jueves, 19 de agosto de 2010

Elogio del peatón



“Cada individuo tiene su ritmo para caminar, para trabajar y para amar….. Por el ritmo podrían clasificarse los hombres…”
Fernando González, “Viaje a pie”.


El peatón es un corazón con patas. Y lo de corazón se dice en sus dos acepciones: fisiológica y lírica; esto es, músculo cardíaco y motor del alma. Lo cierto es que para caminar provechosamente es necesario tener un estado físico aceptable y el alma dispuesta a la reflexión. Si no es así, es decir, si no se camina por gusto sino por necesidad, el individuo deja de ser peatón para convertirse en un pelagatos sin automóvil (pecado venial en nuestra sociedad arribista), o lo que es peor, en un paria sin dinero ni para un pasaje de bus; en fin, un patirajado. Yo personalmente aplico a las tres condiciones mencionadas: peatón, pelagatos y paria patirrajado; pero las dos últimas dejaron de importarme hace más de un rato. De modo que disfruto con la primera condición, que me brinda el placer de caminar. 

El maestro Fernando González, mentor espiritual de los “Nadaistas”, se consideraba filósofo aficionado cuando emprendió su “Viaje a Pié” en compañía de Don Benjamín Correa. Sin embargo el morador de “Otraparte” fue, a mi modo de ver, un extraordinario filósofo (irreverente) de lo cotidiano que escribió piezas magistrales de pensamiento criollo. Por mi parte yo jamás llegaré a ser ni siquiera filósofo aficionado; no faltaba más, eso sería muy pretencioso. Aun así, desde la fundación de la escuela Peripatética de Aristóteles mucho se ha especulado sobre la íntima relación que existe entre pensar y caminar, luego no tiene sentido insistir en el asunto. Sin embargo, el hecho de caminar por la vía pública me ha enseñado a pensar filosóficamente pese a que, a diferencia del maestro González, a mi me toca esquivar los vehículos para salvar la vida mientras me cuestiono el sentido de la existencia; en tanto que él pudo gozar de un ámbito bucólico, más propicio para la reflexión, durante sus caminatas filosóficas. 

El peatón, en cuanto observador es, a su manera, un anacoreta contemplativo, un estilita(*) encaramado sobre el andén. Y he aquí que puedo desarrollar una hipótesis sobre la diferencia entre el viajero (así sea de a pie) y el peatón desde el punto de vista metafísico: el primero es más universal y profundo; comprende lo rural y lo urbano, lo divino y lo humano. No en balde los grandes viajeros como Marco Polo lograron transmitirnos magistralmente su visión de universos desconocidos. En cambio el peatón es más pedestre, más vulgar, más llano. Su campo de acción se limita a la ciudad. Es el poeta de las situaciones que, por comunes, pasan desapercibidas. Es el cronista de los objetos modestos y de las cosas más materiales y diarias. Aprovechando estas virtudes menores, el peatón, con su pata al piso utiliza sus caminatas para descubrir los secretos de la ciudad y se reconoce en ella a través de sus calles, sus edificios, sus avenidas y sus barrios que evocan los recuerdos de la infancia, del amor, del pecado, de la dicha y de la tristeza. 

No alcanza el producto de estas reflexiones ciudadanas para escribir mamotretos filosóficos, pero tampoco se corre el riesgo de que los escritos inspirados en las divagaciones del peatón resulten condenados, bajo pecado mortal por algún obispo, como le pasó al maestro Fernando González con su “Viaje a pie”. Además, el peatón siempre tiene algo que contar a sus seres queridos cuando llega al hogar y, salvo algún inesperado accidente de tránsito o una enfermedad respiratoria causada por el esmog, el ciudadano de a pié aleja de su vida al médico y al siquiatra por algunos años, lo cual conlleva enormes beneficios para el bolsillo y para el alma.

(*)Seguidor de San Simeón el Estilita. Este santo del siglo V pasó los últimos 37 años de su vida encaramado en una columna (stilos en griego) de 17 metros de altura, dedicado a la oración y a la penitencia. Sobra decir que su comparación con mi peatón resulta claramente herética.

Ahora bien, si nos atrevimos a cometer un "elogio del peatón", bien vale la pena sentar de una vez por todas nuestra declaración de principios con el siguiente

DECÁLOGO DEL PEATÓN

1. Este decálogo nunca será de forzoso cumplimiento. Prevalecerá siempre el sentido común del peatón.
2. Nadie estará obligado a seguir nuestra causa improbable, nuestras rutas aleatorias que conducen al reino del azar.
3. La ciudad entera es el ágora del peatón. Sus calles, semejantes a las venas de un desahuciado, son su espacio vital aunque suene paradójico.
4. Creer firmemente en la capacidad del ciudadano de a pie para sacar sus propias conclusiones.
5. El peatón no es tan estúpido como parece. Es capaz de encontrar caminos si sabe mirar, si escucha con atención y respeto la música olvidada de la sabiduría popular.
6. Es posible caminar sin creer que todo está perdido, equivocado o podrido. Hay todavía muchas cosas rescatables, existen aún principios que deben ser defendidos y mantenidos, ciertas flores silvestres que no conviene cortar, tales como la decencia, la empatía y la solidaridad.
7. Advertir a los peatones que vienen atrás sobre los escollos, sobre las trampas a flor de camino para que no se dejen engañar.
8. El peatón deberá caminar ligero de carga. Suficiente peso lleva con su matalotaje de angustias y esperanzas.
9. El buen humor, la sencillez y a veces el silencio, son más conmovedores y eficaces que la grandilocuencia y la circunspección.
10. El peatón no peleará jamás contra los automóviles. Siempre saldrá perdiendo a costa de su cuerpo (frágil carrocería), aunque le asista la razón. En Bogotá no sirve de mucho tener el derecho a la vía, menos aún estando bajo las ruedas de un autobus. Por simple cuestión de supervivencia deberá prevalecer, como en el primer "mandamiento", el sentido común del peatón.

4 comentarios:

  1. chino dari, su descripción de peatón me cae como anillo al dedo, creo que es la mejor manera de anar por la vida, con la pata al suelo, yo lo disfruto todos los dias de mi vida. Ahora tratare de filosofar y no de arreglar mis problemas, aunque creo que filosofando llegaré más pronto al siquiatra, mejor sigo caminando y tratando de arreglar mis problemas

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  2. Y practicando el baloncesto, Pachito, deporte que nos mantiene equilibrados emocionalmente a pesar de los dedos tronchados, esquinces, torceduras, moretones y otras enfermedades inherentes a la sana práctica del deporte.

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  3. 1.-En caso de que el peatón tenga sentido común.
    2.- A menos de que usted esté interesado en encontrar el improbable "Reino del Azar".
    3.-Lo malo es que los automovilistas siempre nos recuerdan que ellos también quieren ser dueños de las calles y ¿porque no?, hasta de las banquetas.
    4.-Eso si, las conclusiones de los de a pie, son indefinibles y bastante caprichosas.
    5.-Y si no se deja llevar por los letreros de " Acaba de pasar San Chiclamino, así que regrese porque a dos kilómetros no hay nada"
    6.-Los vasos con agua fría, las sandalias cómodas para orear los pies, el sillón del porche que se siente a gloria cuando estás cansado y la sonrisa bonachona del dueño de la casa que te dice: "porqué no se queda, a la noche va a haber bailongo".
    7.-Y que puedan evitar a los engañadores que les dicen que tienen un aparato para localizar tesoros escondidos o una fórmula infalible para casarse con la hija del presidente municipal del pueblo siguiente.
    8.-Pues si, no que mi tía Romualda siempre que va de viaje, aunque sea a dos horas de su casa, carga con maletas, refrigerador portatil, abanico eléctrico y hasta con el perico (casi siempre se le olvidan los hijos).
    9.-Ay, a mi nunca me quieren llevar por parlachina, pero no me sabe un viaje sin charla, ¡ni modo o me dejan hablar o no voy!
    10.-Una cosa que me sorprendió de Alemania, es el respeto por lo peatones, la linea amarilla es sagrada y si tú quieres pasar a paso de tortuga por ella, el automovilista tiene que armarse de paciencia hasta que tengas a bien cruzar, y existe el mismo respeto con los ciclistas y los motociclistas. La primera vez que regresé a México, por poco me atropella un bus, pues creí estar todavía en el primer mundo.
    Tuve que soportar el ¡"¿que le pasa vieja babosa,qué, está ciega?!"
    Saludos cariñosos de la tía Ku

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  4. Pues tía Ku, me parecen muy acertadas tus apostillas a mi decálogo del peatón. Sin duda eres una encantadora compañera de viaje.

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