lunes, 30 de marzo de 2015

La poesía del adiós



Cuando en 2008 el Director de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia nos advirtió a los padres de los primíparos que, a lo largo de los cinco años de la carrera de nuestros hijos seríamos indistintamente sus actores,  asistentes de dirección  (arte, locación, vestuario, etc), auxiliares de producción (mandaderos, catering, etc) y aún productores (financiadores), pensé que se trataba de un chascarrillo del Director para romper el hielo en la sesión de bienvenida. Pero no. En efecto, durante su pregrado fui con mucha precariedad (que mi hijo Alejandro compensó con trabajo, esfuerzo y disciplina) todo eso y algo más que me resulta inconfesable.

Lo cierto del asunto es que, habiendo sido todo lo anterior, ya he perdido cualquier atisbo vergüenza, hasta el punto de atreverme a fungir de comentador del documental de Alejandro, titulado “La poesía del adiós”, que les pongo de presente a mis queridos amigos de “La pata al suelo”.

“Nadie muere realmente mientras haya quien lo recuerde”. Así reza un epitafio en la tumba de Natividad Solís en un cementerio de Cali. Acaso estas palabras resumen la complejidad de los sentimientos que acompañan la tristeza del deudo frente a la muerte del ser querido: remordimiento, tranquilidad, frustración, nostalgia, rabia, qué se yo. 

Un hacedor de lápidas, maestro de artes plásticas de la Universidad de Antioquia por más señas, comparte su visión de la muerte desde la estética, cómo no. Cada deudo, arguye el maestro, quiere plasmar en la lápida una imagen ideal del trance de su muerto hacia la eternidad: un ángel que le extiende la mano, su retrato de mejores épocas, el escudo del Atlético Nacional del cual era seguidor furibundo, en fin, una virgen que lo acoge amorosa en el portal del cielo.

Por su parte, un hincha del Santa Fé, en Bogotá, no cree en lápidas ni en tumbas; de suerte que se manda tatuar en un brazo la imagen de su parcero muerto por la intolerancia, para llevarlo siempre consigo.

En el cementerio de San Juan del Cesar, en la Guajira, un admirador de Juancho Rois, famoso acordionero y compositor vallenato, se duele de la pobreza de la tumba de su ídolo y opina que en lugar de un epitafio manido mejor hubieran grabado en su lápida la letra de una sus canciones.

El enterrador del cementerio de San Pedro, en Medellín, después de varios años de estar colocando lápidas en los columbarios, considera que los deudos quieren corregir en los epitafios las omisiones que cometieron en vida con el muerto:  palabras nunca dichas, sentimientos no expresados, perdones aplazados.  Concluye asimismo, que muchos epitafios reflejan la idealización de un muerto que en vida quizá no fue tan virtuoso como aparece inscrito en la lápida: padre amoroso, fiel esposo, inmejorable amigo.

Sea como fuere, en “la poesía del adiós”, para prolongar la memoria de los muertos, conviven en una misma lápida (si el término se admite) lo cursi y lo sublime, elementos tan disímiles como el escudo del Santa Fé y el epitafio del poeta J. Keats que nos recuerda con estoicismo admirable: “Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua”

jueves, 19 de marzo de 2015

Guía zurda de Chiquinquirá



(Ermita sobre un tejado y Basílica de Nstra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá. Fotos de H. Darío Gómez A.)

"De Chiquinquirá yo vengo de pagar una promesa..."
Canción popular colombiana


En Chiquinquirá hay iglesias católicas como en el centro de Bogotá haber casinos. Prácticamente una cada cuatro manzanas. Y es natural, porque dicha ciudad del occidente de Boyacá es la capital católica donde se rinde culto a la Reina y Patrona de Colombia: la Virgen de Chiquinquirá, cuya imagen deteriorada en un  lienzo apareció, como por arte de un photoshop milagroso, renovada ante los ojos candorosos y alucinados de los indios cocas que le construyeron una capilla para su adoración.  De modo que esa herencia española, la Iglesia, cunde por todo el municipio en forma de catedral, basílica, santuario, ermita, capilla o convento, para consuelo de los peregrinos que vienen de toda la patria y aún del exterior a conmemorar el milagro Mariano, acaecido un 26 de diciembre de 1586.

Pero también hay plazas en Chiquinquirá. Eso es evidente. La plaza no puede faltar en ninguno de los mil y pico de municipios colombianos, porque la plaza es el ágora de nuestros paisanos, o como decía Arciniegas, “es ese teatro abierto a toda nuestra vida, con su árbol, su pila o su estatua…”, en fin, otra herencia -no todas fueron malas- que nunca dejaremos de agradecer a los españoles.

Más, como resulta lógico, el ambiente del municipio permanece en olor de santidad, como los fragantes mártires del santoral católico.  Ya desde la plaza principal uno percibe el aroma del incienso que venden los comerciantes de reliquias en las puertas de la catedral.  Y en su interior, cientos de peregrinos se aprestan a observar con fervor admirable la salida de la procesión con el Tesoro de la Virgen, entre ellos el suscrito que ha entrado al recinto para admirar la obra arquitectónica de Fray Domingo de Pètres. 


Un grupo de hombres maduros, si no ancianos, bajo la dirección de un joven Dominico, se pelea por cargar en hombros la imagen sagrada. El cuadro se tambalea peligrosamente por la notable diferencia de altura de sus cargadores, hasta que el más bajo y quizá el más viejo, desfallece ante la angustia del Dominico que, para evitar la tragedia inminente del Tesoro, me recluta como cargador Ad Hoc para reemplazar al caído.  Obedezco por desconcierto o por temor reverencial, qué sé yo. Lo grave del asunto es que con mi estatura de 1,89 mts, muy por encima del promedio local, se desbalancea de nuevo la imagen, de suerte que el Dominico me ordena acurrucarme un poco para compensar mi largueza. Sólo entonces comprendo lo que significa el peso del sacrificio espiritual. La imagen deberá dar una circunvolución a la basílica, pasando por el atrio antes de regresar al altar.  Por fortuna logramos culminar el circuito indemnes. Dicen que quien carga una imagen sagrada cien pasos queda automáticamente liberado de un pecado mortal. Eso me reconforta un poco, como quiera que no he vivido en la virtud y, ciertamente, casi todos mis pecados son mortales. Sin embargo, el dolor en las corvas y una ampolla en el hombro izquierdo -siempre el lado zurdo- me recuerdan mi condición de humano, demasiado humano, y siniestro, por la circunstancia de ser zurdo, se entiende. Singular recuerdo de Chiquinquirá.

martes, 17 de marzo de 2015

Buena noticia rimada en esdrújulo


ATENCIÓN. Nairo Quintana se corona campeón del Tirreno-Adriático 2015 ‪#‎OrgulloColombiano

Canal Capital oficial, martes  17 de marzo de 2015



Nairo ganó en "Tirreno" Adriático
demostrando el tesón mítico
de su corazón ciclístico
famoso en el orbe mediático.

martes, 10 de marzo de 2015

Noticia rimada a ritmo de temblor esdrújulo



Pánico en Comisión de Acusaciones tras sismo

Estos son los momentos posteriores al temblor en la audiencia donde se desarrollaba la diligencia de Víctor Pacheco contra el magistrado Jorge Pretelt. El Espectador, 10 de marzo de 2015


El temblor suspendió el cenáculo
Y Pacheco entró en pánico,
Al parecer no fue el único

En dejar el tabernáculo

lunes, 9 de marzo de 2015

Declaración de principios

(Marcha por la vida, marzo 8 de 2015, Bogotá, Colombia)


Siempre tomaré partido por la vida. En este sentido, me avengo en un todo al "Testimonio" del inolvidable poeta antioqueño y universal, Carlos Castro Saavedra:

"Estas son mis banderas: las llanuras, las praderas
y este mi partido, el mundo entero florecido
y este mi uniforme, mi sudorosa piel de hombre
y esta mi libertad, mi acompañada soledad.

Y este es mi compromiso, amar la tierra que Dios hizo
Y este mi tesoro, amar la vida más que el oro
Y este mi comandante, el sol que tengo por delante
y este es mi color, el verde nuevo, el verde amor."


jueves, 5 de marzo de 2015

La noticia infame de cada día

(Foto de Alejandro Gómez Bedoya)


El Espectador, Marzo 4 de 2015

"Por desnutrición y diarrea aguda han fallecido 20 menores en Chocó durante 2015"


Esta noticia, que pasó desapercibida para la mayoría de los ciudadanos, debería causar escándalo en un país decente. Pero, claro, ni el saneamiento básico (agua potable, alcantarillado) ni la nutrición infantil son prioridades del establecimiento. Las cifras son contundentes: el presupuesto para la promoción de la salud y prevención de la enfermedad no llega ni al tres (3%) por ciento de la inversión anual del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Fuente: Res.5965/14 Minsalud, Presupuesto FOSYGA 2015).

Mi abuela Sofía, con un sentido común digno de su nombre, decía que es más barato prevenir que curar. Ahora bien, una fórmula tan simple como esa también funciona en un Sistema de Salud. Pero nuestro modelo de salud no está enfocado en la prevención sino en la (precaria) curación de enfermos. Claro está, los que no dejan morir de manera infame por diarrea o desnutrición, como los niños del Chocó que son apenas los botones de muestra de la gravedad del asunto.

Y como en la obra de teatro del Nobel de Literatura, Darío Fo, "Aquí no paga nadie".



lunes, 2 de marzo de 2015

Otro comentario rimado a una noticia vergonzosa




EL ESPECTADOR, marzo 1 de 2015

Presidente de la Corte Constitucional y el supuesto soborno
“Siempre he actuado con transparencia”: Pretelt
El magistrado Jorge Pretelt responde interrogantes por el caso Fidupetrol, en el que fue denunciado por supuesta coima en fallo de tutela. Asegura que sus decisiones siempre han estado ajustadas a la Constitución y el derecho.


Nunca antes la Constitucional
Tuvo magistrados venales;
Y ahora Pretelt, por unos reales,
Inoculó en la Corte el mal.

Guía zurda de Cartagena de Indias

(Plazoleta Benkos Biohó en la Matuna, Cartagena de Indias. Foto de El Universal) (el peatón haciendo una foto por encargo, Cartage...