miércoles, 8 de abril de 2015

Oficios humildes de los astros

(Ocaso en un pueblo de pescadores. Foto de H. Darío Gómez A.)


Xué y Chía alguna vez fueron dioses, quien lo creyera. Así los nombraban con temor reverencial nuestros ancestros, porque al fin y al cabo eran los vigilantes del cosmos, que no es poca cosa.

Mas, hoy sus descendientes posmodernos los llamamos de manera prosaica, sol y luna; así nomás. Y nuestra relación con tales astros es la misma que tenemos con la madre tierra: utilitaria a la manera de las enseñanzas de Jeremías Bentham. 

El uno nos seca la ropa, nos da su energía, y la otra nos alumbra en las noches con su linterna de plata.

Ya no hay reverencia. Al contrario, Xué y Chía nos trabajan a destajo, sin prestaciones ni contrato. Avaros, les exigimos demasiado sin ofrecer nada a cambio; como acostumbran los amos con sus criados.

2 comentarios:

  1. Hay pensamientos poéticos en tu prosa, y a la vez realidad aplastante. De cualquier manera un escrito breve a la vez que agradable y lleno de contenido.
    Un afectuoso saludo, desde este ocaso ibérico que envía el sol para que amanezca en esa orilla.

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    1. Gracias, Chela, te recibo el sol como relevo de la antorcha olímpica. Un abrazo

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