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lunes, 1 de diciembre de 2014

Fax

Algo para no olvidar ese aparato que revolucionó las comunicaciones de los años ochentas del siglo pasado, y que a los ojos de los niños de hoy luce como un curioso anacronismo: el fax


Por: Darío Gómez (1.994)

Respetada Señora:

Acuso recibo de su hoja de vida con foto
enviada vía fax.
No obstante, me pareció
que el papel térmico se estremeció
con el contacto tibio de sus labios.
Yo nunca he confiado en esos aparatos
y temo por su integridad.
De modo que le ruego
enviarme sus besos
en original.

créditos foto: www.flickr.com

jueves, 20 de noviembre de 2014

El fútbol de potrero que yo recuerdo



(juego de pinball, foto www.flickr.com)

Nunca fui buen futbolista. En rigor, ni siquiera malo, porque aprendí a tiempo que las gambetas con la pecosa no eran lo mío. Sin embargo, esa deficiencia deportiva no mermó mi gusto (convertido luego en pasión de hincha) por el fútbol. Recuerdo que mi hermano mayor, desde niño, fue bueno para cualquier deporte que se pudiera practicar en potrero o pavimento, a saber: fútbol, béisbol o basquetbol. Quizá la recuperación milagrosa de una poliomielitis padecida en la infancia obligó a Sergio a demostrarse a sí mismo que podía ser mejor que cualquiera en la práctica deportiva a pesar de tener una pierna más delgada que la otra. Y así fue. 

Recuerdo que me sentaba al borde de la cancha del Colegio Calasanz a mirarlo jugar fútbol, y veía cómo su pie acariciaba con ternura el balón, lo golpeaba suavemente para hacerlo avanzar  sobre el terreno pelado, meterlo entre las piernas del contrincante sin que se le fuera demasiado lejos, como en un juego de pinball, para recuperarlo incólume después del regate. Lo curioso era que el balón lo esperaba más adelante, como obedeciendo las instrucciones de su amo, y entonces mi hermano llegaba en tres zancadas desconcertantes para rozarlo nuevamente con el pie, se detenía intempestivamente y pateaba ¡flap! con una potencia inverosímil, ya para sorprender al portero mal parado en el arco, ya para colocar un pase impecable, como con la mano. Hagan de cuenta un Garrincha en ciernes.

Así era el fútbol de potrero que practicaba mi hermano. Lo cierto es que anteayer, durante el partido de la selección Colombia contra el onceno de Eslovenia, tuve la dicha de vislumbrar en nuestros jugadores ese fútbol juvenil y vistoso de potrero, que luce hoy como un hermoso anacronismo de muchachos de barrio, frente al fútbol eficiente practicado en la actualidad (como debe ser) por deportistas de alto rendimiento.

Gracias por esa dicha muchachos.