martes, 16 de junio de 2015

Pequeño homenaje a un gran batallador: Willie, el coyote de la caricatura.

Hastiado de nuestra absurda cotidianidad plagada de barbarie y corrupción, hago un paréntesis caricaturesco, terapéutico y banal, si se quiere, para rendirle el homenaje que le debo hace tiempo al enorme Willie. 


Desde que se inventaron las ventas por catálogo, no conozco un consumidor más sufrido que el pobre Willie, el coyote de la famosa caricatura de Warner. Sin embargo, esta víctima propiciatoria del consumismo insensato, mantiene una fidelidad a prueba de balas a los productos de la Corporación ACME. Lealtad digna de mejor causa, pues los artificios de esa inefable marca han demostrado ampliamente su ineficacia (sobran pruebas), y lo peor, se han constituido en una fuente inagotable de peligro para la integridad del usuario de marras. Tan extraño caso amerita un estudio enjundioso por parte de algún gurú del arte de fidelizar clientes. Pero esa es otra historia.

Ahora bien, si pudiéramos volver a clasificar a este cánido cándido en la zoología caricaturesca, no lo llamaríamos “Carnivorus vulgaris” como aparece en los créditos del cartoon, ya que, si bien vulgar, el pobre animal homenajeado no ha probado carne alguna en toda su vida, que yo sepa, sino que tocaría llamarlo “Consumidorum insensatus vulgaris”, merced a su inexplicable fidelidad a los productos ACME.


Por otra parte, lo que si causa enorme simpatía entre sus admiradores (que somos muchos), es su persistencia en el empeño de cazar al escurridizo Correcaminos, su estoicismo tragicómico frente a la adversidad. Parece que Willie creyera como Zenón de Citia, que todo cuanto le sucede está signado por un destino inexorable superior a él, imposible de controlar, y que ante el absurdo es preciso mantener una actitud de imperturbabilidad del alma (cualquier parecido con la realidad es pura caricatura).

Lo cierto es que Willie, con su insensibilidad al dolor  y su esperanza firme de conseguir algo de placer mediante el esfuerzo vano (pero esfuerzo al fin), nos enseña la lección de la perseverancia, esto es, que no hay que cejar en el empeño de alcanzar el objeto de nuestro deseo por duras que sean las caídas. Toca, eso sí, ser más inteligente  que nuestro héroe en la elección de los medios para alcanzarlo. En todo caso, nunca caer en las trampas de los perniciosos productos de la Corporación ACME que, en la vida real, asimilo a los créditos venenosos de los bancos.

2 comentarios:

  1. Magnifica presentacion Dario de una sociedad de consumo !!!!
    En el "pobre" coyote que si bien no encuentra satisfacer el fin que se porpone, digamos que es un fin mezquino al querer cazar a tan simpatico animalito je je,nos deja esa sensacion que muchos consumidores tienen al verse engañado con grandes promesas
    Gratisimo leerte
    Cariños

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    1. Yo, en cambio, le tengo ojeriza al Correcaminos ese, querida Martha. Y tomo partido por el sufrido Coyote. Un abrazote, amiga.

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