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Décima del petardo

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Por: H. Darío Gómez A. Pletórico de arrogancia e inflamado como ampolla a la luz de la bombilla se trasluce su ignorancia. Su atuendo viene de Francia y es muñeco de cartón, de la muestra es un botón de la infame satrapía. Más hoy el pueblo desconfía del papagayo frentón.

Décima de la resignación

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  “Aquesto dixo el ebrio una vegada, aquesto dixo con su voz cansada, aquesto dixo por la madrugada. Yo dello non sé nada”. León de Greiff Décima de la resignación Por: H. Darío Gómez A. Hoy ya no quiero salvar a este mundo desdeñoso, que el maligno poderoso no se cansa de dañar. Es tiempo de renunciar a nuestra causa improbable, que sea el tiempo quien hable sus razones con honor; que me juzgue con rigor por una omisión culpable. H. D arío Gómez A.

Patescaut, fanzine irreverente, artístico y literario

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  Cumplimos seis años de existencia contra todo pronóstico. A continuación transcribo el editorial del número uno aparecido en el mes de agosto de 2019. Editorial Patescaut es una curiosa palabra que evoca la infancia de quienes fuimos críos en la Bogotá de los años setenta del siglo pasado; no figura en el diccionario ni siquiera como un colombianismo,y acaso esté condenada a desaparecer cuando muera el último de aquellos niños o desaparezca la única sobreviviente de esas niñas setenteras. Pero mientras eso sucede, la palabra en cuestión es como un santo y seña que alguien suelta al desgaire en una conversación, y cuando el interlocutor la escucha, se produce un reconocimiento, una complicidad entre pares. Porque Patescaut es eso, complicidad. Mas, ¿cómo definir de manera concreta dicha palabra? Sin pretender emular a doña María Moliner (ni más faltaba), podríamos arriesgar la siguiente definición: acción de entrelazar alguien los dedos de sus manos con las palmas hacia arriba par...

Décima de la codicia

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Por: H. Darío Gómez A. Labra el hombre su fortuna a la sombra de la envidia, obra mal y con desidia disparándole a la luna. Maldice la suerte bruna pero ignora la codicia que con su alma acaricia sin saber que se condena. Forja él mismo su cadena, su perdición con malicia.

Décima del boxeador caído

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  Por: H. Darío Gómez A. (en memoria de Luis Andrés, el “guerrero” Quiñones) Con triste final se apaga La vida del bravo Andrés, Guapo, no esquivó un revés, Ni a la muerte que no amaga. Poco en la vida se paga Tan caro como el valor, Soñaba ser el mejor, Y en ello puso su empeño  El más grande barranqueño. Nos hará falta su honor.

Décima del montañero saboyano

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Vivo cerca a Santander, De Saboyá soy vecino, Mi casa junto al molino, Paisaje digno de ver. Uno no puede saber Quien viene por el camino, Acaso algún pueblerino, Pero mejor si es amigo. Con el corazón lo digo, Ojalá que sea genuino. H. Darío Gómez A.

En el culebrón de la reforma a la salud, como en cualquier telenovela turca, hay un incomprendido: el modelo

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  Por: H. Darío Gómez Ahumada Todo el mundo habla bien o mal del actual modelo de salud, pero muy pocos lo conocen, tal como le pasa a la candorosa protagonista de cualquier culebrón, que es injustamente incomprendida, y lo más grave, campea la ignorancia supina de muchos de los actores que lo dirigen, administran y supervisan. El Sistema General de Seguridad Social en Salud colombiano (Ley 100 de 1993) cumplió este año 28 años desde su entrada en vigor, el 1 de abril de 1994. El sistema en cuestión se fincó en un modelo denominado “pluralismo estructurado”, que organiza a los agentes involucrados (agencias estatales, aportantes, aseguradoras, prestadores, pacientes y proveedores de medicamentos e insumos) en cuatro núcleos interdependientes, habida consideración de sus funciones, a saber: regulación, financiación, articulación y prestación del servicio. A las EPS, en tanto aseguradoras, se les asignó en virtud de la ley la función importantísima de articular las funciones de los d...

La contribución que se paga al ADRES-ECAT con el SOAT es inequitativa, injusta y en algunos casos confiscatoria

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  Por H. Darío Gómez A. El SOAT fue concebido hace 36 años (ley 33 de 1986) con el fin de garantizar, entre otros aspectos, la atención médica y hospitalaria de las víctimas de accidentes de tránsito. Con la expedición de la ley 100 de 1993 (Sistema General de Seguridad Social en Salud), se creó una contribución equivalente al 50% del valor de la prima del SOAT para nutrir la subcuenta ECAT (eventos catastróficos y accidentes de tránsito), que hoy administra el banco de la salud (ADRES), destinada principalmente a garantizar el pago de la atención médica y hospitalaria de las víctimas de accidentes de tránsito ocasionados por vehículos fantasmas y evasores del SOAT. La contribución de marras es recaudada, en virtud de la ley,  a través del pago del SOAT, de manera que las aseguradoras autorizadas para expedir este seguro deben entregar dichos recursos al ADRES, pues claramente no les pertenecen toda vez que se trata de una contribución parafiscal que no tiene nada que ver (por...

Florilegio de vidas

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  En una notaría del centro de Bogotá hay unos anaqueles donde se coleccionan, en libros de pliego tamaño oficio, las vidas de las personas nacidas hace más de cuarenta años. En cada folio, escrito a mano con caligrafía Palmer, se refleja la situación jurídica del individuo frente a la familia y la sociedad. El registro civil de nacimiento es el primer acto jurídico de la persona y el que determina su existencia legal, pero también su destino. Sin él, no somos nada, como dice el poeta.  Quizá por tacañería o resistencia al cambio tecnológico, el notario en cuestión no ha querido sistematizar el Registro Civil de las personas mayores, de modo que se ve obligado a destinar el primer piso de su despacho a la guarda del padrón. Alineados en largos anaqueles (creo haberlo dicho) hay centenares de libros forrados en cuerina verde, en cuyo lomo de color rojo se destacan en letras doradas el año, el mes y el número correspondiente.  Uno tiene la impresión de que cada libro consul...

Marlore Anwandter, trovadora infantil

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  Por: H. Darío Gómez A. Mis hijos son de la generación de Canticuentos. Y hoy, 25 años después, a sus 30 años y un poquito más, esbozan todavía una   tierna sonrisa al evocar la carátula roja del LP de Codiscos que contiene canciones de su infancia con animalitos y personajes fantásticos creados por una hermosa dama chilena cuyo apellido es impronunciable y lleva por buen nombre Marlore. Lo que no recuerdan (ni tendrían por qué), es que esta adorable señora escribió muchas de sus canciones en Colombia, y aquí vivió algún tiempo, el suficiente para contagiarse de nuestro realismo fantástico donde la serpiente de tierra caliente, muy fiestera, come plátanos con aguardiente y una iguana rebelde, contrariando la refinada costumbre del “five o´clock tea” de las damas bogotanas, toma café a la hora del té, como corresponde en nuestra patria cafetera; y ni que decir tengo de la letra “o” que se engordó por comer tamales, seguramente santandereanos, que son los más sabrosos. Y as...

Diatriba contra los ciclistas aficionados.

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“¡Hola! Bauseantes estridentes pletóricos de vulgaridad! Andad los caminos trillados por la vetusta humanidad: pero dejadnos nuestras rutas llenas de luz y opacidad, todas bañadas de silencio, recogimiento y ansiedad... Andad los senderos hollados por la vetusta humanidad, ¡Oh, supercríticos morosos hartos de suma fatuidad, arlequinescos figurines pletóricos de vulgaridad, de vicios fáciles y tontos, y de la unánime verdad, y de ideales consagrados, y de vacua sinceridad”. (Balada del abominario, León de Greiff) De entrada debo señalar que, para mi mal, son precisamente mis escasos amigos quienes han caído en la trampa de las bielas. Todos, sin excepción, Pacho, Nico, George, Alvaro, sucumbieron a los cantos de sirena de la secta de los ciclistas aficionados. Debo aclarar asimismo que no tengo nada contra los ciclistas profesionales que practican ese deporte de alta competición en sus equipos y ganando jugosas fortunas o representando a sus regiones y países en torneos olímpicos. Tampo...

El negro le canta al río

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Por: H. Darío Gómez A.  Ya sea en el Níger que atraviesa Guinea, o en el Congo que encuentra el océano Atlántico al occidente de África, de donde partió para enriquecer nuestra América con su simiente, el negro siempre le ha cantado río. Parece que intuyera con Hesíodo, que para atravesar sus aguas hay que dirigirle una plegaria “con los ojos fijos en sus espléndidas corrientes”, para obtener su generosidad y benevolencia, pero también para aplacar su ira. Y así le canta el negro a los ríos de América, desde Mississippi, pasando por el Caribe, hasta el Paraná, en el sur del continente.  Siempre me llamó la atención, al leer poesía negra (¡ay! las clasificaciones), la íntima relación del poeta con el río. Para confirmar lo dicho, me remito a una prueba lírica, esta del norteamericano Langston Hughes:  El negro habla de los ríos.  “Yo he conocido ríos: he conocido ríos tan antiguos como el mundo  y más viejos que el flujo de la sangre humana en las ve...

El desamor en tiempo de bolero

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 (Cafetín Mercantil, Bogotá. Foto de H. Darío Gómez A.) Por: Héctor Darío Gómez Ahumada    ¿Qué es el desamor?, pregunta el despechado. Y el corazón responde: separación, desengaño, añoranza. Sea como fuere, lo cierto es que el amor ido es, acaso, la forma más triste del desamor, pues implica necesariamente una pérdida. Los amantes de la música romántica saben de sobra que esa cosa hermosa, inmisericorde, resistente al análisis y a la clasificación, en ocasiones tempestuosa, esquiva a veces, en fin, el amor, es el leitmotiv del bolero. Pero también lo es su ausencia. Quizá por eso la frase del psicoanalista J. Lacan, según la cual “amar es dar lo que no se tiene…”, más que una explicación de la neurosis causada por la arcadia perdida suena a letra de bolero, si se me permite la banalización. Y es precisamente desde esa perspectiva exenta de erudición que el cronista abordará el desamor, aprovechando que el bolero es universal.    La pérdida en el juego del amo...

La ferrovía del Liri

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“El tren ha representado siempre para el territorio que atraviesa un momento de profunda transformación y muchas veces de verdadera emancipación y desarrollo social.” Con estas palabras, Paolo Silvi, Presidente de la asociación Apassiferati, de Italia, comienza su presentación del hermoso libro sobre la historia de la ferrovía del Valle del Liri, al sur de Roma. Su asociación tiene como objetivo dar a conocer este bello territorio a través del ferrocarril.    El libro, escrito por Costantino Jadecola, nos ilustra acerca de las vicisitudes que sufrió el ferrocarril por cuenta de un devastador terremoto en 1915 y luego a causa de la catástrofe de la segunda guerra mundial, cuando nazis y aliados, todos a una, lo destruyeron por ser un objetivo militar estratégico. No obstante, narra asimismo su recuperación fruto del amor de sus gentes por el tren, símbolo del desarrollo económico y civil de las tierras que atraviesa, como nos lo pone de presente Paolo en su texto introducto...

Copetón Copete

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Por: H. Darío Gómez A. Era un gorrión. Pero en el altiplano llamamos “copetón” a los de su laya. Era un gamín, un callejero, arisco, libérrimo, como corresponde a un suspiro emplumado. Y se salvó por un pelo, ¡qué digo un pelo!, por una pluma, de las fauces de una sombra felina que se apareció en el antejardín. Dicen que la vecina del primero lo rescató de una muerte segura. Cojito de un ala, como suele decirse, la dama lo acogió en su seno con ternura. Mas, de nada valió el cariño y el cuidado de unos días, porque los suspiros son inasibles, como el viento. De modo que el copetón voló con sus plumas fracturadas a la libertad de la nada. Pero queda su recuerdo emplumado, como un suspiro en el antejardín.

"Vanity Fair" en Usaquén.

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Tomo prestado el nombre de la famosa revista del corazón, sin ánimo de banalizar el glamour, con la esperanza de no ser demandado por el uso indecoroso de sus derechos de autor. Pero, al fin de cuentas, la vanidad es patrimonio de la humanidad y además está muy de moda en Usaquén. Allí los lujosos restaurantes de autor se han convertido en enormes vitrinas adonde acude la gente chic de Bogotá, no tanto para disfrutar de la buena comida, como para que la vean comer. Sin embargo, tan presuntuosa afectación tiene sus inconvenientes: no siempre sus espectadores son trabajadores honrados, que, de paso hacia los restaurantes populares, tragan saliva al contemplar las viandas que disfrutan los comensales que exhiben sin pudor su riqueza ante la galería.   De golpe sucede algo inesperado que rompe el encanto sensual de la opulencia: un desharrapado sin nada que perder se acerca a la enorme vitrina de la cebichería “La mar”, donde una mujer elegante y hermosa degusta un exquisito ca...

Romance medieval escuchado en Boyacá.

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Margarita Parra era una contadora de cuentos de Chiquinquirá, en Boyacá, tierra donde todavía se conservan hermosos arcaísmos en el habla popular. Margarita, mujer analfabeta y maravillosa, era dueña de una enorme cultura. De ella no se sabe mucho, salvo por sus cuentos, que fueron rescatados con amoroso cuidado por doña Elisa Mújica, académica de la lengua ya fallecida también, y a mi juicio la mejor escritora colombiana. Nos quedó debi endo doña Elisa un perfil de Margarita Parra, cuya vida campesina fue acaso tan extraordinaria como las narraciones populares que contaba, muchas de ellas provenientes del cuento medieval español de Don Juan Manuel, traído a valor presente prácticamente sin ninguna variación. Transcribo a continuación este bello romance de la princesa: “Un caballero requirió amores A la princesa Ana María; La doncella desque lo oyera Díjole con osadía: Tate, tate caballero, No hagáis tal villanía; Hija soy de un malato(*) Y de una mal...

Reivindicación de la cursilería y la ternura.

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La ternura y aun la cursilería nos rescatan muchas veces de la desesperación que produce la realidad, siempre grave y trascendente. Por eso reivindico ambas. Es más, como decía sabiamente Rodrigo Peláez, mi entrañable pariente y amigo: "El que no ha sido cursi en la vida, es porque nunca ha amado" Y para la muestra tres botones que cosí ahora años:  LA ARITMÉTICA ES SIMPLE (1.983) En tu cuaderno de matemáticas uno mas uno éramos los dos, y la división de tus onces no tenía residuo. La aritmética es simple, me dijiste un día. Hoy sólo nos resta el recuerdo. S.O.S (1984) Como era un náufrago alejado de tus trenzas, durante el recreo puse mi S.O.S. de amor dentro de una botella de Coca-cola y la tiré al fondo de tu pupitre. Cuando la encontraste, vi tu cara de sorpresa y la felicidad con que corriste a la tienda del colegio para cobrar el depósito. Nunca leíste el mensaje, sin embargo yo me quedé esperando tu rescate. ASTRONAUTAS (1.985) ...

En algún momento habrá que pagar.

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  Sierra Nevada del Cocuy (Boy.) Foto de H. Darío Gómez A. El confinamiento obligatorio de este tiempo extraño nos ha permitido valorar los oficios cotidianos. Las horas se nos van en ejecutar labores para satisfacer las necesidades físicas más elementales. Pelar cebollas y picar unos ajos para hacer el arroz, por ejemplo, nos puede llevar media mañana, como quiera que son tareas que requieren tanta habilidad y concentración como la redacción de un memorando estratégico en la oficina. Sin embargo , por la desviación del oficio somos capaces de sacar los costos del picadillo en cuestión, en términos del precio de cada hora invertida en esa labor por un profesional bien cotizado. La productividad ante todo. Sea como fuere, lo cierto es que los oficios diarios de la casa nos permiten pensar en la vida, hacer balances y programar el pago de las deudas aplazadas, ya no digamos los servicios públicos y la tarjeta de crédito que el banco, siempre mezquino, n...

Jueves tedioso.

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Ruinas de la Estación del Tre n de Puente Nacional. Foto de H. Darío Gómez A. 7 de mayo de 2020 A los privilegiados que no tenemos que jugar a la ruleta binaria del hambre o la peste nos queda, en todo caso, el riesgo de morir de tedio. Nos vamos gastando contra la ropa, como prefiguraba el poeta Castro Saavedra, pero también nos vamos gastando por el tedio. Y empezamos a morir de una manera inusual, es decir, velando los relojes de la casa y viendo ponerse mustio el almanaque. Entramos con los ojos abiertos al limbo que imaginó Dante para los inocentes que guardan la ilusión pero se saben sin esperanza. Gastamos inútilmente los días que nos quedan en la billetera en mirar la televisión, chatear, leer libros y periódicos, en combatir el insomnio y dormir a deshoras. Nos gastamos de esperar, de jugar con el perro o el gato, de enviar memes y chistes flojos, de ver al maestro en el computador, de pensar, de arrepentirnos, de escuchar la alocución presidencial, del...