a las víctimas de nuestra violencia inveterada, en este país de desmemoriados. Nuevamente, amén.

lunes, 13 de abril de 2015

El precio de la boleta: ¿una barrera de acceso a la Feria del Libro?


"También en las artes y las letras el industrial desalojó al artesano"
Nicolás Gómez Dávila


El próximo  21 de abril de 2015 se iniciará  la vigésima octava versión de la Feria del Libro de Bogotá, un importante evento que es para la cultura del libro iberoamericano, guardadas las proporciones, lo que es La Divina Comedia de Dante para vislumbrar el pensamiento de la Edad Media. Es una estupenda oportunidad, ya no digamos para el encuentro de escritores y editores con el gran público, sino también para el deleite del ciudadano de a pie que cuenta con este espacio estelar para acercarse al libro que le es tan esquivo en otras épocas del año, ora por desinterés, ora por falta de tiempo o de dinero (sobran excusas para no leer). Lo cierto es que si bien la afluencia de público ha sido masiva históricamente, hecho que se ha visto reflejado en el éxito de las ventas, también lo es que muchos asistentes no pueden adquirir libros durante la feria por sus precios tan elevados sumados, cómo no, al costo de las entradas. Se me dirá que siete mil pesos (valor de la boleta) no es gran cosa, pero si uno multiplica esa cifra por cinco (tamaño promedio de una familia), resulta una suma representativa para muchos bogotanos de escasos recursos. En nuestro Sistema de Seguridad Social en Salud, que es el que más conozco, se ha acuñado el término, “barrera de acceso financiera”, para significar que la cuota moderadora, por barata que sea, puede llegar a impedir el acceso a la atención médica de la población más vulnerable, en contra vía de la política pública de fomento de la salud, o de la lectura para el caso que nos ocupa. 


Con lo anterior no quiero decir que la entrada deba ser gratuita (sería inmanejable el evento en Corferias), sino que el valor de la boleta podría ser más democrático: pongamos por caso, tres mil pesos por adulto y dos mil pesos por niño, que es más o menos, al cambio oficial, lo que cobra la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.  De igual forma, considero que los asistentes al evento podrían recibir más por el precio de la boleta que pagan. Yo recuerdo que hace veinte años, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, los patrocinadores del evento eran más generosos y realizaban en las  tarimas del recinto ferial varios conciertos con artistas famosos de los países invitados, y las editoriales otorgaban a los asistentes precios de feria mucho más favorables que los de vitrina en las librerías de la ciudad. Pero ya no. Conozco varios lectores que han dejado de acudir a la Feria del Libro porque encuentran en las librerías tradicionales de Bogotá todas las novedades de feria a precios inclusive menores que en el evento en cuestión. Y sin pagar siete mil pesos de más (amén de taxis y refrigerios), ni padecer las multitudes.


En fin, es una idea disparatada e insustancial de un peatón amante de los libros, que ni quita ni pone. Mas, es lo cierto que hay en la calle una sensación, cada vez más generalizada, de que los patrocinadores, organizadores  y expositores de la Feria Internacional del Libro de Bogotá se están anquilosando por la fama, volviéndose cada vez más avaros y menos creativos.  No sólo lo digo yo, también “me lo dijo Adela”.



El canario que descubrió que los trinos en twitter eran lo suyo

(Créditos foto: www.flickr.com) “A la abeja semejante, para que cause placer, el epigrama ha de ser pequeño, ágil, pica...