Google+ Badge

martes, 20 de enero de 2015

Elogio del rebuscador


"Trabajando, para el pueblo, trabajandoooooo... /
trabajando en todo momento toda una vida me pasé yo, /
si usted quiere en estos momentos voy a contarle lo que hice yo. /
Para lograr mi mantenimiento, fui cocinero, fui pescador, /
fui carpintero, fui panadero, fui carretero y fui leñador...  /
fui comerciante, fui detallista, casamentero y enterrador, /
luego cartero, luego lechero, chicharronero allá en Bayamón... /
músico poeta y loco, de todo un poco he sido yo"
Canción "Trabajando" (Howy Lewis) cantada por Daniel Santos. Disco "Johnny y Daniel, los Distinguidos", 1.979, Fania Records.

Conviene aclarar de entrada que el rebusque no merece ningún elogio.  Porque el rebusque es sinónimo de precariedad, de opción alternativa a la falta de oportunidades y a la inequidad. Es el acicate de las autoridades para justificar el subempleo y la informalidad, para disfrazar sus estadísticas mendaces, en fin,  es el expediente al que tienen que acudir los más infortunados para no dejarse de morir de hambre.  Elogiar el rebusque sería tanto como elogiar la terapéutica ejercida desde ultratumba por el venerable José Gregorio Hernández, para curar la enfermedad.

El rebuscador, en cambio, y por supuesto la rebuscadora -en nuestro país la pobreza tiene rostro de mujer, dijo acertadamente una de ellas-, son ciudadanos, y aun menores de edad, que con su ingenio  y valentía intentan mitigar los apremios del destino. De esta suerte, los rebuscadores se suben a los buses para vender chocolates de Turquía con dudosa fecha de vencimiento, dan conciertos de arpa para amenizar los “trancones”, y narran cuentos capaces de arrancar sonrisas o lagrimones a los pasajeros abúlicos del transporte público.  Ni el Gobierno ni los empresarios avaros -no todos, desde luego- se ocupan de los rebuscadores. Pero ante su incapacidad para resolver los problemas sociales, los burócratas deciden bautizarlos. Y para tal efecto utilizan eufemismos tan ridículos como: trabajadores informales, habitantes de calle, adultos mayores, menores adultos, adolescentes en riesgo, mujeres cabeza de familia, discapacitados, “migrantes”, recicladores, “prostitución infantil”, ¡háganme el favor!, población vulnerable, y otras lindezas de tenor parecido.

Y los rebuscadores ocupan el espacio público, claro está. Tienden en los  andenes sus colchas con mercancías ordinarias, algunas candorosas, otras extravagantes; sus versiones “pirateadas” de los “best sellers” y de los estrenos cinematográficos; sus carritos adaptados para la venta de chicharrón y perros calientes, sus termos con tinto y agua aromática; sus maromas de saltimbanqui, sus canciones de Celia Cruz con karaoke y parlante de pilas, qué sé yo. Y eso ofende, es lógico, a quienes se  creen dueños del espacio público que accede a sus propiedades privadas.  De manera que llega la autoridad competente a retirar por la fuerza a los rebuscadores, con todo y sus mercancías; y acto seguido, ocupan el espacio público recién evacuado, las camionetas oficiales  de nuestros funcionarios públicos –con toda su caravana de escoltas- que duran estacionadas por horas en los sitios prohibidos, impidiendo el tránsito peatonal por las aceras -como pasa en Usaquén-, mientras ellos comen en los restaurantes de moda  por cuenta de nuestros impuestos.

Pocas veces he visto un cuadro más patético que un camión de la policía con las pertenencias decomisadas a los rebuscadores. Las bicicletas encaramadas a las malas sobre los carritos de hamburguesas lucen desamparadas sin sus dueños; las sombrillas destilan lágrimas terrosas por los pliegues de sus lonas desteñidas, y los cajones de dulces y chicles miran con desesperanza sus entresijos regados por el piso.

-“Aquí no hay oportunidad. Capacidades son las que tengo. Fíjese no más la capacidad de aguante. Pero estoy en desventaja. Cada día empezar de cero, buscando los tres golpes, si tuviera al menos el desayuno asegurado.”  -dice el vendedor del cuento de Aymer Zuluaga. Contundente.  Y eso es precisamente lo que yo elogio del rebuscador: su persistencia, su capacidad de volver a empezar cada día contra todo pronóstico, su desafío al absurdo.  Es que en Colombia “los héroes si existen”.

creditos foto: www.flickr.com

miércoles, 7 de enero de 2015

"Y pago porque soy buen jugador"

(Créditos ilustración: "Mr. Oakhurst", de Ronnie Leptowitz, www.wordpress.com)


"Por ridícula que parezca mi 
gran confianza en los beneficios de la ruleta, más ridícula aún es la opinión 
corriente de que es absurdo y estúpido esperar nada del juego. ¿Y por qué el 
juego habrá de ser peor que cualquier otro medio de procurarse dinero, por 
ejemplo, el comercio? Una cosa es cierta: que de cada ciento gana uno". Aleksei Ivánovich, El Jugador de F. Dostoievski.

Siento una rara fascinación por el jugador nato. Admiro su inclinación consciente hacia el riesgo, su actitud estoica frente a la fatalidad, su anarquía liberadora, en fin, su tendencia natural a moverse sobre el filo de la navaja. Todo o nada!!!

El jugador, si es bueno, pagará siempre sus apuestas, como en el bolero del boricua Pedro Flores (Amor perdido), aunque le hayan apostado fichas sin valor, y la suerte reversa haya marcado su destino fatal, como en la canción Fichas negras de Johnny Rodríguez, también puertorriqueño.

Mas, a mi juicio, el arquetipo del jugador nato, con sus defectos y virtudes, resulta ser Mr. Oakhurst, el inefable tahúr de “los proscritos de Poker Flat” (Bocetos Californianos de Francis Bret Harte), un sujeto flemático, frío y calculador en apariencia, pero con una nobleza de espíritu digna de mejor causa (como lo demostró con sus actos postreros de solidaridad y valentía), que, habiendo agotado su suerte, decidió acabar su juego vital pegándose un tiro en el pecho, según lo relata de manera impecable el mismo Bret Harte:

“Pero a la entrada de la garganta, en uno de los pinos más grandes, encontraron un dos de tréboles clavado a la corteza con un cuchillo de caza. Escrita a lápiz y con mano firme, podía leerse la siguiente inscripción.


AL PIE DE ESTE ÁRBOL
YACE EL CUERPO DE
JOHN OAKHURST,
QUE DIO CON UNA RACHA DE MALA SUERTE
EL 23 DE NOVIEMBRE DE 1850
Y ENTREGÓ SUS FICHAS
EL 7 DE DICIEMBRE DE 1850.
Y helado y sin pulso, con un revólver a su lado y una bala en el corazón, aunque tan sereno como en vida, yacía bajo la nieve el que había sido el más fuerte y sin embargo el más débil de los proscritos de Poker Flat”

Ni siquiera tengo claro porqué hago estas divagaciones acerca de un tahúr. Mas, a pesar de mi temperamento sanguíneo, ¿Quién no puede decir que soy un jugador en potencia?, o lo que es mucho peor, ¿que soy un jugador frustrado? Lo cierto es que de alguna manera he apostado, ganado y perdido en el transcurso de mi vida, pero sobre todo, he pagado con creces mis "apuestas". Quizá por eso, hoy miércoles 7 de enero de 2015, al filo de los cincuenta y cuatro años de edad, acaso para exorcizar mis demonios ludópatas, me ha dado por escribir sobre los jugadores natos, por supuesto, sin pretender ser tan proclive a la fatalidad como Mr. Oakhurst.

Vale.





martes, 30 de diciembre de 2014

A la buena poesía también se llega por la mala poesía


(Mujer rolliza de Botero en el Museo de Antioquia. Foto de H.D. Gómez A.)

(Créditos foto: www.flickr.com)

No recuerdo de quien es la máxima que da título al presente post, pero a mi pariente Rodrigo Peláez y al suscrito nos ha servido de pretexto  para tertuliar (si se admite el verbo) sobre lo cursi. En tal virtud, hemos recitado con mucha prosopopeya los versos de doña Amparo Canal de Turbay, epítome de la cursilería, nomás por el placer mezquino de contrastar sus rimas disparatadas, pongamos por caso, con los párrafos sublimes de un Robert Graves.

En esta ocasión, y por pura falta de oficio en estos días decembrinos, Rodrigo trajo a colación un poemilla encontrado en un recorte de periódico del año 1942, cuando aún había desocupados que comentaban las noticias en verso. Para el caso que nos ocupa, los versos versan sobre un hecho de sangre (muy prosaico, por cierto) producto de los celos.

Transcribo a continuación el aporte de Rodrigo a la tertulia de hoy.


“Darío: este es el poema del que te hablé, si es que puede llamarse poema a este re-cursi esperpento producto de un recursivo poetastro anónimo. 

Los hechos: el lunes 21 de diciembre 1942 Rosa Blandón le rompió en la cabeza un tubo de cemento a su esposo Roque Rozo, porque lo encontró enamorando a una fámula.

Rosa Blandón vs Roque Rozo

-Es mi pasión cual tremulante axioma,
Que con tu esencia virginal empalma…
Vos sos la aeronáutica  paloma
Que cuando Efebo en el zenit asoma
Acuatiza en el piélago de mi alma.

-Para elevar mi frágil existencia
cual astro rey a la región vacía
y alcanzar de tu amor la omnipotencia
deja que el netar de tu casta esencia
perjume mi sectaria anatomía!

-¡Cómo es vusté de fino y de galante!
-No, mi amor. Es que yo, cual el artista
de mente aristotélica y pensante,
bebí mi espiración piedracielista
en las mesmas termopilas del Dante.

Y haciendo así de su elocuencia gala,
Mientras lucía una especial sonrisa
Conquistadora , le arrastraba el ala
Roque Rozo a una fámula rolliza.

Pero cuando se hallaba en la fina
De aquel idilio dulce y cadencioso,
Saltó de una manera repentina
Al escenario la mujer de Rozo.

-¡Ah, maldito infidelio tuntuniento!
-dijo Rosa Blandón- y acto continuo,
con ademán feróstico y violento
le quebró a aquel esposo adulterino
en la cabeza un tubo de cemento.”



Escuchado el anterior poema, concluí que yo tampoco hubiera sido capaz de firmarlo.