La esperanza de todos los días

Mi condición de librepensador no me impide conjeturar que Dios, en su infinita bondad, y consciente de nuestra triste condición de mortales, nos envía ángeles de esperanza todos los días. En cualquier caso, no los concibo como los íconos de la imaginería católica. No los veo enfundados en trajes de batalla y armados con espadas vengadoras como los representa, pongamos por caso, Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, nuestro artista barroco de la colonia, en sus pinturas; o con trompetas apocalípticas que claman justicia y anuncian el fin de los tiempos. Tampoco me los figuro volando asexuados por los cuatro puntos cardinales del planeta, o haciendo guardia con sus ejércitos de arcángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones. No. Los ángeles a que me refiero son los niños y las niñas –y me perdonarán el símil tan manido- que pueblan nuestra tierra “agobiada y doliente”. No en vano la esperanza cristiana está representada en la inocencia de un infante. Porqu...