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jueves, 20 de noviembre de 2014

El fútbol de potrero que yo recuerdo



(juego de pinball, foto www.flickr.com)

Nunca fui buen futbolista. En rigor, ni siquiera malo, porque aprendí a tiempo que las gambetas con la pecosa no eran lo mío. Sin embargo, esa deficiencia deportiva no mermó mi gusto (convertido luego en pasión de hincha) por el fútbol. Recuerdo que mi hermano mayor, desde niño, fue bueno para cualquier deporte que se pudiera practicar en potrero o pavimento, a saber: fútbol, béisbol o basquetbol. Quizá la recuperación milagrosa de una poliomielitis padecida en la infancia obligó a Sergio a demostrarse a sí mismo que podía ser mejor que cualquiera en la práctica deportiva a pesar de tener una pierna más delgada que la otra. Y así fue. 

Recuerdo que me sentaba al borde de la cancha del Colegio Calasanz a mirarlo jugar fútbol, y veía cómo su pie acariciaba con ternura el balón, lo golpeaba suavemente para hacerlo avanzar  sobre el terreno pelado, meterlo entre las piernas del contrincante sin que se le fuera demasiado lejos, como en un juego de pinball, para recuperarlo incólume después del regate. Lo curioso era que el balón lo esperaba más adelante, como obedeciendo las instrucciones de su amo, y entonces mi hermano llegaba en tres zancadas desconcertantes para rozarlo nuevamente con el pie, se detenía intempestivamente y pateaba ¡flap! con una potencia inverosímil, ya para sorprender al portero mal parado en el arco, ya para colocar un pase impecable, como con la mano. Hagan de cuenta un Garrincha en ciernes.

Así era el fútbol de potrero que practicaba mi hermano. Lo cierto es que anteayer, durante el partido de la selección Colombia contra el onceno de Eslovenia, tuve la dicha de vislumbrar en nuestros jugadores ese fútbol juvenil y vistoso de potrero, que luce hoy como un hermoso anacronismo de muchachos de barrio, frente al fútbol eficiente practicado en la actualidad (como debe ser) por deportistas de alto rendimiento.

Gracias por esa dicha muchachos.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Ruta 136 al servicio del servicio doméstico (notas de trabajo)

Estas son mis notas para la crónica gráfica de una ruta de bus muy particular (aunque se trate de un servicio público), concebida únicamente para que las trabajadoras del servicio doméstico, o sea, particular, puedan llegar hasta las lujosas mansiones de Pinecrest, en el exclusivo sector de Coral Gables, donde prestan sus servicios a un público, hay que decirlo, igualmente particular.


La ruta 136 sólo funciona de lunes a viernes, de seis y media a nueve de la mañana, con rumbo a las hermosas mansiones, vía Old Cutler Road.

Es un servicio en el que (aparte del cronista circunstancial) todas sus usuarias son mujeres. Durante dicho horario, otras laboriosas mujeres aprovechan la ocasión para vender empanadas y café en la estación de salida Douglas Road Metro Rail Station. Es el rebusque (perdonen el colombianismo), es decir, la "solución ocasional e ingeniosa con que se resuelve una dificultad", según reza la segunda acepción del diccionario de la RAE.




Aquí sólo se habla español, ya sea con acento dominicano, colombiano, cubano, peruano, ecuatoriano, hondureño, venezolano, salvadoreño, mexicano, en fin, latinoamericano.





 Mientras se dirigen al trabajo (todas se conocen y se saludan por su nombre), hay tiempo para compartir las fotos de los hijos, hablar de la patria que se quedó atrás, de la incertidumbre, del asilo, de la deportación, del abogado en causas de inmigración que se quedó con su salario, qué sé yo, de la vida y de la nostalgia.


Y a medida que discurre por la panorámica Old Cutler Road, el bus 136 se va desgranando como una mazorca hasta quedar sin un sólo grano en la calle 136 del SW con la US 1.
















La ruta restablece el servicio de tres a seis de la tarde para el regreso de las trabajadoras a sus hogares, donde, muy seguramente, seguirán ejerciendo el oficio para beneficio de sus seres queridos, ya no digamos a ocho dólares la hora, sino por puro amor, que, como se sabe, no tiene precio ni horario regular.

!Que grandeza y dignidad la de estas valientes mujeres!

(ofrezco disculpas por la deliberada mala calidad de las fotos, hechas con un humilde teléfono celular del tercer mundo, y por la precariedad de los signos de puntuación debida a un teclado poco amigable con el idioma castellano)

!Y perdone la letra, patrona!




martes, 4 de noviembre de 2014

En el tren de seis, en el tren de seis......

"Puedes irte, puedes irte cuando quieras puedes irte (...)"

Claro está, si en Colombia hubiera tren. Pero los mezquinos zares del transporte por carretera nos negaron la posibilidad de un transporte eficiente de carga y el bamboleo encantador de un vagón, así sea de tercera.

Taking the A Train






(Fotos de Angela M. G`omez. La Florida)

Entretanto, rodar sobre rieles ajenos para calmar mi pasión pueril por los trenes.