viernes, 27 de junio de 2014

Alabanza de la bicicleta

"hay que hacer un esfuerzo y doblarse en dos sobre las bielas (...)" Horacio Quiroga

Digo alabanza por decir algo, porque el antropólogo francés Marc Augé ya escribió un estupendo elogio de la bicicleta, y mucho antes Horacio Quiroga había concebido un texto genial celebrando las virtudes del mejor invento(*) de la historia de la humanidad después de la rueda: la bici, o cicla, como le decimos con cariño en Colombia.

Mas, es lo cierto que redescubrí la dicha de andar en cicla, y en consecuencia dejé de ser un bípedo implume para convertirme en un biciclo implume: un hombre  de dos ruedas. El desconfiado lector pensará que son meros arrebatos de este peatón por cuenta de los recientes triunfos de sus compatriotas en Europa, pero no. Mi dicha es legítima. Acaso tenga que ver con el hecho de experimentar de primera mano (¿o primer pie?) la eficiencia de un vehículo que convierte el esfuerzo relativamente pequeño de la propulsión humana en velocidad inconcebible para un caminante, y los pedalazos en kilómetros de distancia recorrida en unos cuantos minutos sin cansancio considerable. Ni qué decir tengo que un corredor profesional alcanza una velocidad de setenta kilómetros por hora en un velódromo, o que viajeros intrépidos le han dado la vuelta al mundo en cicla en cuestión de meses. Los beneficios ecológicos del uso de la bicicleta son indiscutibles, su bajo costo la hace asequible a todos, mejora el estado físico del individuo, en fin, la utopía “bicicla” nos permite la reconciliación con el aire puro del campo y aún con el menos puro de la ciudad,  en otras palabras (y en esto coincido con Augé), nos pone en armonía con el tiempo y el espacio. Ochocientos millones de ciclas en el mundo lo atestiguan.

Por tales razones soy desde ahora y hasta que mis músculos voluntarios e involuntarios lo permitan, un biciclo implume. Vale.


(*) la bicicleta fue inventada por el alemán Karl Drais hacia 1817 y mejorada (con el sistema de pedales) por el francés Pierre Michaux hacia 1860.

2 comentarios:

  1. Recuerdo con agrado, de la ciudad en que nací, Ferrol, la masiva afluencia de cientos de trabajadores de los astilleros trasladándose cada día a su trabajo en "bici" y que recorrian diarimente varios kilometros pues muchos procedian de ayuntamientos limítrofes. Pronto los coches lo invadieron todo y desplazaron a las bicicletas. Ahora es dificil restablecer su uso pues nos se han reservado espacios para que circulen por la urbe.Me encanta visitar ciudades donde se han desplazado los coches para implantar carriles-bici e incremento del transporte público, en aras del peatón.
    Un afectuoso saludo.

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    1. Como dice doña Inés: todo será, pero Bogotá sí tiene ciclorutas. Un fuerte abrazo, querida Chela.

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