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sábado, 7 de mayo de 2016

Yo no soy un tipo serio




"Un día sin risa es un día perdido" Charles Chaplin

Hoy en día se requiere recomendación de alguien importante hasta para comprar un mugre celular. Un amigo de la infancia –flaco por única seña relevante-, ciudadano grave y trascendente con  algún reconocimiento público, me extendió hace unos días una certificación "a solicitud del interesado y a quien pueda interesar”, donde consta entre otros adornos que me atribuye inmerecidamente, que soy un hombre serio.

Pero resulta que yo no soy un tipo serio; lo cual no significa ni mucho menos que por defecto resulte siendo un payaso o que no aplique en mis negocios la diligencia de un buen pater familias. Pareciera que en nuestro medio de bostezadores profesionales, dicho adjetivo tiene como únicas acepciones las relacionadas con las virtudes cardinales que aprendimos en el catecismo del padre Astete los nacidos en los años sesentas del siglo pasado. De modo que según los nuevos cánones, para demostrar prudencia, justicia y resistencia a las bajas pasiones, es preciso mantener severo el semblante y el carácter hirsuto. En otras palabras, ser aburrido. Se piensa sin ningún fundamento que quien no es serio, necesariamente será bufo, melifluo, mediocre y banal.

Mas, es lo cierto que nada nos hace más humanos que la risa.  Creo con el maestro Baldomero Sanín Cano –quien se tomó el trabajo de escribir un ensayo para burlarse de la seriedad-  que el espíritu humano se graduó el día en que, “en presencia de un contraste inesperado, sintió que se le contraían los músculos de la risa”. Y se han escrito mamotretos sobre los beneficios terapéuticos de la risa. La risa es refrescante como los alisios que acarician el rostro acalorado de  Barranquilla durante el mes de Diciembre. Sin embargo, también es cierto que la cosa no está siempre como para reírse. He allí la grandeza del reidor. Pero es de la seriedad que estamos hablando, conque pongámonos serios.  Dice asimismo el profesor Sanín Cano que es muy fácil ser serio: “lo es la roca inmóvil… no ríe el asno… los capitanes inmisericordes apenas conocieron la sonrisa, creyéndose acaso superiores a ella y al sentido del humor”.  Y yo agrego que son serios y malgeniados muchos personajes públicos de todas las pelambres que, sin honrar las virtudes cardinales asociadas por ellos mismos a la seriedad, se apañaron el erario público y cometieron toda clase de atrocidades.

De manera que nos toca ser menos serios y más solidarios. Es menester reír con frecuencia y estruendo aún de las propias aulagas. Resulta importantísimo ofrecer sonrisas francas y desinteresadas para mejorar nuestra calidad de vida y la de nuestros compañeros de viaje, ya sean casuales, temporales o permanentes.

Así las cosas, después de escuchar mis razones tan peregrinas, el flaco Asdrúbal  -el amigo de la infancia que les cuento-“sintió que se le contraían los músculos de la risa”, le chirriaron sus mandíbulas oxidadas y  accedió a modificar su recomendación dejando constancia  -“a solicitud del interesado y a quien pueda interesar”- de .que yo no soy untipo serio.

(Foto sacada de www.flickr.com)

jueves, 28 de abril de 2016

El negro dueño del son






El peatón cuenta que………

A las doce del día el centro de Bogotá luce más hermoso. Y no es precisamente por la luz cenital, ya que durante estas temporadas de lluvia capitalina el sol brilla únicamente por su ausencia -frase manida pero acertada en este caso-. Quizá sea la gente. A esa hora comienzan a florecer las puertas de los edificios públicos y de los bancos con las muchachas que salen ruidosamente a comer.  Incluso el funcionario -grave y trascendente- suaviza su semblante a esa hora, tornándolo más humano. Pero ante la ausencia del sol, el calor del trópico va por cuenta del negro, dueño del son.

Sentado en un costado del Museo del Oro, en el Parque Santander, el dueño del son golpea el adoquín con un palo de escoba, haciendo música con el delicioso ritmo que le brota de las entrañas. 

¡Cómo toca la clave el negro, dueño del son!,
¡Cómo tararea la guaracha ese negro, dueño del son!
A 2.600 metros de altura, lejos del mar, toca y canta el dueño del son.
No tiene camisa ese negro, pero es el dueño del son.
Y perdió la luz de sus ojos el negro, pero es el dueño del son.
Oído ciertamente no le falta al negro, porque es el dueño del son. 
¡Y qué espíritu insondable tiene ese negro, dueño del son!
Le huye la fortuna, pero sigue siendo el dueño del son.
Y no pide nada a cambio el negro. Sólo toca y canta su son.
No tiene motivos para reír ese negro, pero es la alegría misma y la comparte con largueza con los transeúntes, porque es el dueño del son.
¡Qué negro más grande es el dueño del son!
¡Qué negro más digno es el dueño del son!
¡Qué negro más generoso es el dueño del son!
Viene y va sin aviso, como la brisa caribeña, el negro dueño del son.
¡Dios te guarde siempre, negro bendito, por compartirnos tu son!

(Foto de F. Hernández. "El peatón haciendo su mejor esfuerzo con los cueros ante la mirada incrédula la niña Iné)

lunes, 25 de abril de 2016

Y sin embargo reímos




Cuando escucho esta hermosa canción de Aterciopelados, se me ocurre pensar que es el compendio de nuestra colombianidad. Me explico: a la mayoría de los colombianos nos ocurren cosas terribles, pero en lugar de optar por la desesperación, abrimos la puerta de emergencia de la risa, acaso una particular manifestación de la esperanza frente al absurdo.