martes, 29 de diciembre de 2015

El millonario centenario del reino milenario

(Sombra en una lagunilla de la Sierra Nevada del Cocuy. Foto de H. Darío Gómez A.)

"Dinero sin solidaridad, es pobreza de verdad" Adagio popular


Este era un hombre de ciento dos años que poseía varios miles de millones de billetes y vivía en un país muy antiguo. Pero no hagas juicios prematuros: el hombre no era un viejo riquísimo y avaro como el señor Berns, el de los Simpsons; o como nuestros agiotistas que se hacen llamar banqueros.  Nuestro millonario era, en cambio, un hombre justo que ayudaba a las personas, o dicho de otra manera, era un millonario solidario. 

Pero, ¡eso no puede ser!, estarás pensando, al menos en este mundo egoísta. 

Sin embargo, en ese país milenario, es decir, en el reino de las grandes magnitudes,  sí podía ser, pues  allí todo era exagerado.  De modo que  Generoso, (así se llamaba el millonario), muchacho centenario, era apenas un adolescente,  si se tiene en cuenta que su reino tenía diez mil años de fundado, y que los mayores de su pueblo eran personas de cuatrocientos setenta y seis años.  En fin, tampoco era un hombre rico, ya que los escasos seis mil millones de billetes que poseía sólo le alcanzaban para malvivir.  No olvides que en su patria todo era desmesurado.  Una botella de leche costaba, por ejemplo, sesenta millones de billetes.   Y dicen que Generoso repartíó cien botellas de leche entre las madres necesitadas de su pueblo.

Los periódicos de otros reinos, no obstante, publicaban fuera de contexto noticias de esta índole: “Hombre centenario y multimillonario reparte apenas cien botellas de leche entre los más necesitados”.

“Viejo tacaño”, comentaban los lectores.


Pero así son los periódicos de otros reinos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Nuestros nombres (diálogo entre Arcadia y Dolores)

(Pastores de Arcadia, el paraiso fantástico de la inocencia, la abundancia y la felicidad. Foto: wikimedia) 


Arcadia – “Arcadia es nombre de mujer y  de antigua metrópoli del Peloponeso. Pero también significa felicidad perdida; es decir, nostalgia”

Dolores – “Mi nombre es Dolores, como los que mortifican el cuerpo y el alma, tal los que anteceden el alumbramiento de la esperanza. Pero el dolor es dulce cuando prefigura la vida”

Arcadia – “y la brasa tibia de Arcadia mantiene encendida la esperanza de volver a sentir la dicha de la paz.


Arcadia y Dolores (en coro) –¿Quién dijo que nuestros nombres son tristes?”

lunes, 14 de diciembre de 2015

Peregrinación laica del "Veinte de Julio" al "Primero de Mayo"


De la guía zurda de Bogotá


Cada cierto tiempo me viene una necesidad imperiosa de perderme en la muchedumbre. Impulso extraño si se tiene en cuenta que mi espíritu ermitaño se siente más a gusto trasegando por los caminos de la soledad. Acaso se deba a mi afición por los contrastes, esto es, la dicha de sentir que cuando abandono la turbamulta recupero mi individualidad y con ella, cómo no, el privilegio de volver a ser hombre y no masa.

Como sea, ayer realicé mi peregrinación laica al barrio Veinte de Julio, en el sur de la ciudad, y me integré a una multitud de creyentes que tenía puesta su fe en el Divino niño Jesús sonrosado y regordete del santuario fundado por el salesiano Juan del Rizzo. Imposible no enternecerse uno con la esperanza legítima de los feligreses depositada en “el amigo que nunca falla”. Me consta que no todos los peregrinos van a pedir favores. Muchos acuden para agradecer los beneficios recibidos. Mas, es lo cierto que la falta de oxigeno, el calor, los estrujones y los olores indescriptibles de la masa dominical forman parte de la mortificación que se debe padecer con estoicismo cristiano para que surtan mayor efecto las peticiones.

La calle veintisiete sur y la carrera quinta son prácticamente intransitables por la cantidad de vendedores de reliquias que prefirieron mantenerse en la vía pública, estorbando la circulación, a establecerse en la plaza ferial construida por la alcaldía para mayor comodidad de los acudientes. La plaza en cuestión, sin estrenar, luce como un enorme elefante blanco  en estado de letargo. Nunca me he explicado esa actitud tan refractaria al cambio, a la higiene, en fin, esa preferencia tozuda por el caos.



Alrededores del Santuario del Veinte de Julio, Bogotá, D.C.


Si uno sigue por la carrera sexta hacia el norte, pasando la plaza de mercado hasta la calle 20 sur, logra salvar la multitud y se encuentra al rompe con una agradable sorpresa urbanística. Se trata del barrio Primero de Mayo, sí, otro barrio con nombre de fecha. En Bogotá, quizás por un atavismo hispánico, somos dados a ponerles, por buen nombre, una fecha memorable a nuestros barrios. Así por ejemplo, están el Siete de Agosto, el Once de Noviembre, el Doce de Octubre y otros por el estilo. Pero volvamos al Primero de Mayo. Es un hermoso complejo residencial construido con indiscutible estilo inglés por la Caja de Vivienda Popular, hace más de setenta y cinco años. Sus casitas en serie, con fachada de ladrillo a la vista y tejados inclinados para que no se pose la nieve (aunque acá en el trópico no nieva), nos recuerdan los barrios obreros de la periferia londinense. Y como buen barrio obrero, reivindica con su nombre la fecha emblemática de los trabajadores, así como sus logros en dignidad y calidad de vida. Porque dignidad es lo que le sobra al barrio Primero de Mayo, cuyos habitantes han procurado mantener la belleza sin ínfulas del lugar. Es una lástima que las urbanizaciones  populares del siglo XXI no tengan ese concepto de dignidad y hayan sucumbido al criterio mercantilista, utilitario y mezquino de las firmas constructoras.







Casas del barrio Primero de Mayo, Calle 19 sur con carrera 5a., Bogotá, D.C.

Continuando mi peregrinación con rumbo norte, encontré otra hermosa joya arquitectónica: la iglesia de Santa Bárbara, en la carrera séptima con calle quinta. Es una de las construcciones más antiguas de la capital, levantada en el siglo XVI con el estilo sobrio de las iglesias doctrineras hispánicas. Aunque estaba cerrada cuando pasé por su atrio, tuve la fortuna de que el párroco me dejara echar un vistazo al interior. Alcancé a fotografiar un cuadro que me llamó la atención: la imagen del franciscano Maximiliano Kolbe sosteniendo un cirio detrás de un alambrado. Preguntado el párroco sobre el clérigo en cuestión, me refirió la historia inspiradora de un sacerdote polaco, recluido en el campo de concentración de Auschwitz, que ofreció voluntariamente su vida a cambio de la de otro preso para salvarlo de la muerte. Fue enriquecedora esta última parada de mi peregrinación, pues aunque no creo en santos (incluido el presidente ídem), aprecio la grandeza espiritual, la generosidad infinita de los hombres y mujeres capaces de ofrendar su vida para preservar otras vidas, es decir, al contrario de los “mártires” fundamentalistas que ofrendan su vida para acabar con otras vidas inocentes en nombre de Dios. 

 Iglesia de Santa Bárbara, Carrera 7a. con calle 5a., Bogotá D.C.
Padre Maximiliano Kolbe

En todo caso, como decía mi abuela Sofía: “la vida de los santos es para contarla” y acá me tienen dando testimonio de mi peregrinación dominical.

(Fotos de H. Darío Gómez A.)

viernes, 4 de diciembre de 2015

El Canario que descubrió que los trinos en tuiter eran lo suyo

-->
(Créditos foto: www.flickr.com)


“A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, ágil, picante”

Adagio popular no tan conocido



Siempre ha habido jaulas. Y para que no estuvieran vacías y tristes, colgadas encima del lavarropas, se inventaron los canarios. O mejor, la costumbre de capturarlos y encarcelarlos para compañía emplumada de las personas solitarias. Los primeros fueron pájaros libres, eso es seguro, mas, con el tiempo, se convirtieron en seres cautivos, al punto que las nuevas generaciones salieron del huevo directamente a la jaula sin conocer durante toda su existencia el cielo que se asoma esquivo por la ventanita del patio de ropas, afuera de las rejas. De modo que el cautiverio es su estado natural.

Posiblemente algún niño dirá con razón que eso es una infamia, que va en contravía de los derechos de los pájaros, en fin, que la libertad es inviolable según le enseñaron en la cátedra de la paz.  Yo no me atrevería a contradecirlo, pero así son las cosas con los canarios.

Esta es la historia de un canario, por buen nombre Ámbar, llamado así por sus plumas de color amarillo oscuro con visos blancos tornasolados. Vivía  el pajarito de marras confinado en una jaula encima del lavarropas de la señorita Teresa, una maestra de escuela jubilada, algo taciturna pero estupenda lectora. Tenía, además, la buena mujer, una pasión por las frases célebres de filósofos y literatos. Solía leer en voz alta en sus ratos de solaz, que eran casi todos, máximas de Horacio, Cicerón, Séneca (algunas en latín, cómo no), en fin, de autores más contemporáneos pero no menos incisivos e inteligentes, como Ambroce Bierce, Fernando González o Nicolás Gómez Dávila. Era tan pequeño el apartamento de la señorita Teresa, que Ámbar alcanzaba a escuchar con nitidez las lecturas de su patrona, entonadas desde la alcoba. A fuer de escuchar buena prosa, Ámbar se aficionó al género epigramático y alcanzó una lucidez insospechada para un canario. “Lástima no ser un loro”, se dolía el avecilla, “porque  de serlo podría hablar como los humanos y así me convertiría en un orador proverbial”. Lo cierto es que no le gustaba trinar, para desconsuelo de su dueña. Sin embargo, Ámbar, que era un canario muy inteligente, no se echó a la pena y más bien se propuso aprender a leer los libros que con frecuencia dejaba olvidados las señorita Teresa encima del lavarropas. Con decirles que también aprendió a escribir en latín.

Quizá por una solidaridad mal entendida, o por pura mezquindad ante el silencio empecinado del canario, la señorita Teresa obligó a Ámbar a compartir su soledad, negándole la dicha de una compañera emplumada. De manera que el pajarito pasaba sus días escuchando la voz cada vez más quebrada de su patrona. El primer alpiste del día era amenizado por sentencias de Horacio en latín clásico. El baño con agua en la tapita de la caja de mentol, al medio día, coincidía con la lectura de Ambrose Bierce, cuyo humor negro hacía despelucar de la risa al canario. Al finalizar la jornada, Ámbar se arrellanaba en un columpio que pendía de un palito atravesado en lo alto de la jaula para escuchar con atención los escolios de Nicolás Gómez Dávila que, como entenderán los lectores, requerían de toda su inteligencia para poderlos asimilar.

Pero hete aquí que una mañana nadie retiró el trapo que cubría la jaula del canario durante las noches, ni éste oyó la voz de su patrona entonando máximas de Cicerón. Y así pasó algún tiempo, hasta que una hermosa muchacha destapó la jaula y le dirigió unas palabras de cariño a la criatura: “pobre canarito, menos mal estas vivo aún. Si supieras, Ay, que se murió tu dueña”. Mas, eso ya lo había presentido Ámbar en su pequeño corazón ambarino.

Conque la muchacha, que resultó ser la sobrina de la señorita Teresa, se llevó el canario con todo y jaula para su apartamento de universitaria. Y ya sabemos cómo puede ser un habitáculo estudiantil. Algo así como un campo minado con pedazos de pizza en descomposición, libros de texto, latas de gaseosa a medio consumir, zapatos sin par y prendas de vestir esparcidas sin concierto.

Ámbar, sin embargo, se acostumbró muy pronto a su nuevo entorno, y le satisfizo su nuevo acompañante diurno, que la muchacha llamaba televisor. Aunque disparatado en sus discursos y bastante prosaico si se quiere, el canario le sacó provecho al aparato en cuestión, sobre todo a los noticieros que le sirvieron para estar al día en los asuntos de actualidad. La muchacha, por su parte, no hablaba mucho y en cambio permanecía varias horas enviando trinos a través de su teléfono celular. Ese fue el segundo aparato que cautivó la atención del canario. Ante la imposibilidad de hablar como el loro, Ámbar encontró que podía leer y escribir con fluidez en el tuiter de la muchacha.

Una noche ella olvidó cerrar la puerta de la jaula después de alimentar al canario, de manera que el pajarillo aprovechó la oportunidad para expresar a discreción su facilidad de palabra en el teléfono celular, mientras su protectora dormía. Con el ala izquierda tecleaba graciosamente el aparato, escribiendo epigramas creativos para comentar las noticias del día. Tuiteaba por ejemplo:

La solidaridad es mata exótica que sólo crece en terrenos áridos, nunca en la abundancia. Pero cuando florece esparce generosamente su aroma.

Y escribía todas las noches ocurrencias por el estilo, que eran bien recibidas por los seguidores de la muchacha, que a su vez fueron creciendo en número por arte del canario, hasta contarse por miles.

De esta suerte la muchacha, que no tenía otra gracia más que su belleza, se convirtió de la noche a la mañana en una exitosa tuitera (si el término se admite), merced a la herencia emplumada de su tía solterona, y por un efecto colateral del ingenio del canario que descubrió un buen día que los trinos en tuiter eran lo suyo.





viernes, 27 de noviembre de 2015

Gastronomía de alpargata en Usaquén

(Changua bogotana. Créditos foto: concina.linio.com.co)



“Que ayunen los santos que no tienen tripas”. Adagio popular

En Usaquén hay una manzana, en la manzana hay una plaza de mercado, y al interior del mercado hay un restaurante sin ínfulas:  “La cocina de doña Anita”.   Desde tiempo inmemorial -mi memoria es precaria- su dueña vende las mejores costillas de cerdo del sector, que sus clientes habituales adobamos con pulgaradas de sal, ají chivato y limón.  Le echamos mano con gusto a la carne intercostal, en contravía de los mandatos de la urbanidad de Carreño. Esa dicha gastronómica sólo pasa con un refajo, bebida autóctona preparada con dos partes de cerveza, una de gaseosa Colombiana, otra de Pony malta y un trago de aguardiente, generalmente servida en bacinilla de metal esmaltado para consumo comunal.  Al levantarse de la mesa, uno se siente como el pavo de navidad, pesado y adormecido, caminando inocente al patíbulo a las dos en punto de la tarde.

Evidentemente ”la cocina de doña Anita” no es un lugar hecho para el glamur  que está vigente en la zona gourmet de Usaquén. Pero resulta impensable hablar de  fritanga gourmet -eso es una contradicción en los términos-,  o de un cuchuco de trigo con espinazo de marrano servido al estilo artístico, aséptico si se quiere, pero algo triste y muy escaso, de Leo Espinosa.  Además, el cuchuco de trigo es a la cocina vernácula, lo que la sopa de cebolla es a la gastronomía francesa: un plato de origen campesino,  sin alcurnia -por demás innecesaria-, es decir, una delicia sencilla.  Como dice la patrona: “el cuchuco lleva trigo, lleva espinazo, lleva haba, lleva criolla, lleva papa, lleva arveja, lleva ajo,  lleva junca,  lleva fríjol, lleva repollo y lleva cilantro”.  Lleva también mucho tiempo digerirlo, agregamos nosotros.

De modo que las buenas maneras en la mesa no cunden en la “cocina de doña Anita”. Allí con frecuencia los cubiertos son reemplazados por las físicas uñas, y el palillo en la boca al final del round contra las costillas del caribajito  es una sutil condecoración al triunfo de las muelas sobre la carne.

Hay en ese entrañable lugar una franca e innegociable insistencia en el mal gusto. Es  cuestión de principios. Uno come, qué sé yo, acompañado de una botella  con espantosas flores de plástico, azules, rosadas y amarillas; y la mesa está servida sobre un mantel prensado con un vidrio roto que generalmente cobra el atrevimiento del contacto físico rasgando las mangas de la camisa.  No falta el almanaque de taller con la foto de una muchacha voluptuosa que nos recuerda que la carne es débil, pero muy sabrosa.

Sea como fuere, doña Anita vende también en su establecimiento otras delicias terrígenas, cuyos nombres comenzados por la letra ch han enriquecido con colombianismos el diccionario de la Real Academia Española: changua, chanfaina, chunchullo y chicha entre otras. Sobre la changua en particular, otra doña, pero de más alcurnia (con perdón de Anita), doña María Moliner, nos trae en su diccionario de uso del español la siguiente definición: 1. f. Col. Caldo que se prepara con cebolla, leche y otros ingredientes, que suele tomarse en el desayuno o antes él.”
Acaso quedó corta en los ingredientes la definición de doña María Moliner, pero debemos entender que su diccionario de uso del español no es precisamente un libro de recetas gastronómicas. Doña Anita, en cambio, prepara una changua proverbial con los ingredientes de la definición de marras, pero le agrega cilantro, un par de huevos, almojábana, queso campesino y longaniza picada. Puede tomarse al desayuno, antes de él, con él, después de él, a media mañana, con el almuerzo, en la tarde, en fin, cuando uno quiera, respetando así el libre albedrío de las tripas.

Al finalizar la jornada gastronómica uno se debe acercar a “la caja”, donde la patrona ha puesto una advertencia para que ningún cliente se equivoque: “El que fía no está, y el que está no fía” . Y es que doña Anita sólo recibe efectivo, pues desconfía -con razón- de los bancos y del papel moneda de curso “forzoso” expedido por SODEXHO PASS y otras yerbas.

Pero esos detalles no sólo se le perdonan a la “cocina de doña Anita”, sino que constituyen, a mi juicio, la esencia del mejor restaurante de Usaquén, con la venia de los hermanos Rausch y del señor Katz.


martes, 24 de noviembre de 2015

El hedor de la podre en Chocó

(foto de www.colombia.com)
“Involucran a gobernador de Chocó en millonario fraude a la salud
Dos escandalosas declaraciones vinculan al mandatario seccional, Efrén Palacios, con un fraude de por lo menos $4.000 millones de pesos.”
Revista Semana.com Noviembre 23 de 2015


Estamos tan acostumbrados a la corrupción en el sector público, que cuando vamos por los territorios de la patria la plaga de los funcionarios venales nos parece tan normal como el paisaje.  Y bajo la égida de esa “normalidad” se mueren los niños, las madres y los compatriotas más vulnerables por falta de atención médica. Por otra parte, ante la contundencia de las evidencias, comienza a caer (demasiado tarde) la banda de hampones que se ha robado más de cuatro mil millones de pesos de la salud en el departamento de Chocó. Habrá investigaciones exhaustivas contra el Gobernador de turno, los Secretarios de Salud departamental y local, golpes de pecho, confesiones y delaciones negociadas con la Fiscalía, tejemanejes judiciales, vencimiento de términos, en fin; pero condenas, muy pocas.

Tierra de contrastes es este hermoso Departamento olvidado de todos. Cuando uno viaja a Quibdó, desde la ventanilla del avión de SATENA se observa entre la niebla el tupido bosque lluvioso, semejante a un brócoli gigantesco que contiene casi todas las riquezas naturales del mundo. Mas, cuando uno baja hasta el puerto fluvial de la capital chocoana, en el margen del río Atrato, muy cerca del mercado público, el hedor es insoportable. No tanto por la precariedad del alcantarillado o por su clima malsano que acelera la descomposición del pescado, sino por la podre de la clase política y burocrática local que azota al valiente pueblo de Chocó, digno de mejor dirigencia. Sin embargo, al cabo de unas cuantas horas uno termina por acostumbrarse al hedor, al punto que deja de percibirlo. Inconcebible!!!


Para viajar al Chocó hay que estar previamente vacunado contra la fiebre amarilla. Se me ocurre que debería exigirse asimismo una vacuna contra la indolencia. La sociedad civil debe organizarse para hacer mayor control social de lo público. No podemos acostumbrarnos a que la corrupción administrativa forme parte de nuestro entorno. Hay que denunciarla.

Héroes insospechados y clandestinos

“Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la historia.” Walt Whitman Irene & Cia. Una muchac...