viernes, 9 de diciembre de 2016

Don Fabio, el embolador del café "Viejo Alemán"

De "oficios varios y otros varios oficios"
(Créditos foto: "Centro Nacional de Memoria Histórica")

Don Fabio es el embolador oficial del Viejo Alemán, un café sin muchas ínfulas de la carrera novena con calle dieciseis. Con todo, el sitio conserva su condición de ágora para los pocos tertuliantes que subsisten en el centro de Bogotá.

El Viejo Alemán es un curioso anacronismo que congrega a los pensionados que se niegan a permanecer en sus casas sin oficio ni beneficio, haciendo honor a su dudosa auto denominación de club social. Ganando el zaguán oscuro que separa la estancia de la calle, uno encuentra de inmediato las mesas metálicas con tapa de fórmica blanca que imita la textura del mármol. Las sillas, igualmente sobrias, son firmes, cómodas, hechas para el trajín. A la izquierda está el mostrador que soporta la enorme cafetera italiana que inunda con su agradable aroma el lugar. Todo se podrá decir del Viejo Alemán, pero su café es una delicia para los sentidos. El ambiente es cálido y propicio para huir del frío de la calle.

Por mi parte, soy un cliente eventual del sitio en cuestión, pues en mis infrecuentes visitas al centro de la ciudad aprovecho ese espacio para disfrutar un buen café, leyendo la prensa mientras don Fabio rejuvenece mis zapatos de faena.

Da gusto verlo trabajar. Se trata de un hombre sesentón, barba cana de filósofo presocrático y overol azul oscuro, como lo impone el oficio. Es un tipo adusto y algo taciturno que infunde respeto con su presencia de sargento de infantería. Al hacerle la señal, don Fabio acude hasta la mesa y sin mediar palabra, con un gesto marcial, instala su cajón a mis pies. Un toquecito en el zapato me indica que debo encaramar el pie sobre el cajón. Obedezco. Entonces comienza la danza del cepillo que remueve las células muertas del cuero curtido. Nomás con la primera cepillada uno diría que ya le sacó todo el brillo al calzado, pero no. Apenas si comienza el ritual del trapo, restregando el betún con movimientos circulares tan enérgicos, que se siente en los dedos el masaje terapéutico que traspasa el material inerte del zapato. Luego viene la segunda cepillada que le saca nuevo brillo al calzado; mas, es un brillo diferente, superior al inicial. Pero ahí no para la cosa. Cuando uno cree que es imposible sacar más brillo, el buen hombre vuelve a embadurnar el zapato con betún y repite la operación. Finalmente, con un nuevo trapo y a dos manos, frota de manera frenética la superficie, como intentando resucitar las células muertas del material. Y sin duda lo logra. Viene después otro toquecito en el zapato que se interpreta como una orden perentoria para bajar el pie del cajón y colocar sin demora el otro para repetir la operación.

Son apenas dos mil pesos lo que cuesta este renacimiento del calzado. Como quien dice, darle a los pies la oportunidad de reestrenar vale lo mismo que un tinto. Dos mil pesitos para una dicha tan efímera, que dura lo que alcanza uno a caminar hasta la primera losa suelta del andén, esa, que al pisarla escupe un chisguete de aguamasa amarilla que pringa hasta las fibras más íntimas del pantalón.
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2 comentarios:

  1. Estimado Dario

    FELIZ NOCHEBUENA!!!!
    FELIZ NAVIDAD !!!!!!
    .
    .
    Nos vemos el año entrante....
    te dejo un presente en estas palabras mensajeras,
    portadoras de cariño y energias de BienEstar:
    .
    -
    Te deseo:
    Que tú corazón esté ligero y tus bolsillos pesados.
    Que la Buena suerte te persiga.
    Que cada día y cada noche tengas
    muros contra el viento,
    y un techo para la lluvia.
    Que tengas alimento junto a la fogata y
    risas para consolarte.
    Que aquellos a quienes amas estén cerca de ti,
    Y........
    todo lo que tú corazón desee!

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    Respuestas
    1. Gracias, Abu, por tan lindos deseos, que devuelvo doblados. Un fuerte abrazo

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