miércoles, 4 de enero de 2017

Pequeña narración intrascendente para iniciar el nuevo año




Tuve el privilegio de recibir el nuevo año en los inmensurables campos de Boyacá, al arrullo del canto de los pájaros y el silbido del viento en los robledales. Pero sobre todo, con la tranquilidad de no tener la cobertura de “Claro”. O al menos tenerla muy esquiva, circunstancia que me permitió reírme de algunos sujetos que caminaban sin concierto, a campo traviesa, buscando la señal con el aparatico en la mano como si fueran rabdomantes en busca de una fuente subterránea de agua. Me impresionó su desasosiego, su ansiedad por conectarse con el mundo virtual haciendo ojos ciegos y oídos sordos al mundo real, a su entorno bucólico. Y la verdad, me parecieron algo patéticos.

Por contraste, se cruzó en mi camino una dulce viejecita que cargaba con dificultad una pesada bolsa. La saludé y me contó, sin preguntárselo, que venía de comprar el maíz para sus gallinas. Es decir, había caminado con su carga cerca de dos kilómetros desde la única tienda del sector para satisfacer una necesidad apremiante: el alimento de sus animalitos. Ofrecí ayudarle con la talega, pero me dijo que ya estaba llegando a su destino. Nos despedimos, y yo me quedé pensando en la mezquindad de nuestras prioridades. Entonces me pareció más grande, más digna, más hermosa que nunca esa campesina que asume cada día la vida con estoicismo digno de imitar.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! No es una narración intrascendente, es una interesante reflexión, sobre las cosas que son verdaderamente importantes.
    Yo me quejo continuamente de las personas que actualmente ya no saben prescindir del mundo digital, que no conversan, que no buscan la presencia personal y el abrazo, que no se detienen a escuchar, que no miran a la persona que tienen al lado, que giran todo el día en torno a un teléfono móvil.

    Me gusta tu relato. Es un buen comienzo de Año. Un amistoso abrazo que me gustaria que no fuese digital, pero el sentimiento es real.

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    Respuestas
    1. No me cabe la más mínima duda, querida amiga, y el sentimiento es mutuo. Un fuerte abrazo.

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