martes, 19 de noviembre de 2013

Agradecimiento necesario

 
Los seres humanos somos desagradecidos por naturaleza. En el mejor de los casos recordamos -de vez en cuando- dar gracias a Dios o al prójimo en su nombre, por los favores recibidos. En cambio olvidamos con frecuencia  agradecer a los demás seres vivos y aun a los objetos inertes las  pequeñas alegrías que nos suscitan  desinteresadamente para mejorar nuestra existencia. Desde luego hay unos pocos congéneres que reconocen el bienestar que nos proporcionan las cosas por su valor de uso, sin  tener en cuenta su valor de cambio. El tuerto López entre ellos: este vate cartagenero se tomó el trabajo de manifestar en uno de sus poemas el cariño por sus zapatos viejos. Los demás, insisto, somos naturalmente desagradecidos.

Yo, por ejemplo, le debo agradecimiento especial a una mata de uchuva que brotó “espontáneamente” en mi antejardín. Acaso un pájaro frutero transportó la semilla en su pico goloso o llegó camuflada en un cajón de moras de castilla, de aquellas que cultiva con amor la señora Inés Elvira en Saboya –mora, amor, dulce anagrama-.   La planta en cuestión creció oculta bajo las ruedas delanteras de nuestro carro -que permanece ocioso durante cinco días a la semana, pues abominamos conducir en la ciudad-, de manera que cuando reparamos en ella, ya había fructificado. Eso hace cerca de un año. Desde entonces la matica nos brindaba permanentemente sus frutillas  amarillas, dulces, ácidas y deliciosas, ya fuera para la mermelada, para las ensaladas o bien para acompañar un trago de aguardiente. 

Sin embargo, para su mal, la plantita creció hasta convertirse en un arbusto que le restaba espacio al automóvil familiar,  conque  tocó decidir entre  la mata de uchuva y el carro.  Yo tomé partido por la uchuva, pero a mi pesar, salió a relucir el valor de cambio del auto y se afirmó con sensatez que en la calle se lo podían robar, amén de otros argumentos de carácter patrimonial que pesaron más que las campanitas protectoras de las frutillas. 

El  jardinero que viene mensualmente a cortar el pasto se encargó de llevar a cabo la ejecución extrajudicial del arbolito, cuyo único delito fue el de ser un inmigrante ilegal. Pero al igual que el cazador del cuento de Blancanieves, el  jardinero se compadeció de la uchuva, y plantó un piecito de la mata en otro lugar del antejardín. Y ahí estoy yo esperando a ver si pelecha de nuevo. Ojalá que así sea. 

Ustedes me perdonarán, queridos peatones, que les cuente estos asuntos tan triviales mientras el mundo está que se derrumba. Pero esa matica de uchuva fue un poema de ternura y generosidad entre tanta realidad prosaica y terrible. 
créditos foto: www.flikr.com

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sanción social con minifalda o pantalón

(Parejas bailando en Salsa al Parque, 2012. Foto de H. Darío Gómez A.)


Una jovencita de 19 años afirmó haber sido violada la madrugada del pasado 2 de noviembre en el parqueadero del restaurante “Andrés Carne de Res”, el más famoso de los alrededores de Bogotá. Su dueño, el señor Andrés Jaramillo, al ser requerido por los medios para que diera su versión sobre el hecho inaceptable ocurrido en predios de su restaurante, graciosamente -mejor hubiera callado- atinó a decir:  

Estudiemos qué pasa con una niña de 20 años que llega con sus amigas, que es dejada por su padre a la buena de Dios. Llega vestida con un sobretodo y debajo tiene una minifalda. Pues, a qué está jugando”.

¡O sea que la culpa es de la niña por lucir provocativa! Parecería un chiste de mal gusto si no fuera porque la estúpida declaración de Jaramillo refleja el pensamiento de muchos trogloditas que no han podido superar nuestro machismo endémico.

No es extraña en nuestro país la violencia contra las mujeres. Lamentable. Pero lo grave es que más allá del Código Penal, ese "perro bravo que no muerde sino a los de ruana" -como afirmaba Antonio José Restrepo-, de las “investigaciones exhaustivas” adelantadas por las autoridades competentes, y las declaraciones indignadas de los grupos de mujeres con perspectiva de género, no existe en Colombia una verdadera sanción social a este tipo de comportamientos, es decir, hay una suerte de complicidad por omisión igual a la que cobija a la corrupción rampante. Con frecuencia vemos en las páginas sociales a los Congresistas sub judice posando orondos al lado de la “aristocracia” vernácula, o se perdonan generosamente los  timos de los criminales de cuello blanco –gente bien, divinamente, cómo no, ala- con el argumento falaz de que son equivocaciones candorosas producto de la complejidad del mercado bursátil. Nadie los mira mal en el green del Club, eso es comprensible; pero que el ciudadano común, víctima de sus ilícitos, no se indigne ante estos actos, es desesperanzador.

Por supuesto que no se trata de linchar a Andrés Jaramillo por su desafortunado concepto de la mujer, ni que las féminas en un acto de solidaridad con la jovencita de marras se abstengan en delante de acudir a su restaurante –ojalá, allá ellas-; pero qué interesante sería avergonzar al personajón dueño del restaurante y a los que piensan como él, si cada mujer que ingresara a “Andrés Carne de Res” portara un botón con un mensaje parecido al de Sole Giménez -la estupenda voz de “Presuntos Implicados”-, ahora se me ocurre, en los siguientes términos:

“ME VISTO COMO QUIERO, CON MINIFALDA O PANTALÓN, Y NO POR ESO PUEDO SER ABUSADA POR UN TROGLODITA”

Algo así podría ser sanción social.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Huelga de hambre, hambre de justicia

(El profesor Santiago Mora Camargo)

SOLIDARIDAD CON EL PROFESOR MORA


El profesor Santiago Mora Camargo, conocido mío por razones profesionales, es un distinguido antropólogo colombiano cuya formación académica (grado de Maestría de la Universidad de la Florida y Doctorado de la Universidad de Calgari, entre otras distinciones) y amplia experiencia docente e investigativa, le han valido el honor de ser profesor titular de St. Thomas University, en Canadá.

Pero, ¿qué llevó a un intelectual de las calidades del profesor Mora a plantarse frente a la Corte de Fredericton, New Brunswick, Canadá, en huelga de hambre, para exigir ser escuchado?

La respuesta no puede ser muy diferente a la perplejidad del pobre Josef K (y acá me perdonarán la alusión manida a Kafka) frente a un aparato judicial omnipotente, soberbio e inaccesible que se niega a ponderar sus razones y pruebas de inocencia.

Después de escuchar el relato inverosímil pero cierto de Santiago, como en una suerte de confesión laica, comprendí mejor  la obsesión de grandes literatos como Dostoyevsky, Víctor Hugo, Kafka y Camus por el funcionamiento absurdo de la justicia. Y todo esto en Canadá, un país que se precia de su respeto por el debido proceso. No me ocuparé de los detalles, mas el asunto tiene que ver, entre otros aspectos, con que el profesor Mora ha sido demandado en Canadá por una obligación patrimonial, ya cumplida en nuestra patria (es decir, pagadas todas las obligaciones dinerarias y patrimoniales inherentes), relacionada con los bienes de una sociedad conyugal que fue disuelta y liquidada en Colombia conforme a la ley, y que obra en una Escritura Pública debidamente otorgada en una Notaría. 

Al ser requerido por la Corte en cuestión, el profesor Mora ha solicitado que se  tenga como prueba de la inexistencia de dicha obligación, la Escritura pertinente debidamente apostillada en los términos de la  Resolución 4300 de 2012 del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, que establece el procedimiento para la legalización de documentos que deban surtir efectos en el exterior.

No obstante lo anterior, y quizá por el hecho peregrino de provenir de un pais suramericano, el juez en un acto de soberbia digna de mejor causa, desconoció de plano el valor probatorio del documento en cuestión, negándole asimismo el exequátur, esto es, la posibilidad de homologar ante la justicia canadiense su validez.

Lo cierto es que Santiago permanece firme con su huelga de hambre frente a la Corte de Fredericton, sin recursos para contratar un abogado, con la esperanza de que la justicia canadiense se digne considerar las pruebas que demuestran el cumplimiento de sus obligaciones, amén de su inveterado comportamiento de hombre íntegro, como lo pueden testificar a requerimiento de las autoridades sus hijos, familiares, colegas, jefes, estudiantes, amigos y conocidos. De no ser así, el profesor Mora Camargo será privado injustamente de la mayor parte (el 83%) de su única fuente de sustento: su salario.

Por consiguiente, me adhiero a la petición de justicia del profesor Santiago Mora Camargo, y espero que los ilustres visitantes de este blog, la comunidad universitaria, así como las autoridades consulares de Colombia en Canadá hagan eco  de su clamor ante la Corte de Fredericton, New Brunswick, Canadá.

H. Darío Gómez A.
Abogado, Docente Universitario e Investigador en Seguridad Social.

Si quieren visitar el blog del profesor Santiago Mora Camargo, acá les dejo su dirección:   

http://aurelianob22.wix.com/santiagomora

SOLIDARITY WITH PROFESSOR MORA

Professor Santiago Mora Camargo, a friend of mine for professional reasons, is

a distinguished Colombian anthropologist whose academic background (masters

from University of Florida and PHD from Calgary University, among others) and

broad teaching and researching experience have made him become a valuable

asset at the St. Thomas Aquinas University, in Canada.


But, what led a man of academy and intellect like Professor Mora, to set a stake

out in front of Fredericton’s Court in New Brunswick, Canada, and undergo a

hunger strike in order to demand to be listened?


The answer cannot be that different to the perplexity of poor Josef K (may you

forgive me the reference to Kafka) before an almighty judicial system, full of pride

and inaccessible, which refuses to assess his reasons or give any credibility to the

burden of proof of his innocence.


After listening to the unbelievable but yet real story of Santiago, like in some sort

of laic confession, I got to understand better the obsession of several great writers

as Dostoyevsky, Víctor Hugo, Kafka and Camus for the absurd mechanism of the

so called justice. Surprisingly enough this is taking place in Canada, a country

renowned for its respect for the right process.


I will not go into further detail, the problem has to do with the fact that Professor

Mora has been sued in Canada for a matter related to his patrimony, which had

already been solved in Colombia (it means all his debts had been paid, all the

liabilities related as well). This Patrimonial issue has to do with a divorce which

was dissolved in Colombia according to the legal standards, and with both parties

showing conformity with the agreement reached by them, there is even a public

deed about the matter.


At the moment of being requested by the Canadian court, Professor Mora asked

the court to validate as proof the inexistence of such liabilities and he cited the

public deed issued in Colombia, certified in the legal terms of decree 4300 2012

by the Colombian Foreign Affairs Ministry, which sets the procedures for legalizing

documents intended to have worldwide validity.


Nevertheless, and maybe due to the casual fact that the prosecuted comes

from a South American country, the judge, in an act of incomprehensible

arrogance, disregarded the validity of the document, and also denied Santiago the

“exequatur”, that is, the possibility of validating the document before the Canadian

judicial authorities.


The fact is that Santiago continues his hunger strike with unbreakable will before

the Fredericton court, without any resources to hire a lawyer, just trying to cuddle

the hope in his heart, that the Canadian justice finally decides to acknowledge the

proof that certifies the inexistence of any liabilities and the prompt accomplishment

of any obligations related to the matter.


Among other reasons, his behavior should be taken into account. He is an

upstanding, trustworthy man, as can be testified by his children, coworkers,

superiors at the University, students, friends and relations. If the court doesn’t give

Professor Mora a chance, he will be unfairly deprived from most of his one and

only income(83%), his salary.


Therefore I support the justice request that is being made by Professor Santiago

Mora Camargo, and I honestly hope that the visitors to this blog, the whole

university community and also the Colombian consular authorities in Canada

intercede before the Fredericton Court, in New Brunswick, Canada.


H. Darío Gómez A.

Lawyer, University Professor and researcher in social security

Héroes insospechados y clandestinos

“Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia.” Walt Whitman Irene & Cia. Una muchac...