lunes, 28 de enero de 2013

Cien años del barrio San francisco Javier de Bogotá, AMDG


(Foto de H. Darío Gómez A.)


Un espectro se cernía sobre Bogotá durante la primera década del siglo pasado: el espectro de la clase obrera. Para conjurar ese fantasma y “A mayor gloria de Dios”, cómo no, la Compañía de Jesús importó de España a mediados de 1910 al padre José María Campoamor, S.J., quien debía establecer una obra social que lograra "la redención moral, económica e intelectual de la clase obrera", es decir, adoctrinar a los trabajadores y a sus "Marías" para que no surgiera de su seno, pongamos por caso, una Flora Tristán, una Rosa Luxemburgo o peor aún, una vernácula María Cano que pusiera en peligro la propiedad privada.  En otras palabras, se buscaba aplicar la doctrina social de la iglesia contenida en la encíclica “Rerum Novarum” del papa León XIII, con el fin de erradicar cualquier brote comunista del incipiente movimiento obrero capitalino, cuyas condiciones de vida bastante precarias constituían un caldo de cultivo (como dicen los bacteriólogos) propicio para que pelecharan “los enemigos de la civilización cristiana, a saber: el liberalismo, el socialismo y el comunismo”. Con este propósito  el padre Campoamor fundó “El Círculo de Obreros de Bogotá” con su correspondiente Caja de Ahorros y, por supuesto, en 1913, el barrio obrero de San Francisco Javier en la localidad de San Cristóbal en el sur oriente de la capital. (Zambrano Pantoja, Fabio, “Círculo de Obreros”, Revista Credencial Historia, No.118, 1999).

(Primeras casas del barrio San Francisco Javier hacia 1920. Foto extractada de la revista Credencial Historia No.118)





 (Barrio San Fco. Javier, Localidad de San Cristobal sur, Bogotá. Foto de H. Darío Gómez A. 2013)

(Padre José María Campoamor en los años 40s del siglo pasado. Foto extractada de la revista Credencial Historia No.118)

"la obra del padre Campoamor adquirió renombre en Bogotá gracias a la construcción del barrio Villa Javier. Este esfuerzo por construir una "Ciudad de Dios" en el sur de la capital, se inició en 1913 y se concluyó en 1934, cuando se logró tener 110 viviendas, la mayoría construidas entre 1913 y 1927, en un lote de 14 fanegadas. Luego de la muerte del sacerdote, acaecida en 1946, el barrio comenzó a cambiar."
Zambrano Pantoja, Fabio, “Círculo de Obreros”, Revista Credencial Historia, No.118, 1999


La obra encomiable del jesuita venido de Galicia pelechó merced al trabajo de una clase obrera organizada y gracias, según dicen, "al aporte de algunas damas piadosas de la sociedad bogotana", hasta el punto de convertirse en lo que hoy conocemos como la "Fundación Social", ya no digamos una obra social, sino un conglomerado financiero que excede con mucho los objetivos caritativos del santo varón nacido en la Coruña y que hoy tiene bajo su tutela un banco comercial, una aseguradora, una capitalizadora, una fiduciaria (por aquello de la fe), en fin, una constructora y, claro está, para cuando falle la fe, una eficiente compañía de cobranzas. No quiero, sin embargo, satanizar el legítimo ánimo de lucro de la institución cuyo balance social en todo caso no es tan abultado como su balance comercial, y me remito más bien a la declaración de principios de la Fundación Social, que, muy al estilo jesuítico, nos pone de presente el siguiente texto algo críptico para mí: 

"Lo social es inherente al quehacer empresarial y no debe buscarse fuera de él a manera de externalidad, o de algo adicional a la gestión en sí misma."

“La Fundación Social no desarrolla actividades de tipo empresarial por accidente o como estrategia de financiación, tampoco posee un portafolio de acciones con cuyos rendimientos financie una "obra social". Es empresarial, y lo ha sido desde su origen, porque considera que lo empresarial es una característica fundamental de su quehacer social”


Yo, francamente, no sé si el padre Campoamor opinaría lo mismo si viviera. Pero dejemos de lado el tema financiero y terrenal de la manida y no pocas veces hipócrita "responsabilidad social empresarial" (RSE, por sus siglas) para concentrarnos mejor en Francisco Javier, el santo patrono "de la amistad y la solidaridad" que le dio su nombre al agraciado y digno barrio obrero del sur oriente de Bogotá, y más bien resaltar el hecho quizá intrascendente para algunos pero importante para nosotros, de que el barrio de San Francisco Javier (o lo que queda de él), fundado por el Círculo de Obreros de Bogotá, estará cumpliendo el próximo 7 de septiembre de 2013 la friolera de cien años, “Ad maiorem Dei gloriam” como hubiera dicho el padre Campoamor.



Según documentos de la época: "Sus calles son de 12 metros. Cada manzana tiene 24 casas para un total de 96. Las cuadras tienen 6 casas distribuidas en 4 pabellones. Las casas de las esquinas son solo de una habitación". (El Tiempo 11 de noviembre de 2011)
  
Fotos de H. Darío Gómez A, enero de 2013




El barrio está situado entre las actuales calles 8a. y 10a. Sur, y entre las carreras 2a. y 6a., en la localidad de San Cristóbal de Bogotá.










(Perspectivas del Barrio San Fco. Javier, hoy Villa Javier, en la Localidad de San Cristobal Sur, Bogotá. Fotos de H. Darío Gómez A. Enero de 2013)

12 comentarios:

  1. Muy interesante y divertida la crónica de Villa Javier, peatón. Toca que escribia la de los otros barrios obreros de Bogotá, como el Acevedo Tejada, el Primero de Mayo y el Modelo Norte.

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  2. Danilo, conozco los barrios que menciona, muy bonitos, por cierto (el Acevedo Tejada ya muy desdibujado), pero no concozco su historia. De golpe me animo a caminarlos y a investigar al respecto. No prometo nada. Gracias por su visita.

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  3. Darío: Me desconcerté un poco, porque tenía la idea de que ya había comentado este relato tuyo.
    De hecho te decía que, coincidentemente, este pueblo se asemeja a Taxco, un pueblito del Estado de Guerrero donde, hace algunos ayeres, pasé mi luna de miel.
    No es extraño que tengamos lugares un tanto parecidos, puesto que tenemo la misma influencia cultural.
    Recibe mi cariño de siempre. tu mexicana tía: Doña Ku

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  4. Maese Celso Román me escribe a mi correo lo siguiente con ocasión de mi escrito sobre los 100 años de Villa Javier:

    "Maravillosa crónica, que nos pone a pensar sobre los frutos de Dios aquí en la tierra".

    Yo le respondo: Celso, sé que tu comentario no es para nada inocente. Puede interpretarse desde la arista piadosa del padre Campoamor (QEPD), o desde la perspectiva utilitaria de los banqueros de la "Fundación Social".

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  5. ¡Ah que despistada soy!, el comentario de marras, lo hice en tu anterior publicación.
    Bueno, de todos modos diré que a todos nos ha de pasar más o menos lo mismo cuando vemos un antiguo paisaje: sufrimos de nostalgia.Te diré como dice un compositor de por acá: "Duele, pero nos gusta".

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    1. Es un honor para mi ciudad que el entrañable barrio de San Francisco Javier te haya evocado la hermosa ciudad de Taxco.

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  6. el barrio se ve muy prolijo y pintoresco y seguro los materiales no sufrían los costos de ahora, pues las casas obreras en todos lados se ven muy mezquinas en sus formas y calidad, muy bonita crónica querido Peaton, saludos amigo

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  7. excelentes fotos y artículo.lastima que este barrio se torno inseguro para vivir.yo tuve mi infancia adolescencia allí

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  8. ahh y trabaje con la fundación social en dos de sus empresas banco y aseguradora y de verdad que viviera campoamor quien sabe que pensaría de la axiología actual de ese grupo financiero.en el año de 1973 fue el cambio de razón de la caja social segun nos contaban a los empleados mi primer empleo prácticamente en los 80 fue con ellos hasta los 90s . y lo reitero el sector se deterioro bastante muy inseguro por la proximidad con zonas de diversa problematica social en Bogotá

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    1. Gracias por su visita a este blog ciudadano y sobre todo por sus comentarios que lo enriquecen. Cordial saludo.

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